El periodista Pascual Serrano publica «Prohibido dudar. Las 10 semanas en que Ucrania cambió el mundo» (Akal)

Texto: David VALIENTE  Foto: Pool Moncloa

 

“No quiero que se malinterprete mi libro, no pretendo defender ni a Putin ni a Rusia, casi no los menciono; en  este libro analizo el lío en el que nos hemos metido por la respuesta occidental a la acción emprendida por Rusia contra Ucrania, que evidentemente rompe la legislación internacional”. Pascual Serrano, ante la situación delicada que ahora vivimos, prefiere aclarar sus intenciones, no vaya a ser que sus palabras y su texto sean malinterpretados y le acusen de blanquear al Gobierno de Putin, cosa que desde luego no hace en su publicación: Prohibido dudar. Las 10 semanas en que Ucrania cambió el mundo. Lo que evidencia Pascual, periodista y ensayista, es cómo “el andamiaje de democráticos”, que se sostenía en la libertad de expresión y de comercio, en las políticas contra el cambio climático, en el compromiso por la no proliferación de armas y en la ayuda a los refugiados, “se ha venido abajo en cuanto se oyeron los primeros cañonazos en el este sin ni siquiera tener en cuenta lo dictado por las leyes ni consultar al ciudadano”.

Pascual Serrano es uno de los periodistas que más esfuerzos ha invertido en destapar al público la relación existente entre el conglomerado de medios de comunicación y el poder institucional. “En algunos temas se permiten ligeras discrepancias, se da espacio para el debate, pero con el tema de Ucrania no se permite ningún tipo de confrontación y quien hace preguntas o cuestiona la oficialidad recibe el apelativo de ‘negacionista’”.

Pascual tan solo pide paciencia y una investigación internacional independiente antes de endosar a cualquiera de los dos bandos los cargos de crímenes de guerra. Sin embargo, la realidad informativa viola la presunción de inocencia de Rusia y la sitúa en el epicentro de todas las críticas. “Ocurrió en anteriores ocasiones, hemos olvidado las armas nucleares de Irak (que no existían) o las masacres perpetradas por los afines a Gadafi (que no se produjeron). Cuestionar la versión de la OTAN es como atacar las realidades científicas, decir que una investigación internacional independiente debe tener la última palabra es como defender que la tierra es plana”, lamenta el periodista.

El primer ataque lo recibió la libertad de expresión, “una de las pocas cosas de las que creíamos estar orgullosos en Europa”. Sputnik y Russia Today, dos medios de comunicación rusos vinculados al Kremlin, dejaron de emitirse en la televisión y sus páginas digitales fueron cerradas de igual modo que sus cuentas en las redes sociales fueron bloqueadas.  La Comisión Europea, un órgano no electo, tomó esta decisión a los pocos días de comenzar las hostilidades. “Es  tremendo que los gobiernos hayan permitido esto, que incluso contenido de hace 5 o 6 años haya desaparecido de la red al ser tachado de propaganda; pero lo más serio de todo es que el resto de periodistas no hayan movido un dedo para impedirlo”. Pascual recuerda que no existe ni un solo reportaje publicado que muestre las mentiras de los medios rusos y que, en cambio, las empresas de verificación no dejan de desmentir bulos provenientes de los medios occidentales. “No veo normal que en Occidente tengamos que recurrir a trucos informáticos para poder leer a los medios rusos y mientras tanto un periodista, Pablo González, está preso en Polonia por hacer su trabajo y nadie dice nada. ¿Sabes la que se hubiera montado si la cárcel hubiera sido rusa?”, muestra su indignación.

Esta guerra nos ha servido para darnos cuenta “que la libertad en las redes no iba a durar para siempre”. Cuando se hicieron populares, personas inquietas vieron en  estas herramientas una alternativa para informar e informarse sin tener que seguir los dictados de las grandes corporaciones comunicativas. “Sin embargo, también se han puesto al servicio del poder”. Según Pascual, “lo han hecho con mucha inteligencia”. El primer censurado fue Donald Trump, un loco que sumió a Estados Unidos en su crisis interna más reciente. “La progresía aplaudió este acto sin comprender que sembraba precedente gravísimo; dieron autoridad a empresas privadas para decidir qué se puede y qué no se puede decir”, advierte Serrano. “No solo han cancelado las cuentas de Russia Today o Sputnik, sino que también han cerrado cuentas rusas sin el debido requerimiento judicial”.

Por otro lado, desde los medios de comunicación convencionales es recurrente encontrar análisis comparativos de los dos líderes protagonistas de la guerra; los perfiles no se caracterizan por su profusa documentación y su análisis claro, pues con una simple lecturas se aprecia que ninguno de los dos presidentes, ni Zelenski ni Putin, son retratados con claroscuros: directamente Putin es un loco homicida al que Occidente debe derrotar para, de una vez por todas, respirar tranquilos, y Zelenski es el adalid de la libertad y de todos los valores que representan a las democracias occidentales que vencieron en la Segunda Guerra Mundial. “Intuyo que la sociedad ucraniana ha confundido la ficción con la realidad”, asegura Pascual Serrano, que agrega: “A esa confusión Zelenski supo sacarle rentabilidad para llegar al poder, pero una vez en él, ha caído preso de unas determinadas fuerzas, que le instan a desangrar Rusia. No sé hasta qué punto es libre para salir del atolladero”. Occidente tiene muy poca memoria o no ha llegado a ver el daño que el humorista ha hecho a la democracia ucraniana: “Prohibió partidos políticos, durante su mandato mediadores del conflicto en el Donbás de su bando han sido asesinados, su nombre está en los papeles de Pandora, lo que significa que parte de su dinero se encuentra en paraísos fiscales; y ahora ha sumido a su pueblo en una locura belicista, que seguramente haya escapado a su control, como suele suceder en estos casos”, aclara el periodista.

Pascual Serrano ve la guerra como un claro enredo de Estados Unidos para debilitar a su némesis: “En Ucrania, el lado oeste se caracterizaba por su rusofobia, mientras el este tendía hacia Moscú; cuando Zelenski se decantó por uno de los dos bandos, estalló la caja de los cañones”. Con esto, Serrano también quiere demostrar “que las relaciones internacionales son de todo menos libres”. El periodista recuerda que en 1962 la Unión Soviética retiró los misiles de Cuba por las presiones de EE.UU. y que a la Habana no se le permitió elegir si quería que esos misiles se estacionaran en su suelo.

En su libro, el también colaborador de Público hace una dura crítica a nuestro actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quien “sigue los dictámenes históricos de Estados Unidos, el auténtico ministro de Exteriores español”. La OTAN, considera Serrano, no  marca tanto el orden militar, como sí las directrices económicas y políticas, directrices que la mayoría de las veces atentan contra los intereses de España. “El 90% de los problemas económicos que tenemos ahora nos los habríamos ahorrado si no nos hubiéramos implicado en la batería de sanciones lanzadas contra Moscú; ahora el mercado mundial se ve afectado por la falta de gas y materias primas”. La OTAN ha intentado eliminar del mapa internacional a las dos potencias que pueden hacer frente a EE.UU.: Rusia y China.

De hecho, las sanciones no solo están dañando la economía europea, también repercuten en la política interna de los países. En el caso español, la guerra ha sumado un desencuentro más en el seno del Gobierno de coalición; dos bandos claramente marcados y dos maneras de ver el conflicto intentan imponerse a golpe de retórica en el parlamento español. Aunque, protesta el periodista y escritor, “esto no supone ningún mérito, cualquier cosa provoca un desmembramiento en la izquierda, de la política de fronteras autonómicas al veganismo”. En la respuesta de los parlamentarios de izquierda al discurso dado por Zelenski en el congreso “se aprecia el ejemplo más patético de las contradicciones de la izquierda; unos diputados de Unidas Podemos se levantan y aplauden, otros aplauden sentados y los otros ni se molestan en acudir a la sesión para demostrar su descontento con el envío de armas”. Para Pascual, “la izquierda española se ha dejado gran parte de su decencia y dignidad en el camino”.

La crítica de Pascual Serrano también va dirigida a las medidas contra los oligarcas (designación que la parece desproporcionada), por su nefasta organización. No hay una acción estratégica clara, “se ataca a todos los sectores que puedan dar algo de oxígeno a Rusia, aunque estos sean diputados del Partido Comunista ruso porque, supuestamente, podrían apoyar a Putin en la Duma”. Todos los Estados tienen a su alrededor un enjambre de multimillonarios dispuestos a sacar néctar en forma de beneficios, pero resulta “que somos incapaces de actuar contra nuestros propios oligarcas y a los rusos en menos de 24 horas les quitamos el yate, que ya me dirán para qué lo queremos”. Sin embargo, lo verdaderamente preocupante de esta situación no es que un oligarca ruso haga una pataleta porque el vecino le ha quitado su juguetito valorado en varios millones: “Con estas acciones, los Gobiernos se van a dar cuenta de lo peligroso que es tener divisas o dinero en los bancos occidentales, la mínima muestra de descontento se puede traducir en un sanción”. De ahí que Arabia Saudí, un aliado de Occidente, vaya a comenzar a pagar sus transferencias internacionales en yuanes, en vez de en dólares. “La polarización económica ya está en marcha. Hemos expulsado a Rusia del SWIFT y está desarrollando una estructura económica a espaldas de los países atlantistas. Rusia funciona con tarjetas chinas”, comenta Pascual, quien entiende que esta guerra supone un punto de inflexión en la confianza de las empresas y repercutirá “en la inseguridad económica internacional”. “Se criticaba a los países del tercer mundo por su inseguridad financiera, pero resulta que ahora la república bananera donde la legislación se incumple recibe el nombre de Occidente”.

Otro fenómeno cada vez más extendido en las democracias liberales europeas es la rusofobia, fenómeno que ya viene de antes: “En un mes no consigues que una sociedad entera compre el discurso de miedo y odio hacia un pueblo, ha sido un proceso de satanización, de hacernos creer que los rusos son bárbaros”. Pascual nos recuerda que algo similar sucedió con Sadam Hussein y Gadafi; “se les estigmatizó y cuando fueron asesinados nadie derramó una lágrima por ellos”. Hay que estigmatizar a los rusos al igual que a los chinos “porque en algún momento nos van a enfrentar a ellos, y eso que en el caso de China, cuentan con una tradición internacional impecable de no agresión”.

El colmo del delirio es el daño que se está causando al arte ruso. “Los ucranianos han asegurado que van a retirar de las librerías los libros en ruso para dejar de pagar derechos de autor. Es alucinante como juegan con nuestras emociones, cómo nos inhiben cualquier capacidad de razonamiento. Da igual que expliques la historia de Europa del Este con datos, fuentes y de manera rigurosa, con decir ‘qué malos son los rusos’ ya están todos dispuestos a cambiar de nombre a la ensaladilla rusa. Si se hubiera recurrido al raciocinio en vez de a las emociones, las grandes guerras no se hubieran producido”, sentencia Pascual Serrano, que tampoco ve con buenos ojos que el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, haya dicho que “la guerra tendrá que decidirse en el campo de batalla”.

Luego, otro tema candente es el doble rasero con el que se trata a los refugiados. “Es insultante, hemos pasado de hacer devoluciones en caliente y sin cumplir los requisitos a abrir las puertas a millones de refugiados ucranianos. Que conste que ellos no tienen la culpa de nada, pero no se puede tolerar que en el mismo día unos refugiados procedentes de África mueran en el océano intentando alcanzar las Islas Canarias, mientras un avión trae a la isla de Fuerteventura un grupo de refugiados ucranianos; entre Ucrania y las Canarias hay 4000 km, del continente africano solo nos separan 100 km”, crítica Pascual.

De hecho, el absurdo de la situación responde a la geoestrategia que los países europeos mantienen para deslegitimar a Rusia: “Es una manera de darle coherencia al discurso, no puedes afirmar que los ucranianos son unas víctimas y luego cerrarles las puertas. De todos modos, bien que olvidan los medios de mostrar las cifras de ucranianos prorrusos que han sido acogidos por Moscú”.

“¿Qué a dónde nos conduce esta guerra? Lo desconozco. Si la guerra se prolonga, creo que es más fácil que se produzcan sublevaciones ciudadanas en los países europeos, es decir, que la estrategia que iba dirigida a derrocar al Gobierno de Putin se nos vuelva en contra. Es más, sindicatos y organizaciones alemanas han firmado manifiestos defendiendo que la situación es insostenible.