La poesía reveladora de la poeta soriana María Ángeles Maeso.

 

Texto: Enrique VILLAGRASA

 

¿Quién es se? (Huerga y Fierro) de la poeta soriana María Ángeles Maeso (Valdanzo, 1955) es uno de los mejores libros que he leído este verano, donde la poeta nos canta y cuenta de la dignidad del ser humano, que va tras su búsqueda y persigue recuperarlo: tanto al ser humano cuanto a las personas en y con su dignidad. Pura pasión poética, reveladora: “Se es cualquiera en la fosa común/ mirando de frente al ángel”.

No cabe en esta poeta y en su poesía impostura ninguna y sí cabe esta más que dichosa partícula gramatical que puede adoptar los más dispares valores: reflexivo, pasiva refleja, impersonal. Su lectura me ha traído ecos de su otro poemario ¿Quién crees que eres yo? (Huerga y Fierro, 2012), donde la soledad marcaba pautas. Hoy y aquí “(…) Se es solo/ quien amansa con los pies un barro/ del que nada nace”.

Me gusta este poemario de saber quién es se porque en él veo compromiso por y para que el poeta camine, conozca y acompañe a ese devenir telúrico del silencio: en el inicio todo fue silencio y el silencio se encarnó y se hizo poesía: la brújula de nuestra sociedad. Temor y temblor, azar y necesidad, calidad y belleza: gozo en la poesía de Maeso es lo que leo: “Y una mañana, yo sin nómina,/ partida de nacimiento en mano,/ dice se como en se alquila un trastero,/ se remienda calcetines, se lava,/ o se ruega silencio”.

Ella nos dice que es bueno desvelar la realidad, pues vivir poéticamente es revelar, hacer que se oigan las voces y no los ecos manipulados de lo real en el lenguaje, dando cabida hasta lo inexpresable. Creo que Maeso encarna la poesía como pocos poetas y se convierte en la mujer que sabe y conoce la realidad y aprende y aprehende a festejar esa perfección, su estallido, su fulgor. Una poeta digna del acontecer diario que canta y cuenta. Maeso ama la verdad, con atención y espera, aceptando el vacío: es se. Es el otro: “pero ¿quién es se, cuando no hay palomas/ en el arca y tiembla la pared?”

María Ángeles Maeso escribe para hacer del silencio, de la soledad aceptada, un extenso camino hacia el otro. No quiere que el mundo sea barrera, quiere desvelarlo, para que las personas gocen de la vida, de su existencia, con calidad y belleza: “De cómo resistir sin ser arena/ da cuenta el horizonte minado/ más grande del mundo, míralo bien:/ Donde los trigos no encañan ni en flor/ están los campos, ella, la avecilla/ que nos vela, aún nos canta y sueña”.

Este es un excelente poemario donde se ensalza lo esencial y sencillo de la tragicomedia de la vida que vivimos frente a lo banal, lo falso, las zarandajas y las supercherías y las apariencias y tendencias fomentadas por el mercado; pero que, sin embargo,  esta su poesía nos reconcilia con la vida tras despertarnos con sus lacerantes versos de estos 36 poemas. Nos reconcilia con esa realidad burlona, cruel e injusta la más de las veces, con una realidad y lenguaje que destruye las ilusiones y sueños de muchos. Aunque el mundo se puede vivir a pesar de los pesares de los humanos, no de la naturaleza: “(…) algo como un gusano/ de luz, en la alcuza del sueño, aún/ puede dejarse ver y hacerse oír”. La naturaleza no está perdida, la vida sigue en: “tensión de algarabía”. Creo que los poemas de María Ángeles Maeso no se pueden leer sin temblar, pues captan la esencia en el mismo núcleo de la existencia, cuánta enjundia. Y lo que hace irremplazable esta poesía de Maeso es que nos muestra y ofrece el mundo en su dimensión más humana, desde lo más cotidiano, y tal es así que ama al mundo lo suficiente como para creer en él y querer cambiarlo:

 

Se es quien baja por donde nadie

pregunta quién vive o quién da la vez.

 

Se va y viene por donde Dante

nos deja sin estrellas, en manos

del mísero alarido, entre grises

gentes que ni mal ni bien hicieron.

 

Y aun así, entre palabras de mármol

y cepas que lloran como velas,

cada noche con luciérnagas, se

es quien nos da claves de salida.