Las propuestas de lectura de nuestro crítico de poesía de cabecera para este invierno.

 

Texto:  Enrique VILLAGRASA  Foto: Librújula

 

La poesía es la única realidad que existe y estas y estos poetas que aquí reseñamos lo saben muy bien. También participan con pleno conocimiento de causa y descubriéndolo y descubriéndose los jóvenes dioses antologados, desde allende y aquende los versos. 2023 también será un buen año para la poesía. ¡No lo duden, personas lectoras!

Los cementerios flotantes (Carena) de Antonio Enrique (Granada, 1953), con prólogo del editor José Membrive, es mirada fascinada por la belleza, es memoria en agonía (lucha) y rico lenguaje en estado puro: calidad. Y todo bajo el palio del amor que ama y vive, hasta ese eco profético crepuscular que asombra. Me encanta esta inquietud espiritual y visionaria que es siendo, digna de elogio: preocupación por las personas y futuro: “Al fin, todos los cementerios/ navegan por el espacio”.

El empeño del manantial. Antología poética (Lastura) de Jorge Riechmann (Madrid, 1962), con selección y edición de Alberto García-Teresa, quien asegura en el prólogo que son poemas para tratar de entender, para tratar de ayudar, para tratar de vivir ahí donde es posible la vida y para hacerla posible. ¡Ahí es nada! Es un poeta que sabe de la vida, la observa, la hace suya, y ha aprehendido de ella: o sea ama. Busca ese vínculo más que sagrado con y en ella: “Poesía/ arte del vínculo”.

Cuando dejamos atrás lo posible (Baile del sol) de Alberto García-Teresa (Madrid, 1980) es la nueva propuesta poética de este francotirador, poeta crítico de élite, que en sus versos y viendo la vida apunta con ese pensamiento anticapitalista al neoliberalismo reinante en nuestras vidas. Es la disidencia poética. Pues: “La esperanza hoy/ es descubrir los agujeros del horizonte”. Es una intensa y bella poesía, impactante: “para acompañar y empujar un cambio radical de mundo”.

La belleza y la nube (Huerga y Fierro) de Teresa Agustín (Teruel, 1962) es el devenir telúrico del silencio, de ese quehacer demiurgo de esta poeta turolense que se dice y nos dice: “Después de todo, por qué no habré de cantar la belleza”. Esta poesía de lo cotidiano, de lo minúsculo, trae ecos franciscanos, de ese amor por la naturaleza, por la vida, de la que aprehende y aprende. Con ecos de los que están y de los que se han ido, que siempre acompañan. Es la poeta de la sencillez y la celebración.

Falla la noche (Bartleby) de Noni Benegas (Buenos Aires). Qué sería de las y los poetas sin la noche, de esos signos donde nos reconocemos. Y es que, tal vez, la noche y sus sueños sean esa realidad llamada poesía. Y estos poemas de Benegas dan buena cuenta de esto. Pues en ellos es donde se indaga, se pregunta y pregunta sobre esas fosfénicas imágenes que permanecen en las esquinas del verso, tan queridas y perseguidas: “La culpa es argumento/ para sentirse vivo…”.

La cesta del lobo (Ya lo dijo Casimiro Parker) de Raquel Ramírez de Arellano (Madrid, 1975). Creo que es su mejor libro de poemas donde demuestra que la poesía es esa mano alegre y juvenil, por eso incansable, que pergeña múltiples realidades, unas veces en forma de preguntas y otras en forma de propuestas sugerentes y sugestivas. En su poesía no tiene sentido la normalidad existencial: “un poema/ entre tus muslos/ encuentro un jardín de narcisos que dicen sí por vez primera”.

Todos los dioses. Antología panhispánica de poetas jóvenes del siglo XXI (Ultramarina y Bukowski), del antólogo Ivo Maldonado (Talcahuano, Chile 1978). Una selección justa y necesaria, deseada, buscada, perseguida, pues el presente y futuro de la poesía en lengua española del mundo está ahí y no solo como referencia. Para leer, conocer y estudiar, puesto que aquí, en estas más de 300 páginas, están esas voces (casi)secretas del mundo panhispánico al alcance de todos: desde Argentina hasta Uruguay, pasando por Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, España, Guatemala, Italia, México, Nicaragua, Panamá y Perú. Todas estas y estos poetas tienen “juventud de una granada” y escuchan “a las voces levantarse de su esencia”. Este primer volumen señala la evolución reciente de la escritura poética panhispánica, y es a la vez fruto de ella. ¡Ahí es nada! La poesía vive y está despierta y, además, la aquí recogida es conmovedora y emocionante y espero que pueda recorrer “por ti todos los campos”.

Así pues, estos y estas polivalentes, pluscuamperfectas poetas diríase, imbrican el exterior e interior de las personas, del mundo, del amor humano. Todo lo conocen, lo cantan y lo cuentan, con esa sencillez y sutil ironía poética, que celebra la vida por doquier: conocen que es un regalo, como su poesía lo es para nuestro cerebro. ¡Poesía en estado puro que sigue aprehendiendo de la vida! Su poesía es, no me cabe duda, mirada, memoria y lenguaje.

Y no se olviden de que las propuestas literarias anidan en revistas como esta y que los libros están en las librerías y hasta ellas hay que ir y mirar, buscar y adquirir: lo agradecerán. ¡Hay que leer más, por favor!