En su última novela, «Infierno en el paraíso» (Planeta), Clara Sánchez narra un viaje hacia la identidad inspirado en la opresión que sufren las princesas saudíes.

 

 

 

Texto: Daniela GIRALDO  BARONA Foto: Asís G. AYERBE

 

Clara Sánchez atraviesa el «jardín de invierno» del Westin Palace Madrid sin apartar los ojos de la cúpula que arropa la estancia. La escritora manchega me señala el gran cielo de cristal y la lámpara que eclipsa la parte central. Durante el breve trayecto que recorremos hasta elegir un sitio, vamos comentando lo bonito del lugar. Le cuento que es la primera vez que entro en el hotel. La cúpula se me antoja como un arcoiris vidrioso en el que los rayos de un sol cálido vierten su energía y, por un momento, me parece lo más ruidoso del lugar. A primera hora de la tarde el ambiente está tranquilo. El camarero nos brinda una mesa apartada, al fondo del salón. En la intimidad de ese rincón del hotel comenzamos a charlar sobre Infierno en el paraíso (Planeta), la última novela de Clara Sánchez, una escritora con más de treinta años de trayectoria literaria, que ha publicado quince novelas y vendido más de dos millones de libros. Su obra, traducida en veinte países, ha sido galardonada con el Premio Alfaguara, el Premio Nadal y el Premio Planeta, entre otros.

En Infierno en el paraíso se inspira en la historia de Latifa y otras princesas saudíes. ¿De dónde surge su interés por la vida de esas mujeres?

De la realidad misma. Todas mis novelas nacen de algo que me llama la atención, que pasa desapercibido y que en el fondo es sorprendente. Hace tiempo me venía fijando en esas princesas de Arabia Saudí, de esos países del Golfo. Princesas muy ricas que intentaban fugarse corriendo unas aventuras rocambolescas y arriesgando su vida. En las noticias aparecían en un recuadro. Me parecía increíble que se abordara el tema como si fueran unas chicas caprichosas, ricas, que en un acto de rebeldía se escapan de su casa. Nada que ver. Lo hemos visto en el caso de Latifa. Su aventura empezó en el año 2000 cuando intentó escapar con su hermana Shamsa. Se me quedó en la mente. Hay una larga lista de princesas y pensé que cualquiera de estas mujeres era un “personajazo” literario.

En su novela recrea Marbella como un espacio mítico, de lujo, yates y jeques. ¿Ese reflejo es real?

Sí, es la impresión que a mí me dejaba. Todo se desarrolla en un espacio mítico porque he elegido aquello que me servía para crear la Marbella que todos tenemos en mente: la del lujo, derroche y glamour. Deseché la parte que no me interesaba, la más turística, la de la corrupción, y me quedé con la Marbella que me permitía escribir la “cara b” de un cuento de Las mil y una noches. Me fascinaba que verano tras verano aterrizara allí aquel séquito con coches de lujo, jets privados y yates atracados en Puerto Banús. Un lujo impresionante. La familia real saudí posee un palacio en Marbella y otros jeques también tienen palacios allí.

Respecto a la vida de su personaje Amina en el palacio marbellí, ¿cómo se ha documentado para trasladar esa situación al lector?

La novela está muy documentada porque, evidentemente, he investigado todo lo que he podido sobre estas princesas. Pero es una novela, no es un ensayo, ni una tesis doctoral. Para crear el personaje de Amina parto de la realidad de esas princesas que hacen lo que sea por escapar y que corren muchísimo peligro. Y Amina se parece físicamente a Latifa porque se me quedó su imagen, pero en la novela no es ella. Me gustaría despejar de la cabeza de los lectores esa confusión, hay lectores que van buscando información y una novela es narrativa.

Su protagonista, Amina, intenta cambiar de vida, huir de la opresión de palacio.

Amina es una chica que vive recluida en el lujo, en un palacio, pero que no ve más allá de lo que tiene a mano. Llega a Marbella y ve chicas ligeras de ropa, que se besan con chicos, que van en bicicleta alegremente y, de pronto, quiere ser una de ellas.

La otra protagonista y narradora de la novela es una joven occidental, Sonia Torres. ¿Podría contar esta historia otro personaje?

Descarté que la pudiera contar otro personaje. Se quedó Sonia porque era los ojos de todos los que accedíamos a un mundo que nos resulta incomprensible, misterioso. Que, por mucho que nos metamos en él, siempre lo veremos desde nuestros parámetros occidentales. Me parecía perfecta porque es una chica joven, porque nos lo va a contar con ojos asombrados y porque nos va a descubrir cosas, destellos, que solamente puede revelar alguien que no esté acostumbrado a ver esas cosas.

¿Es un personaje sin ambiciones que se autoboicotea constantemente?

Sonia es un personaje más ingenuo que Amina. Viene aletargada porque la vida no le está ofreciendo oportunidades. Cuando la vida no nos da nada, de alguna manera, empezamos a desganarnos. Su padre murió cuando era pequeña. Luego ha estado trampeando con la vida. Cuando empieza la novela tiene la sensación de estar predestinada a fracasar, por eso se boicotea constantemente. Esa sensación es tan fuerte dentro de ella que, cuando llega al hotel y habla con el gerente y nota que él le abre una oportunidad, ella misma siente rechazo.

Sonia no está acostumbrada a tener suerte ni ver recompensado su esfuerzo. ¿Ese sentimiento le viene de su situación familiar?

De niña le viene una desgracia encima y no todo el mundo es muy resuelto, también somos débiles y frágiles. Luego ve que su madre tiene que trabajar muchísimo para sacarla adelante. Y las oportunidades que tiene no son ni oportunidades, es supervivencia pura y dura. Lo mejor que le viene en la vida es la sustitución de camarera en el Beach Club. Cuando llega a Marbella, ella empieza a meterse en la identidad de su amiga y piensa «qué cómodo estar en la piel de otro».

De existir un tipo de envidia sana, ¿sería la que caracteriza Infierno en el paraíso?

No. Es la envidia de querer lo que tiene el otro, de querer ser el otro. En esta novela, aparte de la libertad, del amor, es muy importante la identidad. El hecho de que, a veces, cuando envidiamos mucho a alguien o pensamos que el otro tiene lo que a nosotros nos gustaría tener, nos cambiaríamos por esa persona.

¿Su personaje Sonia huye de su vida o más bien intenta encontrarse a sí misma?

Yo creo que ella lo que hace es un viaje en busca de su identidad, aunque no lo sabe. En principio, ella simplemente lo que quiere es huir, alejarse de su vida de precariedad. Aunque luego se asusta y dice “esto me viene grande”. Es como cuando nos marchamos de viaje y decimos “quiero desconectar”, estamos huyendo un poco de la rutina. Lo que pasa es que luego va a vivir una aventura que ni se imagina. Esto también nos pasa en la vida. A veces hacemos algo banal, que creemos que no tiene importancia, y se nos viene encima un cambio de vida tremendo. Y ahí se va a dar cuenta de los recursos internos que tiene y, sobre todo, de una cosa muy importante: se va a dar cuenta de que ella tiene la capacidad de decidir, porque no había valorado su libertad.

Y eso se lo enseña Amina…

Se lo enseña en parte Amina porque se descubre a través de ella. Y Amina se descubre a través de Sonia. ¿Sabes lo que de alguna manera estoy diciendo en esta novela a través de esta fábula? Que todo lo que aprendemos en la vida, las cosas más importantes, las aprendemos a través de otra persona. Las emociones las aprendemos de los demás: la tristeza, la alegría, la decepción… Todo lo registramos en las caras de otras personas. Sonia, en esta aventura que corre, va a aprender muchas cosas a través de otras personajes: de Karen, de Amina o de Fabián.

Veo un paralelismo entre dos personajes secundarios: David y Teo. ¿Confirman eso de que el amor romántico es un lastre?

Absolutamente. David es el típico cantamañanas del que tienes que descubrir que es un cantamañanas. Al principio es resuelto y muy vital. Como Sonia está aletargada, el hecho de que llegue a su mundo alguien vital, con ideas, propuestas, le viene muy bien, le da fuerza tanto a ella como a su madre. Pero es que las arruina, es un lastre. Y Teo, evidentemente, es más que un lastre. A través del amor romántico, lo vemos en la novela, se puede ejercer la mayor manipulación. Es uno de los temas sobre los que yo siempre hablo en mis novelas: la manipulación de uno sobre otro. Y qué mayor manipulación que la que se puede dar a través de un sentimiento tan grande. Tú te enamoras de alguien y lo que ese ser diga va a misa, pero puedes estar cayendo en lo peor. El amor romántico es muy peligroso, hay que tener mucho cuidado con él porque es una droga.

¿A qué personaje de Infierno en el paraíso guarda especial cariño?

Me encariñé mucho del personaje de Fabián porque es un hombre al que, como hacemos con mucha gente, juzgas a primera vista. Pero no somos lo que parecemos. Le ocurre algo en su vida que hace que se “desnude”, porque todos los personajes de esta novela van como enmascarados. Entonces empieza a salir el verdadero Fabián, con esa mirada penetrante, melancólica y tierna que produce el dolor. La gente a quien le ha ocurrido algo muy doloroso en la vida tiene una mirada magnética. Y, de pronto, se convierte en una persona tremendamente atractiva porque deja aflorar toda su sensibilidad y debilidad, todo lo que arrastra.

¿Qué poso deja en Clara Sánchez esta novela?

Me ha aportado muchísimo esta novela. Me ha pasado un poco como a Sonia, me he dado cuenta de que a veces en mi vida he tenido como un velo por dentro. Hay mujeres que llevan el velo por fuera, pero las occidentales, mujeres como yo que además tenemos una profesión o que no tenemos porqué no ser libres del todo, a veces llevamos un poco ese velo por dentro. He creído que tenía que ocuparme de responsabilidades que me ataban muchísimo en la vida. El hecho de que seamos dueñas de nuestra vida no quiere decir que no tengamos muchas presiones que también nos hacen dependientes sentimentalmente. Y ahí podemos poner el amor romántico. Me he dado cuenta de que he llevado a veces un poquito de velo por dentro; lo que pasa es que en el momento no lo ves. He aprendido que la libertad tiene su precio y que no es cómoda. Por eso hay mucha gente que aguanta con la pareja carros y carretas, porque la libertad es el abismo. Eso es lo que todos estos personajes me han enseñado.