Títulos de reciente aparición que nos ofrecen desde miradas al pasado para entender el presente de eso que da en llamarse “la gran Rusia”, hasta los últimos libros de autores ucranianos donde late el estruendo de la guerra.

El escritor e historiador ucraniano Vakhtang Kipiani

 

Texto: José Ángel LÓPEZ

 

Las publicaciones literarias rusas –o sobre Rusia− aparecen de forma recurrente en el panorama literario español. Sin embargo, la actual situación que se está viviendo como consecuencia de la agresión de Putin a Ucrania ha intensificado la llegada de novedades editoriales.

Mi Ucrania, de Victoria Belim (ed. Lumen) es la obra de una autora ucraniana de origen, aunque cosmopolita por su trayectoria vital. En su primer trabajo más allá del periodismo Victoria Frolova (su auténtico nombre) nos hace recorrer el pasado soviético de Ucrania y del conjunto del Estado a través de su novela. Ambientada en el año 2014, el retorno de la protagonista Vika al Estado ucraniano tiene un objetivo: resolver el misterio de la muerte de su tío bisabuelo durante la temible década de los treinta. Mientras la nueva república independiente se enfrenta a un convulso proceso de consolidación estatal con el intervencionismo del Kremlin tras los acontecimientos del Euromaidán, la protagonista se interna en los archivos de la antigua KGB, con el trasfondo de la anexión de Crimea y el inicio de una guerra de agresión que se iniciaba y cuyo episodio más brutal estamos viviendo en esos momentos.

Andréi Kurkov ha pasado de la ironía a la crónica del desastre de la agresión de Putin a Ucrania. En Diario de una invasión (ed. Debate) nos relata la crónica de una guerra anunciada y desarrollada desde el año 2014, cuya intensidad desde el 24 de febrero de 2022 ha convertido al propio autor en uno de los millones de desplazados como consecuencia del conflicto. La forma en la que la vida ha quedado trastocada para la población ucraniana, el impacto social en colectivos ya vulnerables- como los ancianos-, el impacto en la educación de la población infantil y juvenil, la ruptura de familias interétnicas-el propio Kurkov es ruso residente en Ucrania- y, en definitiva los horrores de la brutalidad caprichosa de un líder desnortado, son detallados con magistral destreza por un escritor que no va a renunciar al humor ni siquiera en estas trágicas circunstancias.

En Estación Ucrania, Borja Lasheras (ed. Libros del K.O), no realiza la típica crónica apresurada de unos acontecimientos bélicos marcados por la inmediatez y la ausencia reflexiva que el poso del tiempo permite. El autor conoce bien la realidad política del Estado y de la región en calidad de experimentado profesional en la comunidad internacional en organizaciones como la OSCE o en think tanks como el European Council on Foreign Relations. El trabajo es un relato del paisaje surgido en Ucrania desde el Euromaidán hasta el momento de la actual agresión en curso. Los protagonistas del mismo son múltiples y variopintos (políticos, artistas, escritores, músicos) pero también ciudadanos anónimos que han sufrido la corrupción endémica de las estructuras del Estado, la crisis económica, los vaivenes políticos entre Bruselas y Moscú y los conflictos latentes y reales en la región del Donbás. El conocimiento del país del viajero infatigable que se mezcla con la población- no como una suerte de espectador displicente- enriquece la experiencia y nos señala, como reza el subtítulo, el país que fue.

Serhii Plohky, catedrático de Historia en la Universidad de Harvard y autor de referencia para todos los investigadores en temas de la región, nos ofrece por vez primera en castellano la reciente edición de un volumen que se convertirá en un clásico: Las puertas de Europa. Pasado y presente de Ucrania (ed. Peninsula). En el ensayo hace un repaso exhaustivo del territorio que ha constituido la puerta de entrada a Europa desde el siglo IX. Punto de encuentro comercial, pero también campo de batalla entre imperios enfrentados (romano, vikingos, mongoles, ruso, otomano, tártaros, cosacos, polaco-lituano, y tantos otros), que se ha ido moldeando hasta su configuración de la diversidad en el marco de la extinta Unión Soviética. El estudio no aborda los recientes acontecimientos pero constituye la referencia esencial, desde una perspectiva histórica, para comprender y analizar el presente desde el prisma del pasado más reciente y más alejado. Es decir, la base sin la cual los análisis de urgencia que estamos recibiendo con demasiada frecuencia adolecen de un enfoque imprescindible. En una línea muy similar se desarrolla el último libro del maestro Orlando Figes, La Historia de Rusia (ed. Taurus). El especialista en este país, autor del baile de Natasha o La revolución rusa o Los que susurran, o Crimea nos traza el devenir de una nación marcada por el autoritarismo, la violencia, la separación de Europa occidental, el expansionismo territorial y, en definitiva, marcada por la grandeza y la tragedia.

Otro experto como Mark Galeotti, se concentra en el último periodo histórico de Rusia en Las guerras de Putin. De Chechenia a Ucrania (ed. Desperta Ferro). El análisis del intervencionismo de Putin desde su acceso al poder se extiende desde Chechenia (en clave interna) a Siria, pasando por Georgia en el año 2008 y Crimea en 2014, con el epítome de la actual agresión global a Ucrania desde finales de febrero del presente año. La conclusión no es muy alentadora: Rusia trasformada en una suerte de Esparta euroasiática y en una nación permanentemente en armas. Complemento del volumen Estalinismo en guerra (ed. Desperta Ferro) de Mark Edele.

El libro recién aparecido de Yuri Felshtinsky y Michael Stanchev, Ucrania: la primera batalla de la tercera guerra mundial (ed. Deusto). No se trata solo de un ensayo histórico sobre Rusia, Ucrania y sus relaciones bilaterales complejas sino, más bien, una prospección alrededor de los genuinos intereses de Putin en materia de política exterior. La tesis principal de ambos especialistas apunta a un objetivo primordial del Kremlin: socavar el actual orden internacional liberal con el apoyo de otras potencias alternativas al modelo unipolar norteamericano, apoyado en valores genuinamente eurasianistas y autocráticos.

La gran pregunta se plantea en el título del libro ¿Por qué Ucrania? de Noam Chomsky (ed. Altamarea). A lo largo de ocho entrevistas el ensayista norteamericano plantea una serie de cuestiones que sobrevuelan alrededor de la agresión a Ucrania y en la que se muestra un discurso alternativo sobre las causas y las consecuencias del actual conflicto. El papel protagonista de Estados Unidos y sus objetivos en la política exterior respecto a Europa (aliada) y Rusia (enfrentada), los peligros de la escalada militar en la que, a su juicio, solo habrá vencidos y no vencedores, la irracionalidad en el modo de actuar de Estados Unidos o la inanidad de la Unión Europea son solo alguno de los aspectos abordados en estas reflexiones. Aspectos que nos presentan otro punto de vista, complementado con un diario del conflicto que termina con otra pregunta clave: ¿Tiene Europa una idea del mundo?

Ubicados en el presente conflictivo se desarrolla la novela Orfanato, del escritor ucraniano Serhiy Zhadan (ed. Galaxia-Gutenberg) nos presenta, desde la prosa de uno de los poetas contemporáneos más importantes de Ucrania, el drama de la separación, de las vidas y familias fracturadas por la guerra. Situada en el marco inicial del 2014 y del comienzo del conflicto separatista en la región del Donbás, detalla con crudeza no exenta de lirismo, la lucha de un maestro por recuperar a su sobrino que ha quedado atrapado en la región una vez ocupada por las tropas rusas. La desolación del paisaje, el derrumbe de las instituciones, la inseguridad permanente, la dilución de las fronteras y, en definitiva, el escaso valor de la vida humana nos pone en contacto con la fragilidad de las certezas que, potencialmente, se desarrollan durante una situación de normalidad que queda borrada definitivamente en un escenario bélico.

María Stepanova pasa por ser una de las mejores poetas rusas vivas, que resiste el proceso histórico en el que Putin ha sumergido al Estado sin abandonar el país. En su último trabajo hace un repaso sobre el papel que la memoria juega en la vida de los individuos pero, de forma muy significativa, en la de los pueblos. En memoria de la memoria (ed. Acantilado) desde el título del libro presenta sus credenciales: un cruce de caminos entre la reflexión que suscita rastrear la memoria familiar y la de la historia de la población judía durante el periodo ruso-soviético y, en paralelo, la particular versión un liderazgo como el actual en Rusia que, como tantos otros, pretende reescribir la historia para acomodarla a sus intereses personales aún a costa de sacrificar al pueblo que dicen servir. El hilo argumental que permite desarrollar la memoria es el fallecimiento de la tía de la narradora y la tarea de ordenar, vaciar o desprenderse de multitud de ejemplos de esa memoria personal que recoge también la de la Unión Soviética (fotografías, cartas, diarios personales). Stepanova describe en ocasiones el guerra-civilismo con la historia que el Kremlin ha desatado: el  revisionismo del estalinismo, de la Iglesia ortodoxa y su papel, del zarismo, del pueblo ruso y de sus pueblos vecinos. En definitiva, la guerra contra la memoria. Es un bello libro difícilmente clasificable en cuanto a género literario y muy impregnado de historia.

En un tono y ritmo similar se desenvuelve la historia relatada por Vladimir Vertlib en La particular memoria de Rosa Masur (ed. Impedimenta). El ajuste de cuentas con la memoria personal e histórica protagonizado por la nonagenaria Rosa Masur cuando es requerida para narrar su vida. Oriunda de una tierra entre fronteras e imperios pasa revista a los acontecimientos que jalonaron el siglo XX soviético: pogromos, purgas, guerras, asedios, hambrunas, dolor, sufrimiento, persecuciones, espionaje, delaciones. La descripción con maestría de situaciones que, por momentos, nos trasladan a acontecimientos tan coetáneos con la actualidad nos permite conectar con un pasado y presente que creímos imposible de repetir. Una gran novela realista que conecta con otros títulos publicados por esta editorial en los últimos tiempos que sobrevuelan hechos similares.

Para conexión con el desarrollo del conflicto en Ucrania y con los escenarios bélicos tenemos la reedición en Ed. Automática del clásico de la literatura bélica de Víktor Nekrásov, En las trincheras de Stalingrado. En unas horas en las que el círculo de poder más próximo al Kremlin evoca el carácter heroico de la Gran Guerra Patriótica el autor nos traslada a la visión de los combatientes, a pie de la batalla más cruenta y representativa de la Segunda Guerra Mundial. El esfuerzo del pueblo “soviético” − que incluía al ucraniano, aunque la desmemoria histórica pretenda actualmente convertirlo en el defensor de la Alemania nazi− no se destaca desde la mitificación o el enaltecimiento sino, más bien, desde la sobriedad. La vida miserable, de pura supervivencia, a la que se ven abocados individuos anónimos con sus vidas anteriores truncadas. Ajenos a los supuestos valores que sus dirigentes atribuyen a la nación, desengañados, desconfiados, recelosos de los objetivos que se les plantean. El componente absurdo de la guerra, si es que no es el único. Esta edición está ampliada y completada con respecto a la que se hizo en español y que solo está disponible en librerías de ediciones antiguas. Constituye una visión personal de la propia experiencia del autor en el frente de batalla, así como el reconocimiento de escenarios bélicos actuales en Ucrania (Mariúpol, Jersón, Jarkov o Zaporiyia).

El Holodomor es el nudo temático de la novela de Erin Litteken en La guardiana de recuerdos de Kyiv (ed. Navona). La gran hambruna provocada por Stalin en Ucrania entre 1932 y 1934 provocó cerca de cinco millones de muertos. La tatarabuela de la autora la hizo depositaria de la memoria colectiva del pueblo ucraniano. De nuevo el papel de víctima de un colectivo castigado de forma periódica por parte del residente del Kremlin. La represión generalizada y la requisa de las cosechas de cereales se utilizaron contra la población ucraniana por el mero hecho de existir, incluso en aquel momento en el que compartían estatalidad en el seno de la Unión Soviética. Esta negación de la propia existencia se vuelve a repetir en la actualidad. El libro describe una de las varias generaciones que han tenido que sufrir esta persecución, negada por la historia “oficial”, pero revelada por múltiples trabajos de investigación, como el de la historiadora Anne Applebaum. La ocultación y el silencio ante el miedo a la represión han formado parte de la memoria rescatada por libros como el de Litteken.

Se acaba de publicar la última obra de Andréi Kurkov, Abejas grises (ed. Alfaguara). Ucraniano de adopción, aunque nacido en San Petersburgo este autor se ha conocido en español especialmente por su libro Muerte con pingüino. Su delirante surrealismo hace que, con excesiva frecuencia, se caiga en las odiosas comparaciones adjetivando su obra de kafkiana o de heredera de Bulgakov, así como también escritor de literatura del absurdo. En este último título aprovecha para arrancar con la anexión rusa de Crimea en 2014 y la metáfora de un protagonista, apicultor en la zona gris del territorio en disputa entre ucranianos y prorrusos, que aprovecha el imprescindible traslado de las abejas durante la primavera para entablar relación con los combatientes y con la población de ambas zonas. Las reflexiones sobre la moralidad de las gentes, lo absurdo del conflicto y la fabulación en torno a la vida irrumpen en sus páginas haciendo prever, en cierta medida, lo que estaba por llegar.

También acaban de publicarse dos libros que se ocupan de la figura monumental de Tolstói. El primero es una reedición de una antigua colección de la editorial Losada que se ocupaba de analizar las principales coordenadas del pensamiento vivo de una serie de personalidades. Stefan Zweig, en El pensamiento vivo de Tolstói (Ediciones Ulises), nos presenta su “radicalismo intelectual”, las propias de un revolucionario reaccionario o reaccionario rebelde. Artista que constituye un ejemplo moral, que propone un ethos en el que el pacifismo encuentra ahora más vigencia que nunca. Su filosofía de la historia, la crítica de su tiempo y el conocimiento de sí mismo son algunos de los aspectos más relevantes del libro de Zweig. También la reedición del libro de Vladimir Pozner, Tolstói ha muerto (ed. Seix Barral) nos traslada a los días de finales del mes de octubre de 1910 en los que, en palabras del prologuista Adolfo García Ortega, una pequeña aldea se transformó en la capital del imperio ruso. Como una suerte de diario Pozner nos describe los últimos días del maestro, cuyo lecho se convirtió en un lugar de peregrinaje para autoridades políticas y religiosas, así como para sus fieles seguidores. Este libro, publicado por primera vez en español en 1935 por la misma editorial, tiene un pulso cinematográfico que —hace no muchos años— se concretó, pero con una base literaria diferente.