La poesía no tiene edad. La poesía sabe esperar y siempre está ahí su luz, también su sombra. Pues bien, en este día de los Reyes Magos la poesía se hace palabra y se encarna en tres libros súper estupendos: Papi, no se puede pagar sin aliento (El sastre de Apollinaire) de Ricardo Hernández Bravo (El Paso, Isla de La Palma, 1966) e ilustraciones de Gabriela Janet; El traje de lo que no importa (Nórdica) de Sylvia Plath (Boston, 1932-Londres, 1963), con ilustraciones de Rocío Martínez y traducción de Xavier Fraga; y Érase un verso (poemas de hadas revisitados) (Nórdica), con selección y traducción de Lawrence Schimel (Nueva York, 1971).

 

 Texto: Enrique VILLAGRASA

 

En Papi, no se puede pagar sin aliento, el poeta Ricardo Hernández y la ilustradora Graciela Janet nos adentran en el diálogo, pensamientos y lenguaje de un niño y su padre, un yo poético bipolar diríase: “dime/ que más da mi inocencia/ o lo que de ella crees/ rescatar con tus trucos/ esa manía que tienes/ de copiarme la voz/ y hacerla decir luego a tu capricho”. Tal vez y solo tal vez sobren citas, aunque imagino que es un sentido homenaje a sus poetas y a sus lecturas. Lo que si logra este poeta es ser pedagógico y didáctico en su escritura, que bien vale la pena tenerlo en cuenta para llevar la poesía a las escuelas y colegios de aquí y de allí: “de lo dejado atrás/ de lo echado a perder/ no tengas pena// si te falta/ para cuadrar la hora/ tú pídele al niño/ y ya”. Dos voces de dos personas y un solo poeta, con maravillosas ilustraciones, que te envuelven y te llevan a ese otro mundo que es también el tuyo: el de la lectura y la reflexión. El de los pensamientos desde la cuna, infancia y primera juventud y de por vida: “entra/ que ya te toca/ papito despistado// o es que no sabes/ que el que no juega/ paga”.

En El traje de lo que no importa de Sylvia Plath, Rocío Martínez y Xesús Fraga nos llevan a conocer la historia de Max Nix, de siete años, siendo el pequeño de siete hermanos; pero, es el que ve a personas con diferentes trajes y por eso sueña con tener un traje para cada ocasión y un día llegará un traje a su casa, sus hermanos se lo prueban pero no les queda nada bien, por una u otra razón, y así es él el elegido por el traje amarillo mostaza, para más señas. Y a partir de ese momento serán carne y uña, irá con el traje puesto a todos los sitios: a la escuela, a pescar, en bicicleta, a realizar las tareas de la granja, y… todos los vecinos lo admirarán. Por lo que la moraleja podría ser no hagas caso de lo que digan y o piensen los demás, esto es muy de Plath, y tú a la tuya con tu conciencia y sentido común. Hay demasiados anémicos cerebrales y hemorrágicos verbales a nuestro alrededor: tontos útiles y demás bípedos implumes. Excelente traducción y magníficas ilustraciones, las que nos acompañan en este viaje existencial: “Max se puso su traje color mostaza/ para ir a esquiar./ Resbaló y se deslizó un buen trecho/ sobre el trasero, pero el paño/ era resistente y no se rasgó, así que/ ESO NO IMPORTABA”.

Y en especial Érase un verso, con poemas de una veintena de reconocidos poetas anglosajones a quienes interpretan otros tantos poetas de habla hispana, en edición bilingüe, con selección y traducción del reconocido autor Lawrence Schimel figuran poetas de la talla de Gaiman, Plath, Cohen, Sexton (2 poemas), entre otros, que son leídos por notables poetas de la brillantez de Morante, Bueno, Ferrandiz o Santolaya, entre otros también. Así pues, cabe decir que a la vez que leemos poemas de los grandes revisando cuentos de hadas clásicos, vemos también ilustraciones de otros grandes del dibujo y la pintura: cada ilustración acompaña a un poema o todo poema está acompañado por su respectiva ilustración, perfectamente imbricados. De ahí que podamos decir que entre ellos surge un magnífico diálogo. Tal vez, el mejor concepto de libro ilustrado, sin ir más lejos. Creo que son poemas que hay que releer, aquellos cuentos tal vez también, y este si es un libro de poemas que visitan cuentos para mayores; pues también los necesitamos: “(…) Es solo en el último siglo y en gran parte debido a las versiones simplificadas en dibujo animados de Disney, que los cuentos de hadas han sido destripados de elementos sexuales y violentos para relegarlos a las guarderías”. ¡Schimel dixit!

Son dos libros de poesía para niños y jóvenes, también adultos, no se vayan a creer, y uno solo para adultos, con bagaje lector, pues no dejan de sorprender: y para muestra estos versos por ver si les suenan o les recuerdan a un cuento famoso: “No sabes cómo fue/. Mi madre se casa con este holgazán que desaparece,/ después de unos pocos meses, dejando atrás a su pequeña/ Cenicienta. Oh, sí, Ceni intentará decirte/ que su padre murió. Ella es así, una mártir”.

¡Felices Reyes, personas lectoras e ilusionadas!