El profesor de historia en la Universidad Complutense de Madrid e investigador especialista en Europa del Este, José María Faraldo, ha publicado «Sociedad Z. La Rusia de Vladimir Putin» (Editorial Báltica).

Texto: David VALIENTE

 

Drones y misiles sobrevolando los cielos ucranianos y estrellándose contra las construcciones civiles; intentos desde el Kremlin de dejar a la población civil sin luz, agua y gas. Así continúa la guerra en Ucrania. Durante la Segunda Guerra Mundial, Japón empleó a sus kamikazes en un acto desesperado para tratar de hundir la flota americana que estaba causando grandes daños a la armada japonesa desplegada en el Pacífico. No es fácil, a priori, determinar si el alto mando ruso usa esta táctica como una acción desesperada o en un intento de devolverles a los ucranianos los golpes que su ejército ha dado recientemente en suelo ruso. La realidad es que el veni vedi vici no ha dado el resultado esperado: lo que se planteó como una operación relámpago de una duración inferior a dos semanas, lleva casi un año y ha costado la vida a miles de civiles y combatientes, a parte del desastre económico al que nos está conduciendo.

Para entender mejor a Putin y la sociedad que ha forjado durante estos 20 años, José María Faraldo, profesor de historia en la Universidad Complutense de Madrid e investigador especialista en Europa del Este, ha publicado Sociedad Z. La Rusia de Vladimir Putin (Editorial Báltica), una aproximación a los años 90 rusos y un intento de comprender porqué Rusia abandonó la vía democrática.

Geoffrey Hosking sostiene que Rusia antes que nación ha sido imperio, ¿está de acuerdo?

Es el gran problema. Entre los 1990 y 1991, Rusia intentó convertirse en nación, pero la construcción que hizo la URSS de una Rusia nacional era muy deforme e incrustada en una formulación imperial, por lo que los planes fueron un fracaso. Las élites nunca llegaron a sentirse cómodas en una posición nacional y están intentando revertir su situación.

 ¿Quién contribuyó más a la construcción nacional de Rusia?

Boris Yeltsin inició la construcción nacional de Rusia, aunque Mijaíl Gorbachov trató por  todos los medios de evitar la disgregación de las repúblicas, apelando a una unidad entre iguales. El fracaso del plan de Gorbachov se debe a las ansias independentistas de Yeltsin. Sin duda, los Estados bálticos no hubieran aceptado esta unión, pero el resto de repúblicas, incluso Ucrania, con la que se tendría que haber negociado, no habrían puesto muchos impedimentos. Sin embargo, Yeltsin proclamó la independencia porque los rusos decían sentirse agobiados por la coyuntura que presentaba la Unión Soviética. De hecho, para los nacionalistas rusos, librarse de las repúblicas bálticas y centroasiáticas era primordial. Putin miente cuando afirma que los extranjeros destruyeron la URSS.

¿Tal vez, se produjo una transición prematura?

A los historiadores nos cuesta hablar del qué pudo ser. Pero las líneas de tensión del momento evidenciaban una tendencia a mantener ciertos aspectos de la Unión. La independencia pura y dura se la sacó de la manga Yeltsin sin ninguna preparación previa y sin tener en cuenta los posibles riesgos que se podían correr.

Y, por supuesto, ‘de aquellos polvos, estos lodos’.

Los 90 fueron años complicados en Rusia. No se podía hacer uso de los mismos métodos de ingeniera social violenta, empleados en la construcción del Estado socialista, en el intento de pasar de una economía socialista a un capitalismo mainstream. Aun así, si tomamos como indicador el producto interior bruto y comparamos los años 90 con la actualidad antes de la guerra, la economía rusa ha experimentado un gran crecimiento. No sé hasta qué punto se puede calificar los años 90 como una debacle.

En su libro lo afirma: “En realidad, y visto con los ojos de hoy, los noventa no fueron tan malos”, pero ¿no es Putin el resultado de esos años?

Es un mito sobre el que se construye el putinismo. La versión oficial afirma que los 90 fueron un periodo de humillación y que diez años después, con Putin ya en el poder, se restauró la economía y el prestigio ruso. Los años 90 supusieron para los rusos una transición y como en toda transición se produjeron momentos de extrema dureza. No obstante, también creo que sin Putin la economía podía haber ido por otra dirección. De hecho, estaba creciendo, pero requería de mayor estabilidad y políticas más sólidas. Putin, en cierto modo, ya se encontró la ruta marcada. Si empleamos como espejo los acontecimientos de 1917 y la transformación socialista, encontramos similitudes con los años 90 en el hecho de que se empezó de cero, no había planos y nadie sabía qué camino tomar.

¿Putin ha sabido de verdad controlar a ese grupúsculo de mafiosos que apareció en la década de los noventa?

Les ofreció formar parte del poder. Cuando la calidad democrática fue disminuyendo, Putin repartió prebendas entre ellos. El inquilino del Kremlin no hizo nada que no se hiciera en el capitalismo primitivo en épocas anteriores. Otra cosa es que la integración se pueda considerar completa y ahora estamos viendo que no es así. Una parte de la élite rusa se manifiesta en contra de lo acontecido en Ucrania. Esto demuestra que la invasión ha sido ideada por una única persona, que va a fracasar en su tentativa. No va a ganar. Desconocemos si Ucrania quedará destruida o disgregada, pero Putin no va a vencer, está más claro que el agua.

¿Qué papel jugaron los conflictos chechenos en la configuración de la sociedad rusa?

El primer conflicto mostró la incapacidad de Rusia de controlar una parte de su territorio. Pasé un tiempo en Moscú, mientras la primera guerra chechena estaba abierta y vi que la gente no quería ir a combatir. Al final, las mediaciones dieron vía libre a la semiindepencia de los chechenos, pero Putin terminó con ella, entre otras cosas, por el empleo de operaciones de falsa bandera, una artimaña muy putinista. La sociedad chechena fue brutalmente “pacificada”.

Se oye decir en los medios de comunicación que la mentalidad rusa sigue volcada en tiempos de la URSS, ¿es así?

Cada vez menos. Putin ha rescatado una imagen de la URSS irreal, basada en el aspecto imperial y en el relato mitológico de la Gran Guerra Patria, obviando que el Ejército rojo sembró el terror allí por donde pasó. También ha negado la implicación de la URSS en el inicio de la Segunda Guerra Mundial, en todo caso, la guerra comenzó, según su versión, por la culpa exclusiva de los capitalistas nazis. Putin ha vendido a la sociedad una estabilidad relativa y comparable a la estabilidad de los años 60 y 70, bajo un halo derechista y conservador, llegando a reafirmar que en la Unión Soviética no había homosexualidad declarada o que se perseguía cualquier conato de liberalismo. Las encuestas muestran la nostalgia social, pero creo que si le preguntásemos a las personas, muy pocas dirían que añoran los años soviéticos. De hecho, en estos treinta años, desde la caída de la URSS, aunque los comunistas han jugado un papel social importante, nunca han ocupado el gobierno, cosa que sí han hecho los excomunistas en Hungría y Polonia.

¿Es cierto que Putin estima en menor medida la etapa comunista?

Putin repudia el sistema comunista, no la extensión territorial que llegó a conseguir durante su existencia. Salva del periodo stalinista la Gran Guerra Patriótica y la conversión de la URSS en potencia mundial, pero no quiere oír ni hablar de la colectivización de la tierra o del ostracismo a la iglesia ortodoxa. Desde luego, piensa que Lenin es lo más peligroso y el causante de la decadencia de Rusia. Quienes ven una continuidad discursiva entre el comunismo y el putinismo se equivocan. Otra cosa es que Putin sea hijo de la parte más conservadora de la sociedad soviética, una sociedad cerrada al exterior en la que no ves ningún extranjero por las calles de Moscú, como está ocurriendo ahora.

¿El proceso de rusificación se acelera?

La nación rusa se está creando a golpe de batalla, pero, ojo, la nación ucraniana también. No sé si Putin se dará cuenta de ello, pero la Ucrania que surja después de la guerra contará con una nación homogénea y una conciencia absoluta de su identidad.

¿Qué papel está jugando la iglesia ortodoxa en la Rusia de Putin?

Durante el comunismo entró en decadencia. Si pudo mantener algo de actividad fue gracias a que una buena parte de los clérigos sirvieron como informantes  a la policía secreta. Actualmente, la iglesia ortodoxa se ha convertido en uno de los pilares ideológicos y económicos, después de que le fueran devueltas sus propiedades y se le otorgara enormes privilegios. Así se entiende porque la iglesia le da todo su apoyo sin fracturas, apoyo férreo que, por otro lado, no encontramos ni en los estamentos militares ni en la élite política.

¿Fueron significativas las protestas del 2011 contra la reelección de Putin?

Esas protestas tambalearon al régimen de Putin. No esperaba que sobrepasaran los muros de Moscú y San Petersburgo y que implicaran a tantas ciudades. Lo que tampoco esperaba es que parte de esas clases urbanas tuvieran relación directa con el régimen, que tras las renovaciones y la liberalización implementada por Medvédev, no querían el regreso de Putin; lo consideraban un retroceso. Aun así, el inquilino del Kremlin, en estos últimos años, se ha encargado de deshacerse de los líderes de las protestas, los ha perseguido, los ha azuzado por la policía, les ha cortado las libertades y los ha obligado a tomar el camino del exilio.

Hablando de Dmitri Medvédev, durante su mandato mostró buena sintonía con Europa; en estos momentos su discurso es muy cercano al de Putin, ¿era un lobo con piel de cordero?

Ahora mismo es de los halcones más duros. Si hubiera sido tan cercano a Europa como aparentaba ser, habría hecho las cosas bien para que Putin no pudiera regresar. De todos modos, nos olvidamos de un factor fundamental, que también afecta a otros halcones: las sanciones económicas les han hecho perder grandes fortunas. Esto les ha generado mucha rabia, pero no podían seguir jugando a dos bandas.

En la sociedad Z, ¿qué función desempeñan las tecnologías?

Las tecnologías le han servido para estabilizar su dictadura. Se dice que en los primero compases de la guerra, las concentraciones fueron sofocadas porque la policía, que había estado espiando en la red, esperaba en la puerta de su casa a los cabecillas y los detenía. Estas detenciones se produjeron a gran escala, minimizando los efectos de las manifestaciones. En los últimos años, Putin ha empleado modos más sutiles de librarse de su oposición: los mostraba como una pandilla de locos sin conexión con la realidad. Este mensaje ha ido calando en las personas, especialmente si tenemos en cuenta que las televisiones rusas mostraban a algunos opositores gritando de manera estrambótica o celebrando conciertos punk en iglesias. Claro, la gente empezó a sentir rechazo hacia esos grupos.

“Se podría haber hecho más, mucho más para conectar a Rusia con el resto del continente”, dice en su libro. ¿Qué más podría haber hecho Europa?

Se podría haber creado instituciones comunes, haber permitido a los rusos mayor libertad de movimiento por Europa y haberles abierto el mercado, aunque la oferta no fuera muy atractiva. Precisamente, los alemanes intentaron acercar posturas entre Rusia y Europa con la construcción de los Nord Stream, a pesar de la cantidad de voces que nos manifestamos, incluso dentro de Alemania, en contra de la iniciativa. También se podría haber intentado integrar a las élites rusas, lo que presupondría que dichas élites quisieran integrase en Europa. Lo que no se debería permitirse es que el dinero ganado por la corrupción se invirtiera en el continente comprando yates, villas e invirtiendo en negocios. Ellos nunca se comprometieron en la integración. La famosa humillación de los años 90 por parte de la OTAN, no es otra cosa que pretender algo que la Unión Europea no puede ofrecer.

¿Hay un cerco por parte de la OTAN?

Por supuesto que no. La coyuntura de la guerra ha hecho que se extendiera un cerco, sí; pero antes era absurdo siquiera plantearlo. Rusia colaboró con la OTAN, en el Alto Mando de la organización había generales rusos (desconozco si ahora seguirán). En 2012, la OTAN declaró un partner estratégico con Rusia. Entender que eso es un cerco es paranoia y es también la manera de Putin de construir un enemigo común.

Putin ha decretado la movilización parcial de la sociedad, ¿esto cambia algo entre los rusos?

No parece. Aproximadamente 100 000 personas en edad de servir han huido del país para evitar la movilización. Putin ha hecho algo que ya hizo Stalin durante la Segunda Guerra Mundial: reclutar soldados de las regiones pobres (y donde hay minorías étnicas) del país. Al petersburgués, a lo mejor, la vida de un buriato no le importa tanto. Pero veremos qué sucederá cuando empiecen a morir personas.

Últimamente, por parte del Kremlin se está empleando demasiado la retórica de la bomba atómica, ¿cabe la posibilidad de que Putin se decida a emplearla?

Hace unos meses te hubiera dicho que Putin no emprendería la invasión de Ucrania; ahora no te puedo decir que no vaya a emplear armas nucleares. Putin es un enigma mayor que cualquier dirigente soviético. Yo creía que al haber sido socializado en el miedo atómico, ni se le pasaría por la cabeza amenazar con el uso de las armas nucleares; sin embrago lo ha hecho en varias ocasiones. Eso sí, si se le ocurriera apretar el botón, Rusia al igual que Europa entera estarían perdidas.

¿Qué futuro le espera a Rusia cuando acabe la guerra?

La guerra solo terminará cuando Putin desaparezca y quienes están detrás de él cambien su perspectiva sobre el futuro de Rusia. Y no descartemos este escenario. La guerra planteada en el 2014 por Rusia, la hubiera podido sostener durante décadas, apostando por la corrupción en esos Estados falsos y apoyando a las guerrillas, pero esta invasión, no; entre otras cosas porque destruir toda Ucrania parece una tarea muy complicada y en caso de poner contra las cuerdas a los ucranianos, la reacción de una parte importante de la sociedad con experiencia militar, muy nacionalizados y motivados, puede ser brutal para Rusia. Hasta que no se hunda el régimen putinista, Rusia no va a conseguir la paz. Y, por supuesto, nadie quiere la descomposición de Rusia. En los últimos coletazos de la Guerra Fría, el miedo se extendió entre las cancillerías por la posibilidad de que una disolución desaforada de la URSS provocara un Armagedón de guerras y un holocausto nuclear.