El exembajador de Nicaragua en España, Augusto Zamora, publica “De Ucrania al mar de la China. El eje ruso-chino ante un Occidente roto” (Editorial Akal), un análisis internacional, ilustrado por Anthony Garner, que muestra la tensión experimentada ahora mismo en torno a la guerra en Ucrania y cómo la situación puede ir a peor en el Pacífico si Estados Unidos sigue con su retórica agresiva y el resto de países atlantistas le siguen el juego en su discurso antichino y antiruso.

 

Texto: David VALIENTE

 

“En Europa no os detenéis a pensar qué ocurrirá si el poderío militar estadounidense se hunde ante la alianza chino-rusa”, advierte Augusto Zamora a través de la pantalla del móvil. “Veneráis a Estados Unidos como si fuese la reencarnación de un dios eterno, invencible, omnipresente, omnipotente, omnisapiente; pero ¿qué pasará si le quiebran el espinazo?”.

Augusto Zamora es periodista, pero esta profesión es la que menos destaca en su currículo. El exembajador de Nicaragua en España ha ejercido de profesor de derecho internacional público y relaciones internacionales en distintas universidades europeas y latinoamericanas; además, participó en las negociaciones por la paz de Contadora y Esquipulas. En la actualidad, ocupa una silla en la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua.

Recientemente, ha publicado De Ucrania al mar de la China. El eje ruso-chino ante un Occidente roto (Editorial Akal), un análisis internacional, ilustrado por Anthony Garner, que muestra la tensión experimentada ahora mismo en torno a la guerra en Ucrania y cómo la situación puede ir a peor en el Pacífico si Estados Unidos sigue con su retórica agresiva y el resto de países atlantistas le siguen el juego en su discurso antichino y antiruso. Este libro nace “del sentimiento de compromiso que asumo con nuestro mundo”, afirma Augusto, a quien le preocupa la deriva militar que desde hace cinco años parecen tomar los países de Occidente. “Pero, especialmente, me preocupa lo que dicen los documentos oficiales de Estados Unidos con un alto tono belicista revestido por un nuevo vocabulario; esos documentos apuntan a una confrontación directa con China y Rusia”.

En EE.UU hay un debate abierto sobre esta cuestión, a diferencia de Europa que ni siquiera menciona esos documentos de acceso libre en internet. “Los medios de comunicación no quieren que en la Europa atlantista se enteren de la verdad. Llevo muchos años ejerciendo el periodismo, es una práctica muy común que estas cosas se oculten y se las decrete la muerte civil”, asegura Zamora, al que no le gustan los periodistas que hablan mucho y no van a las fuentes.

Usted afirma que el sistema internacional actual es injusto, ¿por qué lo es?

En el libro que sale a finales de año voy a tratar la problemática que supone el orden mundial configurado en 1945. Las Naciones Unidas, en su origen, la constituyeron 45 Estados, de los cuales 37 eran territorios coloniales o Gobiernos dictatoriales títeres de Estados Unidos. Sin embargo, asombrosamente, 70 años después, y aun habiéndose incluido 148 Estados más, la estructura sigue siendo la misma. Aquí reside la incapacidad de Naciones Unidas de solucionar conflictos, está desconectada del mundo.

Pero ya no existen las colonias, y las dictaduras títeres en Sudamérica y Centroamérica desaparecieron…

Cuando examino esta cuestión, siempre me viene a la mente el reflejo condicionado de Pavlov: el perro adquirió la costumbre de salivar cuando sonaba la campanilla, aunque no le dieran de comer. Una vez habituado a una situación, es muy difícil imaginar que puede cambiar. Y precisamente países como Rusia, China, India y Brasil plantean un mundo multipolar y una nueva estructura internacional. En este punto, EE.UU. no acepta las nuevas condiciones ni tampoco quiere sentarse a negociar; su táctica es el rearme y el reacomodo de la estrategia. Los países miembros de la Alianza Atlántica junto a Japón, Corea del Sur y Australia se ven arrastrados por la nueva política internacional del hegemón. Los Estados Unidos saben que solos no pueden hacer nada, pero con la ayuda de sus socios creen tener más oportunidades.

Un nuevo sistema internacional impulsado por China y Rusia… ¿Me pregunto si será justo?

Absolutamente. Más injusto de lo que es ahora tampoco puede ser. ¿Ve normal que por un pacto no escrito el presidente del Fondo Monetario Internacional tenga que ser un europeo y el del Banco Mundial un estadounidense? Desde esos dos organismos internacionales se dictan políticas financieras, que, por lo general, sirven para triturar la economía de los países más débiles y obtener de ellos beneficios obscenos. Esta situación debe acabar. Por lógica, la elección debe recaer en Naciones Unidas y no estar en manos de instituciones imperialistas. Además, menudas joyitas ponen: hemos dejado nuestro presente y futuro económico en manos de Rodrigo Rato y Dominique Strauss-Kahn.

Antes del comienzo de la pandemia, los analistas afirmaban que Estados Unidos y China estaban sumidos en una guerra fría 2.0. ¿Se superó esa fase?

Sí, claro. Hace un par de años, escribí en un artículo para Público que la pandemia había pronunciado las contradicciones entre Rusia, China y Estados Unidos, disminuyendo así los plazos de un posible conflicto. China está cansada de los desplantes y los continuos desafíos de EE.UU. Abandonaron el lenguaje prudente, incluso el jefe del Estado Mayor de China afirmó que están dispuestos a ir a la guerra, sin importar el coste; los chinos envían aviones sobre los espacios de seguridad de Taiwán y realizan maniobras militares lejos de las áreas históricas, donde siempre las han hecho. Sin duda, China les está diciendo que si quieren guerra, tendrán guerra.  Los grandes medios no quieren que el gran público sepa la deriva conflictiva a la que nos están llevando las políticas de Estados Unidos y la OTAN.

La fecha clave es 2030.

En mi libro, Requiem polifónico, realicé una minuciosa investigación sobre el rearme de las tres potencias y descubrí que había una coincidencia asombrosa en los periodos que se daban para alcanzar un determinado poder militar. La fecha axial, según los datos, es 2030. Esto lo dije en 2018, así que me adelanté a los análisis que ahora se hacen sobre el tema. Un año después, el jefe de las fuerzas armadas de Estados Unidos planteó el mismo escenario: el país debía estar preparado militarmente para el 2030. ¿Qué pasará en realidad? Es muy difícil predecirlo, pero hay altas posibilidades de que se produzca un conflicto en el mar de la China.

¿Y a esa guerra sí acudirá la OTAN?

Son escenarios distintos. La OTAN no ha entrado en guerra porque Rusia alberga el mayor arsenal de armamento nuclear del mundo. Están siendo cautelosos en sus movimientos, son conscientes de que no pueden pasar ciertos límites, ya que significaría ir a la guerra, pero no a una guerra convencional… Hace unos años, un general ruso aseguró que una tercera guerra mundial no se libraría en su suelo. Rusia comparte con Europa y la OTAN una frontera inmensa que va desde Rumania a Noruega. En caso de una invasión, Rusia tendría difícil defender una frontera tan amplia y solo le quedaría la alternativa de responder con un ataque nuclear devastador para evitar que la OTAN destruya la parte occidentalizada del país.

EEUU abandonó Afganistán para centrar sus esfuerzos en el Pacífico, según lo que plantea en su libro ¿no es una estrategia errada?

En Europa, se hacen auténticos juegos malabares para haceros creer que son lo más importante. Pero no es así. Los documentos de Estados Unidos ratifican y reiteran que su área de estrategia vital es Asia-Pacífico, que ahora los geoestrategas han rebautizado como Indo-Pacífico. Al Gobierno estadounidense solo le importa la creación de una pinza gigantesca que envuelva a Rusia y a China, y para lograrlo necesita a Europa.  ¿No ven con qué empeños organiza EE.UU. el frente en el Pacífico? Intentan recrear el escenario de la Segunda Guerra Mundial: hasta que Japón no estuvo derrotado, no desembarcaron en Normandía.

¿Y por qué esta vez no le iba a salir bien la jugada a los americanos?

En primer lugar, Estados Unidos tiene una desventaja estratégica. China está a 12 000 km de sus costas, recorrer esta distancia por mar resulta carísimo, lento y dificultoso. Desde esta perspectiva, China parte de una ventaja abrumadora. En segundo lugar, quitando las armas nucleares, el elemento dominante en la guerra son los misiles, y tanto China como Rusia disponen de los mejores. En tercer lugar, el peso de la guerra caerá sobre el poder naval de los Estados Unidos, y por todos es sabido que es mucho más fácil fabricar 10 000 misiles que un acorazado. Por último, si sumamos los recursos, la población y la tecnología de China y Rusia, la asimetría es escandalosa. En un contexto como el descrito, la Unión Europea tendrá que elegir entre el suicidio o la rendición.

Rusia y China en la actualidad son aliados, ¿pero qué le hace pensar que lo serán para siempre? Viendo la historia conjunta de los dos países…

Las relaciones chino-rusas, a lo largo de la historia, han sido exiguas. Las fronteras que unen a los dos gigantes son ásperas, frías, están despobladas e invitan poco a la diplomacia. Port Arthur fue un punto de desencuentro entre chinos y rusos, pero las rencillas terminaron cuando en 1905 los japoneses derrotaron a la Rusia del Zar. Antes de la Segunda Guerra Mundial, el Partido Comunista de China llegó al poder gracias al apoyo que le brindó la Unión Soviética. Las tiranteces regresaron por la guerra de Corea, donde Mao vio la oportunidad de expulsar y vencer a los americanos, pero Stalin tuvo miedo a que la escalada del conflicto les llevara a una guerra nuclear; entonces paró el conflicto, disgustando a Mao. Los pleitos continuaron, esta vez por la bomba atómica. China quería construir un arsenal nuclear y los soviéticos no lo veían claro. En los años 70, Henry Kissinger se metió por medio con su ‘diplomacia del ping-pong’, aunque tampoco había una hostilidad abierta por parte de los chinos hacia la URSS. China se abría al mundo y necesitaba divisas internacionales, Estados Unidos se las proporcionó a cambio de que hicieran muecas de desprecio a los soviéticos. Así fue. Sin embargo, en la década de los 90, China había crecido demasiado para la perspectiva internacional de los Estados Unidos; la Unión Soviética había desaparecido, pero el gigante chino no paraba de crecer. El Gobierno chino resolvió las controversias territoriales con Rusia y firmaron una serie de acuerdos. El intercambio comercial entre los dos países va viento en popa; es más, el año pasado se produjeron intercambios por 200 000 millones de dólares. Cuanto más se acercaban más se daban cuenta que el otro tenía algo de lo que carecían. De hecho, en caso de conflicto, el bloqueo estadounidense de recursos energéticos a China no daría resultado, Rusia le cubriría las espaldas; y en el lado contrario, Rusia puede focalizar sus esfuerzos en caso de ataque en la frontera oeste porque China le cubrirá las espaldas por el flanco este.

Lo que ahora podemos observar es un mundo cada vez más polarizado, al menos en cuestiones económicas.

Diría más, ya no existe ni sombra de confianza. Las reservas de oro que estén en países miembros de la OTAN están hipotecadas, en cualquier momento las pueden confiscar. Lo que a partir de este momento vamos a ver es cómo los países devuelven el oro a sus cámaras acorazadas o lo trasladan a cámaras de  países aliados. Occidente ya mostró sus cartas de coerción, coacción y amenaza en el ámbito financiero y comercial. Los países ya están buscando sistemas alternativos al SWIFT, que quedará relegado a su esfera. En unos cinco años, veremos sistemas alternativos que no tendrán ninguna relación ni conexión con el de ustedes.

¿Qué papel jugará el Próximo Oriente?

Este es un área estratégica para Europa, pues el 60% del gas y el petróleo que consumen proviene de Oriente Próximo y Oriente Medio. El escenario se torna más complejo. Pongámonos que estalla el conflicto en el Pacífico, Israel se queda sin el apoyo estratégico de EE.UU. y Europa que le había dado la victoria en las tres guerras contra los árabes. Israel, ante la falta de suministro, aguantaría lo que aguanten sus depósitos. Además, el país se compone de 17 000 km con una población judía (vamos a dejar a un lado a los árabes palestinos) de 7,5 millones de personas, frente a 500 millones de musulmanes. Egipto, la mayor potencia militar de la región, está sumido en un proceso de rearme con arsenal ruso, financiado con dinero saudita y estadounidense; ha construido la mayor base militar de la zona en el desierto profundo, muy lejos de Israel. Yo diría que Egipto se prepara para una cuarta guerra con Israel y poco importa lo que digan Estados Unidos y el petrodólar que pueda invertir Arabia Saudí.

¿Y Marruecos?

Un pequeño monstruo creado por la cobardía de España. Si tuvieran lo que deberían tener ahora mismo Marruecos tendría tres frentes abiertos: por el norte, España; por el oeste, el Sahara Occidental; y por el este, Argelia, que es además vuestra abastecedora de petróleo. Marruecos funge de satélite de Estados Unidos y Francia gracias a vuestra cobardía; siempre me he preguntado por qué teniendo a los saharauis y a Argelia, una potencia militar superior a Marruecos, del lado de ustedes se bajan los calzones ante el Gobierno de Rabat.

Parece que la India se deja querer por los rusos y los estadounidenses.

Los flamantes analistas suelen olvidar tres cosas: primero, la entidad y la geografía india es más que suficiente para hacer sus propias políticas, es la potencia dominante en el océano Índico, nadie puede hacerle sombra; segundo, los Gobiernos de la India no son idiotas, no van a ir a la guerra contra China porque lo diga EE.UU, eso significa su destrucción; y tercero y último, su enemigo principal no es otro que Pakistán, también una potencia nuclear. La India hace la política que le interesa.

Sin embargo, ciertos países de la región, como Pakistán y Sri Lanka, se están viendo muy afectados por la crisis económicas, ¿esto realineará las posiciones de los Gobiernos a sabiendas de los beneficios que puedan tener con una u otra potencia?

Ese cambio ya se viene produciendo hace un tiempo. El ejemplo más claro lo encontramos en quiénes se han adherido a la batería de sanciones contra Rusia; no más de un tercio de los países del mundo. El resto dio la espalda  a la OTAN y sus políticas represivas. No queremos que se repitan los sucesos de Irak, Afganistán, Libia o Siria; estamos cansados del trato inhumano con el que despachan a los refugiados asiáticos y africanos. El colmo de la irreverencia ha sido abrir las puertas a los ucranianos, y el otro día 23 inmigrantes han muerto en esa trampa mortal construida en la frontera de Melilla. ¿Creen de verdad que el resto de sociedades no notan el racismo subyacente? ¿Creen que os van a apoyar? El ministro de Asuntos Exteriores indio, Subrahmanyam Jaishankar, lo dijo bien claro el otro día: “Europa tiene que dejar de pensar que sus problemas son los problemas del mundo”.

Pero Pakistán recientemente cambió de mandatario, ¿con Shehbaz Sharif China debe preocuparse por un cambio de rumbo y un mayor acercamiento a EE.UU.?

Pakistán es una terra incognita, solo la comprenden las personas que se han adentrado en su particular historia. En los años 80, hizo la guerra a los talibanes, mientras, por el otro lado, los apoyaba; declaró la guerra al islamismo, a la vez que un tercio de su territorio servía de refugio a esos mismos islamistas. Ha dado a Washington palmaditas en el hombro y no ha dejado de armarse hasta los dientes con armamento chino. A la hora de la verdad, debido a la coyuntura de la región, apoyará a China.

¿No cree que China también debería desconfiar de Pakistán, entonces?

No. Entre China, Pakistán y la India existe un punto de equilibrio que a ninguno le interesa agrietar. Y este punto de equilibrio, sí que no se va a mover, porque los tres saben que un paso en falso traería consecuencias fatales.

¿Europa debería alinearse con China y Rusia y abandonar a EEUU?
Diría más, Europa solo podrá beneficiarse de los cambios internacionales que se van a producir si se inserta en su marco natural, este es, Eurasia. Si se hubieran destetado antes de los EE.UU, se habría creado una gran potencia euroasiática que iría desde Lisboa a Vladivostok, con un mercado inmenso y en la vanguardia técnico-científica. Por la mala elección, Europa es una península incomunicada como Corea del Sur.

Rusia ha entrado en default, las sanciones surten efecto.

Me asombra que sigan creyendo cosas así. El mundo no es solo Europa y Estados Unidos y creo que ha quedado bien claro cuando lanzasteis la terrible batería de sanciones con la que pretendíais doblegar a Rusia en dos meses, pero que en realidad solo ha seguido una tercera parte del mundo. Ni el rublo se ha devaluado, ni la inflación es superior a la de los países europeos ni mucho menos el país se derrumba, porque medio mundo, incluida China, sigue comerciando con Rusia. ¿De dónde sacaron que esas sanciones iban a debilitar a Rusia?

Al inicio de la invasión, el canciller alemán, Olaf Scholz, aseguró que entre los planes de la OTAN no estaban el de incluir a Ucrania como miembro, ¿por qué Rusia inició esa agresión?

No creas a los políticos. Desde el 2014 el ejército ucraniano estaba siendo armado por los Estados Unidos y asesorado por la OTAN. La intención era crear un monstruo de 900 000 soldados, que respondiera al mantra de odiar y destruir a Rusia. Por supuesto, el Gobierno ruso conocía lo que se cocinaba en el país vecino, por eso en diciembre del año pasado propusieron a la OTAN y a Estados Unidos sentarse a negociar y evitar la guerra. ¡La respuesta fue burlarse! Con seguridad, EE.UU. nunca hubiera permitido una situación parecida en México, ni siquiera un escenario similar al Euromaidán del 2014; habría intervenido directamente. Sin embargo, se juega a un doble rasero: Estados Unidos y la OTAN hacen lo que les da la gana y Rusia no puede mover un pelo para autodefenderse. La pregunta que debería hacerse la gente es la siguiente: ¿por qué Estados Unidos rechazó negociar con Rusia? En política internacional siempre se negocia, es la regla principal. Tengo la sensación de que esta guerra le está sirviendo a los Estados Unidos de tapadera para ocultar el Frankenstein que están construyendo ahorita en el Pacífico.

Entonces, ¿aprovecha EE.UU. la coyuntura para ampliar la OTAN? Emmanuel Macron dijo esa famosa frase de que la OTAN estaba en muerte cerebral, además, precisamente los desacuerdos entre Europa y Trump estaban relacionados con la intención de los europeos de crear su propio ejército.

No creas a los políticos. La OTAN nunca ha dejado de ampliarse, la última se produjo en 2017. ¿Acaso eso es símbolo de estar en muerte cerebral? La OTAN se ha seguido ampliando. El pleito con Trump se produjo porque EE.UU. había aprobado su política antichina y estaba destinando sus esfuerzos defensivos al Pacífico. Estados Unidos quería que se compraran sus armas, pues sus arcas mermaban. ¿Por qué crees que se inventaron el AUKUS? Para quitarle a Francia el contrato de 40 000 millones que tenía con Australia por la construcción de unos submarinos. Los Estados Unidos solo quieren hacer caja.

¿Qué papel juega Latinoamérica?

Ni América Latina ni África pintan nada en este conflicto, somos la periferia. De hecho, en un posible conflicto, sería nuestra oportunidad de crear nuestro propio espacio político y económico. En algún momento Estados Unidos nos tendrá que dejar en paz. Vamos, si algún jefe de Estado latinoamericano se le ocurre proponer una alianza con EE.UU., al día siguiente está fuera del cargo.

¿Y apoyarían a China?

Por lo general, nuestra simpatía está con Rusia y China. Hemos sufrido durante muchas décadas a los americanos, estamos hasta los huevos de los gringos.

¿Ve a Ucrania y Moldavia dentro de la Unión Europea?

Te anticipo otra cosa: cualquier acuerdo al que lleguen con Ucrania, Moldavia y Georgia será provisional y estará marcado por los acontecimientos del Pacífico. Si el poderío estadounidense se hunde, probablemente Ucrania, Moldavia y los países bálticos desaparecerán. Eso pasa cuando andas con malas compañías.