Edgar Allan Poe, eterno y mortal

La reedición de los «Cuentos completos» del de Baltimore en la editorial Páginas de Espuma, con nueva traducción de Rafael Accorinti, abre de par en par las puertas del lado oscuro.

Texto: Pere Sureda  Ilustración: Arturo Garrido

 

Existen en español, hasta el momento, dos versiones de sus cuentos completos. La más conocida es la traducción realizada por Julio Cortázar en 1956 publicada por Ediciones de la Universidad de Puerto Rico, en colaboración con la Revista de Occidente, que fue después publicada por Alianza Editorial en 1970. La otra es la de Rafael Accorinti Gorollo, supervisada por Jorge Volpi y Fernando Iwasaki, que acaba de publicar la editorial Páginas de Espuma.

No dudo de la voluntad de Cortázar en trasladar la mejor versión posible de estos cuentos eternos, pero quisiera señalar que ser un gran escritor, maestro del cuento corto y gran narrador no implica que deba ser un buen traductor. También es el caso de Jorge Luis Borges.

Ya le sucedió a Cortázar en la traducción de Robinson Crusoe, que se ha demostrado fallida aunque muy probablemente porque el nombre de Cortázar actúe de cortapisa para cualquier debate. Pero esto no es una buena carta de presentación para un traductor. La demostración de que Cortázar en el caso del libro de Daniel Defoe sea fallida se demuestra, mejor dicho lo demostró la traducción de Enrique de Hériz para Edhasa, que además contó con el beneplácito de Aurora Bernárdez, mujer de Cortázar y la Agencia Literaria Carmen Balcells. De Hériz se tomó todas las molestias para no dejar en mal lugar a Cortázar, aunque su versión en dos volúmenes nos indique lo contrario. Probablemente Cortázar partía de originales cortados, embrollados, malos en general e hizo lo que pudo. En el caso de los cuentos de Poe no tengo constancia de ese hecho, pero no puedo dudar al decir que la lectura de la edición de Páginas de Espuma se lee con una fluidez y un ritmo casi perfectos. No es ese el recuerdo que tengo de la de Cortázar.

Esto viene a cuento de que siempre he mantenido que leemos las palabras, las frases escritas por el traductor, que con más o menos talento intenta expresar lo mejor posible el espíritu de la obra original. Por lo tanto el traductor es muy importante. No insistiré.

Vayamos al grano, que son los cuentos completos de este gran escritor que sigue siendo, leído hoy, un maestro de lo oscuro y un genial creador de atmósferas.

La cita, Berenice, El rey Peste, Ligelia, El diablo en el campanario, El hundimiento de la Casa Usher, La máscara de la muerte roja, El escarabajo de oro… Cuando se leen uno detrás de otro, queda la sensación de haber leído una novela por capítulos. Historias obabakoadas -de la novela de Bernardo Atxaga, Obabakoak– de un mismo territorio imaginario que se siente como real. Ese es el mérito de Edgar Allan Poe.

Esta edición tiene, además una breve introducción de escritores y escritoras contemporáneos, que en absoluto molesta. En todo caso, se puede recurrir al truco de saltárselas para seguir leyendo a Poe  y, una vez terminada la “novela”, leerlas con tranquilidad. Además, el epílogo de Fernando Iwasaki es ya un bellísimo cuento en sí mismo.

Termino con una frase de Mariana Enriquez sobre este libro: “Lo reclamo como el mejor capitán de la oscuridad. Él lo sabía, y lo sufría. Alguna vez dijo, y podría ser la voz de uno de sus personajes: ‘Muchas veces he pensado que podía oír perfectamente el sonido de las tinieblas, deslizándose por el horizonte.’”

Recuerden que siempre nos quedará Poe para enseñarnos el irresistible camino de la tiniebla.