La epopeya de la vida cotidiana en «Hombres que caminan solos», la segunda novela del autor vasco de origen gallego.

TEXTO: Javier PINTOR Foto: Asís G. AYERBE

 

Las conversaciones con José Ignacio Carnero son siempre largas, amables, entretenidas y muy reveladoras. Si es fin de semana y no llamas temprano, José Ignacio te dedica todo el tiempo del mundo. Es un conversador apasionado que disfruta hablando de libros y de ese paisaje norteño que compartimos. Durante estos diálogos es fácil que en algún momento uno no sepa dónde empieza la literatura y acaba la vida. “A veces confundo tanto lo que leo en los libros con la vida que acabo por creer que me han pasado cosas que nunca han sucedido”, dice el protagonista del nuevo libro de Carnero, Hombres que caminan solos (Literatura Random House).

Carnero me cuenta que esta forma de narrar encadenando historia tras historia y en la que la improvisación juega un papel destacado la adquirió escuchando de niño a su madre y a las mujeres del barrio. El talento de estas mujeres consistía en que todas estas historias encajasen al final del relato y diesen sentido a la narración “como solo el mejor de los novelistas sería capaz de hacer”. Estas fueron las primeras lecciones de estilo que, de forma inconsciente, recibió siendo niño. Esta manera de narrar al hilo de la memoria y la revelación constituye uno de los pilares de su narrativa, “Las historias se descubren a medida que se escriben, o no son buenas historias” dice el protagonista de esta novela. Un libro donde las historias se enredan como en una tela de araña hasta proyectar toda una peripecia vital.

Con solo dos novelas escritas hasta el momento, José Ignacio Carnero ha conseguido hacerse un hueco en el vasto panorama de la literatura en lengua española actual. Creo firmemente que esto se debe a que ha optado por una literatura confesional que en estos momentos goza de gran predicamento entre el público lector debido a la labor de promoción constante que están realizando las editoriales, pero su éxito también se debe a que ha conseguido que en sus textos sea fácilmente identificable una voz narrativa propia, muy auténtica. Con un lenguaje limpio, sin artificios, este autor consigue atravesar tu epidermis y hacerte sonreír. El viaje que emprenden los protagonistas al final del libro para asistir al funeral del amigo, para mí de lo mejor de la novela, nos desvela con ternura y mucho sentido del humor ese abismo generacional que separa a padres e hijos y que con tanta sutileza retrata el autor. La representación de la memoria de la clase humilde es un tema omnipresente en la narrativa de Carnero.

Ese tono un tanto descreído, anecdótico, tierno, jocoso, muy presente en este Hombres que caminan solos, define de forma clara la literatura de Carnero. Bajo la apariencia de trivialidad e hilaridad que rodea algunas de las peripecias vitales de este cándido protagonista se esconde un vacío existencial que no logran atenuar ni los encuentros sexuales esporádicos ni los ansiolíticos. Los solitarios protagonistas de sus novelas abrazan sombras para sostenerse. “Es entonces cuando miramos alrededor, y es solo en ese instante, en contacto con los demás, cuando puede nacer cualquier tipo de belleza”.

Este escritor vasco de origen gallego que ejerce en la actualidad de abogado en Barcelona comenta que la carrera de Derecho le proporcionó algunas herramientas para construir sus historias mientras que la literatura le permitió explorar vidas ajenas que incorporar a sus libros. Libros que han estado siempre presentes en su vida y que su madre se encargó de que no faltasen en la casa familiar, ya que la mujer intuía que los libros eran instrumentos de progreso. Esa madre que tuvo una presencia esencial en su vida y que ilumina de forma majestuosa sus novelas.

Las ficciones de Carnero se apoyan siempre en un personaje protagonista que pretende ordenar su mundo a través de la escritura. Este desdoblamiento entre autor y narrador hace que en el texto sean bastante frecuentes las referencias al proceso de escritura. La ficción despierta los instintos porque “es la única forma de alcanzar la felicidad”.

Si la primera novela de José Ignacio Carnero, Ama (Caballo de Troya, 2019) era un relato en donde el autor se enfrentaba al dolor por la pérdida de la madre, en Hombres que caminan solos es el padre quien toma el relevo de la narración, aunque la madre continúe siendo una presencia neurálgica en todo el libro. Ese padre que quedaba un tanto desdibujado en Ama aparece aquí caracterizado con un sinfín de matices que lo convierten en el personaje más entrañable y admirable de esta historia de pérdidas y descubrimientos.

Carnero continúa saldando deudas, aliviando heridas y manteniendo vivos los recuerdos. Su escritura se afianza y el retrato generacional de dos mundos que colisionan, pero que se atraen, resulta muy honesto. Carnero ha vuelto a escribir una obra entrañable y divertida. En estos dos libros que comparten protagonistas, espacios, recuerdos, la literatura respira verdad.

Esta tarde, el periodista Álvaro Colomer charlará con José Ignacio Carnero sobre su obra en los diálogos on line de la Acec https://librujula.publico.es/eventos/dialogos-on-line-jose-ignacio-carnero/