La poesía catártica de Marta del Pozo

Bartleby publica el premiado «Nigredo» de la poeta Marta del Pozo.

 

Texto: Enrique Villagrasa

 

Sorprendente e inteligente poesía para perderse en y con ella y que llega premiada y avalada por poetas del jurado del Premio Iberoamericano de Poesía “Entreversos”, II edición, que la editorial Bartleby ha sabido aprovechar. ¡Ahí es nada! Ecopoesía reivindicativa, de la naturaleza, del ser mujer, del amor y del dolor, del vivir esta nuestra existencia. Hasta llegar a cantar, contar y proponer, una señera apuesta: <<Cortemos todos los hilos, que nuestro amor no precisa de un nosotros para dar sus frutos>>. Poesía para nunca perder la capacidad de asombro diríase.

La autora, la poetisa Marta del Pozo (Avilés, 1980) estudió Filología Inglesa en la Universidad de Oviedo, tiene un máster en Escritura Creativa por la Universidad de Nueva York (NYU) y un doctorado en Literatura Española por la Universidad de Massachusetts-Amherst, donde ejerce la docencia. Ha publicado los poemarios Escuela de geómetras (Devenir, 2015) y Hambre de imágenes (Alhulia, 2016), Premio Internacional de Poesía Antonio Gala. Obtuvo el Premio “Entreversos” de Literatura Iberoamericana por Nigredo (2017), con un jurado integrado por los poetas Raúl Zurita, Juan Carlos Mestre y José María Zonta (Costa Rica. Premiado en la primera edición del concurso). Los poemas de Marta del Pozo han aparecido, entre otros, en la muestra de poetas hispanounidenses de la revista Guaraguao, revista de cultura latinoamericana (nº 78, 2025); en Acento: antología poética para el siglo XXI (RIL Editores, 2024); en la revista Aérea (Chile, 2020); y en la Galla Ciencia: el octavo pasajero (2018). Ha traducido al español obras de autores como James Joyce, Richard Jackson, Robert Bringhurst y Jenny Xie. Dirige el proyecto editorial neoyorquino Quantum Prose.

Según el poeta Juan Carlos Mestre, bajo la invocación del nigredo alquímico, Marta del Pozo propone en este libro una averiguación crítica del lugar de la poesía en la sociedad contemporánea. Siguiendo el correlato de un viaje tan mistérico como reveladoramente apasionante, la poeta se adentra en las transformaciones del lenguaje para ampliar los horizontes significativos del porvenir. Lo hace enfrentando al lector a un espejo lingüístico donde se refleja una ausencia -la sombra dialéctica de cuanto aún pervive en el lugar distópico de la memoria -, y la imprescindible vocación ética de la conciencia de la otredad: el ser esencial de la infancia, los límites del recuerdo y la presencia conmovedora de los antepasados.

Nigredo es también un mapa simbólico habitado por los transterrados de toda condición, un lugar de acogida para las víctimas en cualquier circunstancia de la historia. Es posible, claro que es posible, escribir poesía después de Auschwitz, cuando la poesía está ahí para subrayar un desafío: el de la alta tarea de hacer de la palabra un refugio decoroso, una consoladora gravitación moral sobre el olvido, un acto de delicadeza y resistencia del saber humano ante la fugacidad de la existencia y la inconmovible duración de la muerte.

Por su parte, el también poeta Raúl Zurita afirma que Nigredo recoge lo más profundo de una tradición de yoes y nos hace un relato que conmueve y renueva nuestra mirada sobre la poesía y sobre las cosas.

No seré yo quien les quite la razón a estos sabios poetas, tan solo añadir que, he disfrutado mucho con la lectura de este magnífico poemario y también me ha turbado; que me ha llevado por esas geografías tan significativas como Soria, Polonia y Portugal, por ejemplo, que nos traen ecos de Antonio Machado: <<¿Y si me quedo por siempre en Soria?>>, Copérnico: <<Un ángel sentencia y se aleja por donde vino;/ en el punto exacto de la plaza de Copérnico>> y de Fernando. Pessoa: Uma janela em Lisboa (Punto de observación general o ventana que se abre…). También de Juarroz con todas sus citas y de Leonard Cohen: <<Como un pájaro en un alambre,/ Como un borracho en un coro de medianoche,/ he intentado a mi manera ser libre>> y sus citas de Horacio: <<No porque el hombre salga de su casa sale de sí mismo>>, y Marta: <<O vivir desde una estrella oscura>> y de Poe: <<Salir de aquí es mi meta>> y Marta nos dice: <<Habitar la casa de los dioses con los sonidos del hombre/ a las puertas de la Iglesia de la Metamorfosis>>; y significativamente de Artaud: <<Quisiera hacer un Libro que trastornase  a los hombres, que fuera como una puerta abierta que los llevase a donde nunca hubieran consentido ir; una puerta  simplemente encajada en la realidad>>. Y Marta del Pozo lo logra y expone en sus poemas: <<No importa ante qué puerta me halle: la entrada está siempre dentro>>. Y más adelante añade: <<Decidir si esa puerta (ese conhecimento) se abre o se cierra>>.

Y sé, al menos tengo la sensación, que este libro tras leerlo no me ha dejado y no sé si es una suerte o estoy a punto de ser puerta abierta para que me devore más aún esta señera y singular poesía que apuesta por la vida y la naturaleza: <<Cómo no amar/ toda tu negra ecología,/ tus viscosos vericuetos/, tierra/ llenos de vida y multiplicación>>. Esos ecos del Génesis y otros ; y no hablamos del pretexto de la transmutación alquímica de la materia: nigredo, albedo y rubedo. Que como en poesía esa trasmutación es la justa necesidad de sacar de la mente y de la literatura aquellas máximas trasnochadas que no nos dejan desarrollarnos y potenciar nuestra ecología emocional: <<Pues soy piedra gravemente herida que, gravemente, vive y desciende>>.

De verdad, personas lectoras, lean este libro: lean este su arderse en preguntas, lean este homenaje a Roberto Juarroz; lean sus poderosos poemas en prosa, lean sus inteligentes versos, no les defraudarán: <<A fuego lento entre un mantel y un cielo:/ toda mi esperanza>>. Nigredo es un libro donde también vale la pena encontrarse, pues ya la dedicatoria da cuenta de ello: <<A mi madre,/ mi vacío más pleno>>: oxímoron tras oxímoron: arden carámbanos de fina ironía, pues: <<La única metafísica a la mesa/ es la que recorre la dulzura de mi sangre>>.

 

VIII

 

Una violeta mojada

entre las piedras del monasterio de San Juan,

un nueva forma de mirar un pétalo

entre las piedras.

 

Así, el alma

en la pequeña ermita, reposa

como reposa mi sombra

al lado izquierdo del altar.

 

Una sombra por la propia sombra perseguida.

 

Algo tan matemático: esta adherencia,

tras la batalla en el mundo de la luz