Carmen Hernández poetiza 30 cuadros de la pintura universal en «Verso sobre lienzo»

«El amarillo libros» Vincent Van Gogh

 

TEXTO: Enrique VILLAGRASA

 

Creo, sin temor a equivocarme, que la poeta accitana Carmen Hernández Montalbán (Guadix, 1967) tiene una visión tremendamente enriquecedora de los cuadros que poetiza en este conmovedor libro Verso sobre lienzo (Hebras de Tinta), pues en él realiza diversas críticas poéticas de arte, una para cada cuadro, de los 30 que hay, por medio del verso ágil y sencillo. Y esto es así puesto que Hernández es una poeta atentísima y conocedora de la pintura universal, como lo demuestra la selección de los cuadros y artistas: que hay más, lo sabemos; pero, no son estos: “Ante ti se inclina mi reserva/
y mi sensatez codicia tu audacia”.

Como creadora, la poeta sabe del quehacer demiurgo pictórico, plástico. Sabe del proceso creador de la creación de los artistas plásticos que trabajan con colores y formas, paisajes y paisanajes; y cual poeta sabe de la tensión que se origina entre el artista creador y la materia, que de por sí, puede contener o no un cierto grado de poesía, pero siempre es el talento artístico de la poeta en este caso, de Carmen, o del artista, claro, el único capaz de infundirle auténtica belleza estética, como hacen los pintores en los cuadros tratados en este singular poemario: “Con la angustia de la soledad,/
sentí que me atravesaba en diagonal la tarde”.

Sabemos que la lírica no tiene una métrica específica, que es la intuición del poeta la que la guía y Hernández Montalbán lo sabe; pero, también sabe de formas, estructuras y métrica. Hay un soneto curioso, entre otros: Círculo mágico de J.W. Waterhouse (1886): en el cuadro se ve un acto de brujería diríase: al menos hay una mujer cociendo un caldo en una marmita a la vez que traza un círculo de fuego en el suelo y observando los cuervos y los sapos: “su intuición ya deshace la maraña,/ incógnitas cifradas se delatan,/
el augurio se muestra trasparente”.

Para Carmen la ékfrasis (descripción verbal de una obra visual diríase) es un recurso en el que lo que se ve, lo que vemos, es pergeñado por el verso, o sea ese cuadro determinado, esa realidad (re)inventada, es la imagen buscada para ser verbalizada, y el lenguaje poético esta a la par frente al plástico. Hernández partiendo de un puñado de significativos y destacados cuadros de la pintura universal ha escrito un brillante poemario. El caso es que pintura y poesía se imbrican y la relación entre ambas artes, palabra e imagen, no es nueva en literatura. Si citamos al poeta clásico Horacio: “Ut pictura poesis” (La pintura es como la poesía). Y el gran Leonardo da Vinci solía afirmar que: “La pintura es poesía muda y la poesía pintura ciega.”

La poeta Carmen Hernández ha construido un poemario inteligente, estimulante y enriquecedor, cuya lectura agradecerán aquellas personas lectoras de poesía, puesto que además de disfrutar de la poesía misma con sus metáforas e imágenes les hará gozar más si cabe de la forma de interpretar y versificar los cuadros elegidos. La persona que conozca estas obras de arte, tras leer Verso sobre lienzo, los verá de otra forma y la persona que no los conozca se acercará a ellos por descubrir en ellos esos otros detalles que dice la poeta, que sin duda alguna engrandecerán su cultura. Cabe apuntar que esta mirada ekfrástica de la poeta nos ofrece un nuevo discurso: una manera de ver desde otra óptica el verso y la pincelada: “La mies, como una llamarada,/
flamea pidiendo a gritos la hoja de la guadaña”.

Y cabe señalar, también, que la ékfrasis literaria, poética en este caso, se basa en una idea no preconcebida de la obra de arte, que podría no existir y ser fruto de su imaginación. Pero, en este caso existen los cuadros y la mirada de la poeta Carmen Hernández es a la vez la de la persona creadora y la de la persona que visualiza e interpreta las sublimes pinturas, en un pulso a los lenguajes: palabra e imagen: “Recuerda, ha llegado la hora de las preguntas./ ¿Para quién?/
No subestimes esta interrogante”.

 

RAICES

de Frida Kalho

 

La tierra me abrió sus venas

y en ellas vertí mi sangre,

el dolor mudo paciente

y brotaron de mi pecho hojitas de enredadera.

 

En estos campos baldíos,

se dilataron las rocas como vaginas calientes

y copularon los grillos con el silencio nocturno.

 

Sangre de camaleón

quedó esparcida en el páramo,

colores de calabaza

manchan un lienzo de cal.

 

Postrada mudé la piel

y fermentaron en mi alma

los humores más exquisitos.