El libro «Congregaciones» del poeta cubano Félix Anesio es el primer título de la nueva Colección Panhispánica de Poesía de Casa Bukowski Editorial.

 

Texto: Enrique VILLAGRASA  Foto: Ulises REGUEIRO

 

Ivo Maldonado (Talcahuano, Chile, 1978), poeta, editor y director de Casa Bukowski Internacional, además de organizador y alma mater del Festival Panhispánico de Poesía, ha creado la nueva Colección Panhispánica de Poesía e inicia la misma con la publicación del libro Congregaciones (Casa Bukowski Editorial) del reconocido poeta cubano afincado en Miami, desde hace más de 30 años, Félix Anesio (Guantánamo, 1950). Poeta que ha escrito versos de la talla de “El hombre es feliz en la leve eternidad del instante”. Algún día se tendrá que realizar un estudio de ese paisaje que es el instante poético. Pero antes hay que señalar que es toda una valentía, en estos tiempos que corren, que una persona tan polifacética como Ivo Morales apueste por crear una colección de poesía panhispánica: de allende hasta aquende y viceversa: “Y sabes que ya es mucho haber sido partícipe/ de esa magia inmerecida que hoy declaras”.

Este poemario, Congregaciones, de fácil lectura, y sencillez franciscana, habla de lo que el poeta conoce, de los temas que le ofrece su vida. E intenta, y lo logra, cantar y contar lo que ve, lo que experimenta, ama y pierde: “Mi padre me ha visto con sus ojos de tiempo”. El libro está dividido en tres significativas partes con singulares títulos: Efimerías; Remembranzas; Otredades y Yo mismo. Con un gozne común: el tiempo, el espacio, el azar y la necesidad, el temor y el temblor; pues “Todo acontece en la esfera de un reloj sin números” e hilvanado todo con unas citas impecables de sus lecturas preferidas: Eliot, M. Alabau, Alejandro Fonseca, el evangelista Mateo, Lezama Lima, R. Frost, Antonin Artaud, Job, Rimbaud, Borges, Antonio Machado, Antonio Gala, Pavese, Pessoa, Bruno Schulz, J.C. Valls, Pedro Assef, Bradbury, Saramago, Keats, Ernest Hemingway, Virgilio Piñeira, Gelman y el evangelista Juan, entre otros, como el músico y compositor Vivaldi. Al libro lo acompañan, además, como epílogo, textos del poeta colombiano Hellman Pardo, premio nacional del Festival de Poesía de Medellín, 2014 y del poeta y novelista guatemalteco, Javier Payeras.

Así pues, este florilegium poético, recopilación de poemas aparecidos en otros libros de Anesio, no es una antología al uso y sí un nuevo libro con nueva lectura y factura de parte de su obra: un poemario coherente, del quehacer demiurgo de un poeta honesto, sin trampa ni cartón, que mira al mundo y a la vida a los ojos, a la que le echa un pulso a través del lenguaje: “La palabra no cuenta, sí el gesto”. A la vez que es dar cuenta de esa vida y de sus reconocimientos a los amigos y guías y sobre todo es un poema: El callejón de los vencidos, que por sí solo da razón de la publicación de este libro que trae ecos de aquel callejón de Valle-Inclán, guardando las distancias justas y necesarias, claro.

Esta situación límite ideada que nos plantea el poeta Félix Anesio es el escenario propio de la existencia, esa tragicomedia del ser humano: ese terror y ese deseo de dominación que suprime las normas éticas y estéticas aprendidas y hace (re)nacer los instintos atávicos latentes bajo las costumbres civilizadas. No deja de ser una fábula moral diríase, acerca de la condición humana, una prodigiosa poesía y poema que ofrece un material simbólico susceptible de lecturas diversas y enfrentadas, tal vez: “El hedor de la piel y de los huesos/ las muecas, las grotescas máscaras de Dios/ talladas por el tiempo;/ vi a Dora Maar en una esquina/ a Vincent desorejado en la otra/ a Cervantes con su mano sola/ a Rosa Parks/ al reverendo King/ y cuanto negro menesteroso abunda en el paraje.// En verdad, no recuerdo haber visto a un solo judío”. Magnífico poema dividido en cuatro partes que ocupa nueve páginas. El mejor del libro, sin duda alguna.

Tras leer estos poemas de Félix Anesio, que pergeñan estas y no otras Congregaciones, uno se da cuenta, una vez más que el fin que persigue oscuramente el verso sea, justamente, dislocar las imágenes, pues de alguna manera es la primera sensación que te deja, pues: “De todos los desiertos que habito/ ninguno tan cruel/ como el de la palma de mi mano”. Pero, no solo logra el poeta dislocar las imágenes y metáforas, también le busca las cosquillas a la propia poesía: “El rumor ancestral de la muerte me corteja”; y al igual que Hölderlin también él pide que los poetas despierten de su letargo a todos los que duermen todavía; ya que: “Hoy vivo en un país sin moscas.”

Es un poemario que hay que leer y releer, casi memorizar esos exquisitos aforismos: “Por simple definición/ Soy lo que he leído”. Aunque a pesar de esto o por esto, por el poemario desfilan también los grandes temas de la literatura ya citados, como son el amor y la muerte, la soledad, el viaje y de forma apenas sugerida, la búsqueda de un fundamento ideal de la realidad: “Un hombre estoico como tantos de su pueblo./ Una padre de familia que sobre una silla se derrumba./ Los hijos parten inquietos en busca de horizontes./ En ese instante, parece que su vida pierde sentido./ Y siente el sabor de la primera lágrima/ que quizás sea la última”.

Cuando Félix Anesio escribe estos versos: “Véngase cuando quiera la parca”, al lector le acuden estos deseos de su admirado Antonin Artaud: “Quisiera hacer un Libro que trastornase a los hombres, que fuera como una puerta abierta que les llevase a donde nunca hubieran consentido ir; una puerta simplemente encajada en la realidad.” Y para nada está lejos de este propósito el poeta, pues en estas Congregaciones con unos versos dotados de una asombrosa capacidad de expresión y una riqueza espontánea de imágenes y de alusiones nos muestra ese perseguir el verso, ese traspasar la puerta… “No me gusta/ la nieve/ ni en mis sueños/ la sueño./ La nieve es para mí/ sencillamente/ un imposible”.

Creo que Félix Anesio es un poeta excepcional, es pura pasión e instinto y dota a sus versos de ironía sujeta a ritmo y sonido: “Sueña con los ojos lúcidos y tiernos de una mujer/ que lo arrulla bajo la fronda de un árbol gigantesco/ mientras gira, vertiginosamente, una manada de elefantes”. Y, uno se siente feliz de leer estos versos y escribir sobre ellos; de ser contemporáneo del poeta, en definitiva, pues creo que Congregaciones es uno de los poemarios más bellos y de más calidad que he leído en estos momentos tan grises de la poesía y la poesía es y debe ser siendo para ser: memoria, mirada y lenguaje: “Imágenes de Oro y Fuego/ en mi memoria// Y el vibrante recuerdo del aroma del viento./ De un camino sinuoso en la montaña. /Del sabor a vida de la leche más pura./ De este afán de ser indio para siempre./ De contemplarlo todo / como un niño”.