Ricardo Hernández Bravo (El Paso, isla de La Palma, 1966). Licenciado en Filología Hispánica y profesor de Enseñanza Secundaria. Autor de los libros de poesía El ojo entornado (1996), En el idioma de los delfines (Premio “Julio Tovar”, 1996) (1997), la antología El aire del origen [Poemas 1990-2002] (2003), Los posos de la sed (2014), La piedra habitada (2017), Pausa para anuncios (2019), Papi, no se puede pagar sin aliento (2021) y dos poemarios en colaboración con pintores: La tierra desigual (2005), con Hugo Pitti, y Alas de metal (2008), con Graciela Janet. Como narrador ha publicado Siete cuentos (1997), volumen que recoge sus relatos premiados en diferentes certámenes (“Félix Francisco Casanova”, “Facultad de Filología de la Universidad de La Laguna” y “Tomás de Iriarte”).

Figura en las antologías poéticas De Canarias a Marsella, edición bilingüe español-francés de las revistas Cuadernos del Ateneo de La Laguna y Autre Sud (2002); Poetas canarios en Buenos Aires (2009), Poesía canaria actual (A partir de 1980) (2010), Poetas de una sola isla. El grupo de La Palma (1990-2011) (2012), Poesía canaria actual (1960-1992) (La manzana poética, Córdoba, 2016), Sin mar por medio: poetas de Canarias y Cuba (Ediciones Plutonio, 2020) y Mi casa el mar (Ediciones Altazor, Chile, 2020).

Selecciones de sus poemas y cuentos han aparecido en revistas literarias como Azul, La fábrica, Perenquén, Cuadernos del Ateneo de La Laguna, Casatomada, Paralelo Sur, Ágora, Círculo de poesía, Librújula, Turia o Malabia.  Asimismo ha participado en diversos proyectos educativos con escolares que aúnan imagen y poesía: Haikus del almendro en flor y Del diez (Cartonera Island, 2014, 2016) y La mirada honesta (2019), en compañía del fotógrafo Emilio Barrionuevo.

 

A la tardecita suelen sentarse los viejos
en la frescura de un grueso eucalipto
orilla del camino.
Cada uno en su piedra, en silencio
como si todo se supiera
y al fin no hicieran falta las palabras,
la espalda recostada contra el muro,
miran al cielo y al camino, ven alejarse
las nubes y las gentes, ya sin magua
pues sus ojos esperan otra lluvia.

Como ellos, desecharé algún día las palabras,
rebuscaré en el cielo
lunas de agua, lisuras a mi sed,
y poco podré aún
sino poner la mano,
cuando de viejo me siente a la sombra
y conozca las nubes.

 

LA PIEDRA HABITADA

Ricardo Hernández Bravo

Ediciones La Palma

78 págs. 12€