Santiago Sequeiros, Connor Willumsen, Edmon Baudoin o Raymond Briggs nos garantizan un verano gráfico e inesperado.

 

Texto: Manu GONZÁLEZ  Ilustración: Santiago SEQUEIROS

 

Veinticinco años son los que han transcurrido desde que el autor Santiago Sequeiros (Buenos Aires, 1971) publicó un tebeo como autor total: To Apeirón (La Cúpula, 1996). No ha parado de dibujar en estas dos décadas, publicando la tira Hazañas Eróticas del cuarentón hijoputa para Primera Línea con guion de Hernán Migoya, o ilustraciones en los principales diarios españoles, como El Periódico de Catalunya, El Mundo o El País, pero sí que ha tenido una crisis como autor y problemas agudos con el alcohol. De hecho, Romeo Muerto es una obra que llevaba parcialmente dibujada y creada desde la década de los noventa, cuando nació como continuación de Ambigú (1994) y Nostromo Quebranto (1995).

Sequeiros vuelve a la ciudad de La Mala Pena durante el funeral de su alcaldesa, La Mamá Grande, cruzando personajes ya conocidos con sus textos de apoyo repletos de poesía maldita, bastarda y sucia como un Bukowski o un Burroughs ensangrentados en nuestra maldita piel de toro. Aparecen todos sus monstruos: Ambigú, el detective masoquista con coño, el sepulturero Nostromo Quebranto, el policía Sansón Jonás y el nuevo Romeo, cuidador de un motel donde cada noche ocurren los peores de los pecados. Aunque el guion se haya quedado en la década de los noventa, el dibujo de Sequeiros vuela con una gran edición de lujo, obra de Reservoir Books, para admirar todos los detalles de esa España negrísima que desfila entre duelos de imaginería católica y sadomasoquismo cubista. Según el propio autor, Romeo Muerto es la primera parte de una tetralogía. La obra maldita del cómic español ya está aquí.

Alpha Decay continúa con su buena adquisición de catálogo comiquero con la edición de Bradley de él del canadiense Connor Willumsen (Calgary, 89), una novela gráfica tan extraña como excitante. Willumsen abandonó una prometedora carrera en Marvel y DC porque odiaba encuadrar sus dibujos en viñetas, y desde entonces no ha parado de desafiar al lector con movimientos imposibles de personajes en la misma página. Con un estilo detallista muy definido a medio camino entre Jean Giraud y Geof Darrow, Bradley de él es una parodia sobre la fama y la autorrealización personal como una lucha constante protagonizado por un Bradley Cooper que se está preparando para el papel de Lance Armstrong. O eso quiere que te creas Willumsen, jugando al gato y al ratón con el lector en una Las Vegas que parece sacada de las pesadillas de Hunter S. Thompson.

 

Esa grandilocuencia artística también la podemos encontrar en la surrealista adaptación de la novela Lulú del rumano Mircea Cartarescu por parte del artista francés Edmon Baudoin. Partiendo de la base de que adaptar los sueños de un joven novelista perseguido por los fantasmas de su hermana pequeña es tarea casi imposible, Baudoin es capaz de seducirnos con pesadillas escalofirantes en el Bucarest de los setenta. La novela gráfica tiene su título original rumano, Travesti, y está editada por Impedimenta.

 

 

En color viene la segunda obra editada en España del británico Raymond Briggs, quien se hizo famoso en los ochenta con la novela gráfica apocalíptica Cuando el viento sopla (1982), cómic que dejó lagrimales secos con su adaptación al cine. El mismo intimismo podemos disfrutarlo en Ethel y Ernest, la emotiva biografía de sus padres desde que se conocieron hasta su muerte, vivo retrato de la generación británica que creció tras la Gran Guerra. Una pequeña y encantadora obra maestra.