Este autor con destellos del maestro Philip K. Dick visitó nuestro país y dejó un reguero de simpatía, libros, firmas e ideas asombrosas que desbordan en su cabeza como una masa madre que crece dentro de su cráneo.

 

Texto: Òscar BUENAFUENTE y Antonio TORRUBIA  Foto: Alberto GARCÍA

 

Daryl Gregory nació en Chicago en 1965 y se graduó en Lengua Inglesa y Teatro por la Universidad Estatal de Illinois en 1987. Vivió un tiempo en Oakland, aunque ahora ha vuelto a la Costa Este, y tiene dos hijos geeks, que se murieron de envidia con las fotos que les mandaba su progenitor desde el Triángulo Friki de Barcelona, cerca del Arco del Triunfo, donde se encuentran la librería Gigamesh, Norma Cómics y unas cuantas guaridas más de las más variadas vertientes de la ciencia ficción y la fantasía.

Gregory también tiene un superpoder: escribir historias fantásticas (en todos los sentidos), y ganarse la vida con ello. Ha escrito relatos para las mejores revistas de género, guiones de cómic y ha publicado ocho novelas en el mercado anglosajón, la penúltima de ellas en mayo de este mismo año: The Album of Dr. Moreau. El pasado mes de julio estuvo visitando Barcelona durante unos días antes de viajar al Festival Celsius de Avilés a presentar dos novelas recién publicadas por Ediciones Gigamesh: Afterparty y Vida y milagros de Stony Mayhall.

En el futuro cercano de Afterparty (2014), en el que podemos ver reflejos de las dickianas Una mirada a la oscuridad o Ubik, cualquiera puede fabricar drogas con una quimjet, y en Toronto han empezado a administrar una sustancia que permite ver a Dios. Lyda Rose, que convive con su ángel particular desde que tomó una sobredosis del fármaco, abandona el psiquiátrico con un objetivo: sacar la droga de las calles. Dos compañeros la acompañan en la cruzada. ¿Qué podría salir mal cuando, siendo hindú, puedes seguir los consejos del gran Ganesha? ¿Cómo rebatirle a tu ángel de la guarda psicoanalista todas las acciones que intentas acometer?

En la otra novela recién publicada, Vida y milagros de Stony Mayhall (2011), Wanda Mayhall y sus tres hijas encuentran un bebé en la cuneta en medio de un temporal de nieve. Una vez en casa descubren que ese niño no es como los demás. Y deciden llamarlo Stony. Ellas viven en un mundo muy similar al nuestro… en el que los zombis se han alzado y han sido aniquilados. No os asustéis, esta no es la clásica novela de muertos vivientes contada por humanos aburridos. Aquí los podridos recuperan el raciocinio tras unas horas de locura pero claro, al ver sus seres queridos que vuelven a ser ellos mismos, sus familiares deciden ocultarlos para que el ejército no los decapite y queme.

Con el lema “¿Necesitas terapia? Toma dos tazas”, Gregory nos muestra en Estamos todos de puta madre lo que parecen sesiones de terapia de grupo normales: una terapeuta y cinco pacientes sentados en círculo, compartiendo experiencias y miedos. Pero ¿y si los monstruos que los acosan no fueran imaginarios? Esta novela corta, publicada en 2020 también en Ediciones Gigamesh, le valió a Daryl el Premio Mundial de Fantasía y un Shirley Jackson en 2014.

Pero es posible que este autor ya les sonara de antes porque en 2018 Blackie Books publicó La extraordinaria familia Telemacus. En ella Teddy Telemacus es un hombre encantador y un encantador de mujeres. Sus poderes se limitan a tener manos rápidas para trucos y cartas, pero le sirven para manejarse en los bajos fondos mafiosos y para conocer a Maureen McKinnon durante un curso experimental de telequinesis organizado por la CIA en plena Guerra Fría. Ella es una asombrosa mujer con superpoderes que se enamora de él a pesar de que adivina cada uno de sus pensamientos. De esta unión nacen tres niños prodigio: Irene detecta las mentiras, Frankie mueve objetos con la mente y Buddy, el más joven, puede predecir el futuro. Son la extraordinaria familia Telemacus y con ese nombre triunfan en espectáculos por todo el país y también en los programas televisivos de los años setenta. Dos décadas después y con la familia en horas bajas, la CIA vuelve a llamar a su puerta. ¿Es esa una buena o una mala noticia?

A pesar de que Gregory salte de un subgénero a otro, en cada una de sus obras se intuye una curiosidad que funciona como Leitmotiv: el saber qué pasa después de los grandes cataclismos ¿Qué hacen los supervivientes cuando las cámaras dejan de enfocarles?

La visita a Barcelona de Gregory, preludio de una aparición estelar en el Festival Celsius, en el que se cansó de firmar libros, propició una reunión inédita en una mesa de bar con una parte importante de la gente que ha trabajado en las ediciones españolas de su obra: Carlos Abreu, el traductor de Afterparty; Ana Quijada, la correctora de Vida y milagros de Stony Mayhall; y Luis Bustos, el ilustrador y portadista de Estamos todos de puta madre.

Sin público y con unas cuantas cervezas, la conversación y las dedicatorias fluyeron en ambas direcciones. Se habló de procesos de creación, un tema por el que Gregory se mostró especialmente interesado, y de los problemas con las adaptaciones a otros medios (entre otras cosas, de cómo Gregory se ganó el apodo de “Asesino de Wes Craven”, ya que el realizador de Pesadilla en Elm Street estaba escribiendo el guión de la adaptación de Estamos todos de puta madre cuando falleció).

También habló de su nueva novela, Revelator, que fue lanzada el pasado mes de agosto en los Estados Unidos y cuya premisa le ha permitido reencontrarse con su herencia “hillbilly”, ya que cuenta una historia de horror rural en las comunidades aisladas de los montes Apalaches, en los años 30 del siglo pasado. En todos los momentos que pasó en Barcelona, Daryl puso en evidencia que el humor socarrón, subterráneo y casi inesperado de sus obras es una de las características que definen su personalidad, aunque la principal perla de su visita a nuestro país la reservó para el Celsius, como recoge Ernest Alós en su entrevista en El Periódico de Catalunya: “Tengo tantas ideas tan distintas en mi mente que acaban practicando sexo entre ellas y teniendo niños mutantes. Y su objetivo es que los queráis.”

Cualquiera que se acerque a la obra de Daryl Gregory no podrá evitar enamorarse de los niños mutantes surgidos de la fértil mente del escritor de Illinois.