Deja inédito «El arrojo de vivir», una antología de poemas de amor.

 

Texto: Enrique VILLAGRASA

 

Trinidad Ruiz Marcellán, la editora de Olifante, casa de Ángel Guinda, me anunciaba el día 22 de enero a las 8,57 horas que El arrojo de vivir se publicaría próximamente y adjuntaba una fotografía de Ángel y la canción Adamar en youtube, poema de Guinda, que José Antonio Labordeta (musicó) y María José Hernández cantaron: el poema está incluido en la antología que nos ocupa. Y el pasado sábado día 29 por la tarde, el poeta desencarnaba en Madrid, no salgo de mi asombro; la noticia me la dio otro poeta, Óscar Ayala, quien suele decirme pensando en Ángel, que “vale más maño que fuerza”. Guinda nació en Zaragoza en 1948. Una vida consagrada por y para la poesía, la de este poeta del espíritu humano. Y si en sus poemas arde ese fuego tenebroso y no otro, en esta antología de poemas de amor, con certera selección y notas de Raquel Arroyo Fraile, brilla el más grande poeta romántico que amaba por encima de todo.

La antología se abre con unos versos de la poeta Trinidad Ruiz, como no podía ser de otra manera: “Un poema de amor es acercarse./ Un poema de amor es una bala directa al corazón”. 34 poemas conforman este poemario inédito. Desde Las claves del mañana hasta El abrazo. ¡Ahí es nada!

El poeta en el poema Otra forma de amar dice: “Saber que estás conmigo/ sin dejar de estar en ti./ Hay amor sin presencia./ Quererte/ como te quiere la vida:/ dejándote vivir/”. Toda una declaración de amor para quien aseguraba que “Me he fumado la vida/ como el tiempo se me ha fumado a mí”. Quien explicaba que: “Morir es no volver a estar/ -a la misma hora-/ en los mismos lugares,/ con las mismas personas”. También en su poesía era claro al hablar de la sociedad que nos ha tocado en suerte: “Profundamente grito un no rotundo./ Yo no quiero vivir en este mundo”. Y se fue, y se calló, nos dejó, como siempre hacen los que más tienen que decir, me comentaba el poeta Simeón Martín, recordando Ángel. Pero, es tiempo de amor en este arrojo de vivir, pues él ha estado con nosotros para darnos: “Y te daré mi alegría, mi tristeza,/ mi serenidad, mi inquietud”. Como son sus poemas, vida pensada para el otro; aunque hoy estemos un poco más huérfanos, como aseguraba el también poeta Nacho Escuín.

Ángel Guinda fue un poeta existencial, amante de la vida y de la muerte, a la que no le tenía miedo: “Abrázate al estremecimiento./ Ya viene el terremoto”. Y bien puede decirse que vivió y así lo confesaba en esos deslumbramientos y en esas recapitulaciones. Si el tiempo pasa igual para todos, llega un momento en el que el poeta se mira y ve que: “Su ausencia sigue siendo un espejo embrujado”. Era el poeta que nos dijo: “Como hambre y bebo sed con todos/ los condenados a escarbar la nada”. Y en El arrojo de vivir canta y cuenta que: “Mi corazón de cristal gotea rojos pétalos:/ si los recoges con tus manos se convertirán/ en perlas/ que los pobres venderán por las calles/ para dar de comer a sus hijos”.

Cabe apuntar que, a través de su trabajo y su compromiso por la vida hemos encontrado siempre en la poesía de Guinda la labor de un poeta vital y pendiente del otro. Su poesía es un camino hacia la búsqueda de la esencia, exploró el mundo a través del lenguaje y escribió sobre las circunstancias cotidianas. Su poesía trasciende lo común e inmediato, es un tratar de entender la identidad y esencialidad del ser humano. Sus poemas, y los de amor más si cabe, se basan en la experiencia y en la otra realidad circundante. Reflexiona sobre la modernidad y la cotidianidad, sobre el caos imperante. El verso es quien hace llegar esas verdades y entre susurro y murmullo se deja entrever el clima de conflicto existencial en el que vivió, denunciando esa supuesta modernidad a la que hemos llegado con el control imperante: “He reinventado el aire/ para que puedas verme en la distancia,/ alcanzarme como un obús de sol./ He puesto el horizonte en la acera de tu/ casa./ Ya sube la marea:/ no es niebla, es vapor, es un espejo/ hecho con los escombros de nuestros/ muertos”.

 

OSCUROS AMANECERES

Qué claras noches de placer

han sido.

Qué claro amor oscuro.

 

No tiembles si despiertas

en soledad de oscuros

amaneceres.

 

En el azul del cielo habrá

una estrella,

y en la tierra un camino.

 

Ve contigo.