Gisela Martín, versos que luchan por curar

Los libros del gato negro edita «Desnuda, feroz y viva».

Texto: Enrique Villagrasa

 

Poesía viva y cálida, envolvente, es lo que usted, persona lectora encontrará en este libro: Desnuda, feroz y viva (Los libros del gato negro). Una poesía que es una apuesta por la vida. Una poesía que le echa un pulso al cáncer, sin ir más lejos: <<celebrando lo cotidiano,/ haciendo planes pequeños/ que saben a eternidad>>.

Una poesía que es capaz de sanar al mundo con sus versos: <<aferrada a esta verdad luminosa>>. Una poesía escrita con la mano tendida, abierta a la otredad, a la ciudadanía. Poemario que confirma a la poeta de raza que es y que ha venido para quedarse: a pesar del cáncer. Esta poeta es la profesora Gisela Martín Nagore (Zaragoza, 1975) y este es su segundo poemario, de 112 páginas brillantes, conmovedoras. También son versos que luchan por curar y se enfrentan al cansancio: <<palabras que curan/ cuando el cuerpo se cansa>>.

Un poemario escrito con la fuerza que da esa lucha por vivir <<con la calma de quien sabe/ que la vida, incluso herida,/ sigue siendo vida>>. Una poesía que me recuerda a esa zarza ardiendo, a ese ser siendo. Este tiempo, esta lucha, de Gisela emana de lo que está por venir, no de lo que fue: aunque también, pues siempre en la orilla el mar susurra suave diríase.

Su poesía es memoria, es mirada y es lenguaje: es su forma de decirlo, lo que nos importa: esa su expresión. Tal vez sería bueno que en las salas de oncología, en los hospitales, tuvieran ejemplares del mismo para su lectura, al igual que su primer poemario Glioblastoma, poemas de mi enfermedad. Pues belleza y verdad es la poesía de Gisela: <<Porque incluso en medio del vértigo/ la vida continúa>>.

La profesora Patricia Urraca de la Fuente señala en la contra del libro que <<es la demostración de que la literatura no es solo forma y adorno, métrica o retórica. La literatura es una herramienta de supervivencia. Esa supervivencia se manifiesta de forma milagrosa cuando la voz de Gisela se sitúa ante nosotros. He sido, además de su amiga, muchos años su compañera>>.

Y añade: <<Es una excelente filóloga y una excelente trabajadora. Es una gran profesora porque su docencia no termina nunca ni en la tiza ni en la nota de un examen, sino que se expande en esa necesidad de contar, de relatar, de hacer terapéutica la palabra. En estos versos veremos cómo nos narra que el dolor, cuando se comparte, pierde parte de su maleficio>>.

Para concluir con: <<Sus saberes no solo emanan de los libros de texto, sino de la autenticidad de quien ha decidido vivir cada segundo con una intensidad radical. Sus versos nos lo gritan: “No me habléis de futuros ni de miedos tardíos, / que yo tengo el ahora quemándome en las manos”>>.

 

 

La luz mínima

No esperes de mí

una luz grande.

No hoy

 

Hoy solo tengo

una chispa terca,

un latido que no negocia,

un <<aún no>>

pegado al fondo del pecho.

 

Y aunque sea pequeña,

aunque casi no se vea,

esa luz

no ha aprendido a apagarse.