El historiador británico Laurence Rees publica «Hitler y Stalin. Dos dictadores y la Segunda Guerra Mundial»

 Texto: David VALIENTE

A sus 65 años, Laurence Rees no puede ocultar sus obsesiones. Durante décadas ha desvelados los entresijos de la historia concernientes a la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto y los desmanes de los dos grandes autócratas del siglo XX. “Crecí en una Europa dividida y en guerra fría, la única manera que tenía mi generación de entender el mundo que nos tocó vivir era comprender la Segunda Guerra Mundial”. El hecho de ser una guerra palpable, “podía hablar con la gente que la padeció”, le empujó a especializarse en todo lo referente a ese periodo turbio: “Esta parte de la historia cuenta con una serie de cualidades casi místicas que transcienden el maniqueísmo y se inserta en una verdad universal que también despierta el interés de los jóvenes”.
Nada más obtener su título en Oxford, comenzó su andadura con la BBC. Deseaba realizar documentales: “Las imágenes son buenas para mostrar emociones e ideas simples; pero si quieres un análisis más profundo, necesitas escribir libros”. Compaginó la escritura de libros con la elaboración de documentales en un momento crucial, pues los testigos casi habían desaparecido y la gente siente avidez por conocer los terribles sucesos de mediados del siglo XX: “Quiero que todo el material reunido en estas décadas sea accesible para todo el mundo. Ese material se revaloriza con el paso del tiempo y nosotros los periodistas podemos llegar a más personas que los académicos. En el caso del libro actual, Hitler y Stalin. Dos dictadores y la Segunda Guerra Mundial (Editorial Crítica) quería mostrar el intento de los dos dictadores de construir sistemas utópicos”.

¿Así que tras lo rimbombante del conflicto, se esconde el intento de construir dos utopías?                                 Por supuesto. La Segunda Guerra Mundial fue mucho más que un conflicto bélico, supuso el intento, sobre todo de Hitler, de construir una utopía. Hitler perseguía una ambición racial que le ha hecho pasar a la historia como el responsable de los tres eventos más importantes del siglo pasado: la invasión de Polonia, la invasión de la URRS y el Holocausto judío. Stalin no tenía una visión tan amplia, aunque quería reordenar la mentalidad de un imperio.

¿Cómo interfieren las experiencias de la Primera Guerra Mundial en la manera de afrontar la Segunda Guerra Mundial?
Hitler creía que su misión en la tierra era construir un imperio racial y para ello necesitaba la parte occidental de la Unión Soviética. Sabía que la guerra era inevitable, los soviéticos no le darían ni un palmo de tierra gratis. Sin embargo, Stalin era más oportunista y vio con buenos ojos que Alemania se enfrentara a Occidente.

Dicen que el Pacto Ribbentrop-Molotov fue una jugada maestra de Stalin.
Demostró su carácter oportunista. A la par que negociaba con los alemanes, intentó hacer lo propio con los ingleses. Una delegación británica se presentó en el Kremlin, no llegaron a ningún acuerdo, tampoco sé cómo uno de los mayores representantes de Occidente iba a entenderse con Stalin. Ribbentrop-Molotov fue posible por la buena sintonía de los nazis con Stalin; tras cerrar el acuerdo brindaron y el mandatario del Kremlin lo hizo por la salud de Hitler. Antes de que llegaran los fotógrafos, Stalin instó para que recogieran la sala, no fuera a ser, así lo expresó, que se creyeran que estaban borrachos cuando cerraron el acuerdo. El sentido del humor de Stalin.

¿Hitler subestimo a Stalin a consecuencias de lo ocurrido en Finlandia?
En Inglaterra se conoce muy poco la Guerra de Invierno, y me pregunto cuánta gente en Rusia la conocerá también. Putin juega a ser un historiador de la Segunda Guerra Mundial, pero no se ha dado cuenta que en su invasión de Ucrania ha cometido los mismo errores que Stalin en Finlandia. Hitler comentó a Mussolini en una carta que el gran error de la URRS era haber iniciado la invasión en pleno invierno. Él y los demás que se dieron cuenta de los errores de la URSS concluyeron que la estructura militar soviética era incompetente. En cambio, el ejército alemán mostró su extraordinaria flexibilidad. Pero hay una gran paradoja en esto: hoy se considera a Hitler un genio por haber invadido Francia del modo que lo hizo y un loco por haber hecho lo propio con la URRS. Sin embargo, los generales de Hitler pensaron todo lo contrario; para ellos la acción en Francia fue temeraria y como vieron su error, pensaron que la invasión de la URSS sería mucho más sencilla.

Da la sensación de que, dentro de los planes estratégicos de Hitler, el exterminio judío era tarea secundaria y que sus esfuerzos iban dirigidos a destruir la Unión Soviética.
Sí y no. Se obsesionó con destruir a la URSS, pero sabía que solo se conseguiría mediante la exterminación. En una carta dirigida a Mussolini comenta que está librando una guerra de exterminio y que invadir la Unión Soviética le había hecho espiritualmente libre.

La centralidad del Estado soviético en los inicios de la contienda causó problemas, pero difícilmente hubieran ganado la guerra sin ese férreo control del partido.
Exacto. Al igual que en la vida, todo hecho tiene un lado bueno y otro malo. La centralización estatal causó, en 1941, el desastre total, debido al titubeo de los comandantes en la toma de decisiones; pero, a su vez, les permitió producir grandes reservas de armamento. Por su parte, Alemania daba manga ancha a sus oficiales. Ellos sabían los objetivos, el modo de alcanzarlos era competencia de cada uno. En esto reside el éxito del ejército alemán. Pero a diferencia de los soviéticos, la falta de centralización causó problemas en la estructura industrial.

Si en un principio Hitler había conseguido dejar fuera de la guerra a los soviéticos, ¿por qué declaró la guerra a los Estados Unidos?
Podría escribirte un libro sobre este tema; pero, resumiéndolo mucho, con la declaración de guerra, Hitler asumía lo inevitable: tarde o temprano los americanos iban a entrar en el conflicto. De algún modo, sin declaración, ya lo hacían, pues sin su ayuda los ingleses no hubieran soportado tanto tiempo. Churchill y Hitler, ambos, lo sabían. Asimismo la declaración de guerra de los Estado Unidos a Japón aceleró las cosas, parecía que los americanos tenían ganas de interceder también en Europa; entonces Hitler por una cuestión de prestigio declara la guerra primero: una nación fuerte toma la iniciativa y comienza las hostilidades. Conectando esto con la actualidad, el trabajo de historiador es más sencillo que la labor política; los historiadores sabemos lo que pasó, mientras los políticos desconocen el resultado final de los acontecimientos. Creo que la historia nos advierte, no nos alecciona. Podemos sacar ciertas enseñanzas, por ejemplo, a Hitler la ayuda que Estados Unidos prestaba a Reino Unido le parecían síntomas de su participación en el conflicto; ¿en qué momento de la asistencia de la OTAN a Ucrania, Putin puede pensar que también se combate contra la OTAN? Yo no lo sé, tan solo soy un historiador.

En la Conferencia de Yalta, los aliados negaron muchas de las exigencias de Stalin, exceptuando entregarle Polonia en bandeja de plata. ¿por qué abandonar en manos de un rival un territorio por el que has entrado en guerra?
¿En realidad entraron en la guerra para proteger Polonia o para frenar la agresividad nazi? Polonia no es más que el punto de inflexión que empujó a Francia e Inglaterra a enfrentarse a Hitler y su política expansionista en Europa. Por otro lado, las negociaciones en torno a Polonia son muestras brutales de la realpolitik. De esta manera los grandes Estados deciden el futuro de los pequeños. Se sacrifica Polonia para contentar a Stalin, quien había soportado el peso del ejército nazi en el flanco oriental. Esta historia, también, desmitifica a Theodore Roosevelt. Si estudias su comportamiento en las negociaciones con Stalin respecto a Polonia, la imagen de gran tipo se cae y descubres a un político sin escrúpulos. Como cualquier gobernante puso los intereses de Estados Unidos en primero, segundo y tercer lugar.

¿El comunismo ha superado mejor la prueba del tiempo?
Fueron pocos los bolcheviques que derrocaron al zar; un grupo pequeño, unido, organizado y sin escrúpulos puede conseguir muchas cosas. La historia nos demuestra lo desastroso del experimento comunista, aunque muchos académicos defiendan que Stalin en realidad distorsionó las teorías de Marx. Pero, ¿alguna vez ha leído a Marx? Resulta pueril pensar que un día el Estado va a desaparecer simplemente porque vamos a ser buenos los unos con los otros; ¿quién puede creer eso? No querría vivir perseguido por una policía secreta que censure mi manera de pensar. El mismo Stalin reconoció en un discurso que el universo soñado por el filósofo alemán era irrealizable, siempre se requeriría de una policía secreta que recondujera el pensamiento de los individuos. Así que no se puede tener un país comunista si el mundo no lo es también y antes de que ocurra eso habrán tenido que callar a personas como yo que advierten a la gente de que es una mala idea. Hace unos 15 años, visité China. Preparé el viaje con la misma mentalidad con la que me aventuré en 1988 a hacer una serie de documentales en la URSS, pensando que tendría que llevar comida y que todo sería gris y triste. Cuál fue mi sorpresa al comprobar que en nada se asemejaba a la URSS, sino a Singapur. Yo le dije a mi guía: “Lo siento, he estado en la URSS y eso si era comunismo; este mundo moderno y rico no lo es”, y el guía me respondió: “Sí lo es, es comunismo a la China”.

¿Hay ecos de la Segunda Guerra Mundial en el conflicto actual entre Ucrania y Rusia?
En el hecho de que un país grande invada a otro pequeño. Putin no pretende crear una tercera guerra mundial, el conflicto en Ucrania es resultado de su obsesión histórica por el antiguo poder de la Unión Soviética; la visión de Putin es triste y melancólica, echa de menos la URSS que yo conocí en 1988. De todos modos su visión se ve truncada porque sabe que tocar una serie de países sería involucrarse en un conflicto directo con la OTAN, y Rusia no cuenta con la suficiente fuerza militar como para hacerle frente. A lo largo de la entrevista hice mención al conflicto actual en Ucrania, porque estoy leyendo sobre la cuestión obsesivamente. Además conozco ambos países, allí grabé documentales. También tengo amigos ucranianos, ellos tan solo desean vivir en un país democrático y ser miembros de la OTAN y la UE. Me he dado cuenta que un libro que escribí hace 15 años, Los verdugos y las víctimas, no tiene ningún sentido. Ahora todo el mundo ha descubierto lo frágiles que son las cosas; las instituciones que damos por sentadas pueden colapsar en minutos bajo ciertas circunstancias.