Tusquets edita el segundo poemario de Rosa Berbel «Los planetas fantasma«

Texto: Enrique VILLAGRASA

 

Los planetas fantasma (Tusquets) de Rosa Berbel (Estepa, Sevilla, 1977) es un poemario que despeja con su luz las sombras de cualquier existencia. Belleza y calidad, puro verano gozoso. Pura memoria con versos lapidarios. Es una poeta que no utiliza maquillaje en sus poemas, se enfrenta a la poesía y mantiene un pulso con el lenguaje, sin trampa ni cartón. Es ella misma en el margen, con habilidad y meticulosidad y todo está presente en sus versos: siembra y recolecta las dudas y certezas de la vida (salvaje). Marca cósmica: utopía; viaje y camino por recorrer: “el mundo era tranquilo, éramos simples,/ nuestros ojos brillaban todo el tiempo”.

El libro consta de tres partes, dos: La muerte natural: amor e ironía, por doquier y Cuando acabó la fiesta, con cita latina, que me encanta: Post festum, pestum et post coitum, tedium (añadido y subrayado mío) abre esta última parte un tanto apocalíptica; y la central que es gozne entre ambas: con un único poema extenso: La conquista del paisaje (el desierto y su travesía, por ese mar de arena hechizante, mágico, espiritual que trae ecos de Edmond Jàbes). Un libro escrito en estado de gracia, perturbador y emocionante a la par: “La destrucción es cósmica y minúscula./ Al mismo tiempo: cósmica y minúscula”.

Tal vez la visión de la vida que plantea este libro sea de un optimismo realista. En nuestra soledad esperemos haya un lugar para la esperanza. Creo que ese lugar sería la poesía, pues la poesía es nuestra única alternativa a la realidad y de esto no me cabe ninguna duda y más leyendo a Rosa Berbel. Seguramente y espero que el futuro nos haga rectificar, pues vamos directos al caos y las tinieblas. Hoy también la injusticia se ha hecho dueña del mercado y asistimos impávidos al hambre y la guerra, al frío y la miseria, a la tortura y al escarnio, al abuso de la fuerza y al abandono de personas en los mares. Pero, un viento de libertad trae a la poesía este Los planetas fantasma, o tal vez de sana y envidiable locura: “Una fiesta es un triunfo del lenguaje”.

Las personas lectoras decidirán ante la turbación y zozobra en las que nos sumerge la poeta Rosa Berbel, como en el excelente poema El final de los ritos: “Hemos llegado tarde. La casa está en ruinas.// Y el universo entra por el hueco/ en el que antes había una ventana”. La poeta escribe de y sobre su mundo: lo que le ofrece su propia vida, como quería Rilke. Elegía, incertidumbre, amor y sensibilidad en los poemas. Y abstracción y emoción latente al describir lo que ve y experimenta, lo que ama y pierde: “Solo a la noche estábamos despiertos”.

Creo que en la poesía de Berbel las palabras son hondas y suenan a verdad. De ahí que puedan ser grandes, de hecho lo son, sin ser soberbias, altas pero no altivas sin motivo. Y a estos versos a veces los deletrea la luz y a veces, sutilmente, los murmura la sombra. Pero hay en estos poemas, además, la trasparencia de la precisión y la nitidez de la autenticidad. También son sobrios a la vez que sensitivos y están grávidos de sentido y a punto de alzar el vuelo: “Y junto a ellas me tumbo/ en una nueva/ mañana luminosa”.

Este segundo poemario, de Rosa Berbel, con citas de Juan Luis Guerra, Ron Padgett y Raúl Zurita, me trae ecos de la poeta Djuna Barnes, quien dejó escrito: “El profeta cava con manos de hierro/ En las inestables arenas del desierto”. Que me han llevado a recordar aquellos versos del poema El final del verano de su anterior, brillante y premiado primer poemario Las niñas siempre dicen la verdad: “Pero sé que hay lugares/ en los que basta solo una palabra/ para encender el fuego”. Me seducen sobremanera los libros que me llevan a otros libros. Y me quedo con estas palabras de Jorge Luis Borges en Los conjurados: “Escribir un poema es ensayar una magia menor. El instrumento de esa magia, el lenguaje, es asaz misterioso”. Con los poemas de Rosa Berbel espero y deseo que recobremos el arte de la lectura de poesía: “No sé pedir perdón,/ hemos pasado a oscuras tanto tiempo…”

 

El Huésped

Viniste de otro mundo y te quedaste en mi casa.

Tu idioma impronunciable

tu cuerpo artificioso

eran ahora las únicas ideas naturales.

 

Al final del deseo comenzaba otra cosa.

Al final del deseo hay un deseo nuevo

al que nunca ha podio llegar nadie.

 

Por favor,

quédate un poco más conmigo

bajo la luna azul

de las celebraciones.