Investigadoras de armas tomar

Las heroínas de Susana Hernández, Rosa Ribas y Claudia Piñeiro desafían los viejos estereotipos femeninos.

 Texto: Redacción

 

Aunque la protagonista de su más reciente novela, Secrets ofegats (La Campana), sea una sargento de los Mossos d’Esquadra llamada Laia Vilanova, la barcelonesa Susana Hernández debe buena parte de su fama negra a Rebeca Santana, subinspectora de la Brigada de Homicidios y Desaparecidos de la Policía Nacional que protagonizó, entre 2010 y 2015, la trilogía que integran Curvas peligrosas, Contra las cuerdas y Cuentas pendientes. Al igual que muchos de sus pares masculinos, Santana arrastra un trauma familiar, “la gran tragedia”, que a los 9 años la obligó a irse a vivir con sus abuelos al apartamento de estos en el barrio del Carmelo. Esa dura iniciación a la vida la ha convertido, cómo no, en un personaje de claroscuros, cargado de humanidad, que combina una fachada severa, incluso expansiva (es dueña de una Harley-Davidson Heritage Classic), con momentos más vulnerables en la intimidad. Su relación con la también subinspectora Miriam Vázquez, inevitable en lo profesional pero tirante en lo personal por la arrogancia de la segunda (no en vano la apodan “La Marquesa”), es otro de los puntos fuertes de la saga, en la que ambas han investigado el asesinato de dos jóvenes discapacitadas, los crímenes de un violador y asesino en serie, y un caso de trata de menores. Santana fue reconocida con el galardón al mejor personaje femenino de novela negra en los Premios LeeMisterio de 2012. Y su creadora participará en una mesa redonda del festival BCNegra de este año, la que lleva por lema “El pasado siempre llama dos veces”, que tendrá lugar en el Mooby Bosque el día 7 de febrero.

 

Ese mismo día y en idéntico escenario, solo que una hora más tarde (a las 13 en vez de a las 12), Rosa Ribas se unirá a Ariana Harwicz y Teresa Cardona para tirar del hilo de uno de esos títulos de mesa redonda que representan por sí mismos una auténtica novela de misterio: “No sabía que podía hacerlo”. Ribas, nacida en El Prat de Llobregat pero que vivió muchos años en Alemania, ha legado al género negro patrio otro de sus grandes personajes femeninos de este siglo XXI, Cornelia Weber-Tejedor, hija de alemán y gallega, que es comisaria del Polizeiprësidium de Fráncfort y ha protagonizado hasta la fecha cuatro novelas (Entre dos aguas, Con anuncio, En caída libre y Si no, lo matamos) y un relato (Angelitos negros, en la antología Fundido en negro). Mientras Susana Hernández ha asegurado que Rebeca Santana tiene poco y nada de ella (“Es más lista y liga más, pero yo vivo mucho más tranquila”, dijo en el blog del Dr. Goodfellow), lo cierto es que podemos encontrar bastantes ecos de Ribas en Weber-Tejedor, comenzando por ese mestizaje cultural hispano-alemán y acabando con su carácter de zurda, sin olvidarnos de su sentido del humor a la hora de abordar la enfermedad y su pasión por los donuts (“Me pirraban –nos confirma la autora por WhatsApp–, pero lo he dejado. Fue duro. Cornelia también los habrá dejado, supongo”). En su serie más reciente, la que protagoniza la familia Hernández y su agencia de detectives de barrio (con cuatro títulos también: Un asunto demasiado familiar, Los buenos hijos, Nuestros muertos y la reciente Los viejos amores), encontramos también a diversos personajes femeninos con mucha calle, mucha astucia y muchos secretos: Lola, la matriarca, y las hermanas Amalia y Nora. Para alegría de los amantes de la saga, Ribas nos cuenta que, aunque en otoño vaya a publicar una novela nueva “suelta”, los Hernández volverán tarde o temprano con una quinta peripecia.

 

Hernández y Ribas juegan en casa, pero casi podría decirse lo mismo de la argentina Claudia Piñeiro, que ya recibió el Premio Pepe Carvalho del festival en 2019 y que lo visitará, si no nos fallan las cuentas, por tercera vez. Su última novela, La muerte ajena (Alfaguara), tiene como heroína a Verónica Balda, una periodista de investigación que comienza abrazando el dicho aquel que reza que “en casa del herrero, cuchara de palo”, pues duda a la hora de indagar en la muerte de su propia hermana, quien se ha precipitado al vacío desde el apartamento de un poderoso empresario, pero que acabará siendo fiel a su vocación y a la sangre de su sangre, por mucho que las dos hermanas estuvieran distanciadas. No obstante, si en la obra de Piñeiro aparece una mujer de armas tomar, esa es Inés Pereyra, que nació en el relato Tuya, allá por 2005, y que tres lustros más tarde salió de la cárcel para saltar a la novela con El tiempo de las moscas. Curiosamente, la caída en desgracia de Pereyra tiene mucho que ver con su mentalidad machista y con su ansia por guardar las apariencias dentro de una existencia privilegiada. Y, aunque el periodo que pasa a la sombra la lleva a cambiar (decide “ver las cosas”), la vida en libertad representa un acertijo que quizá no sepa resolver sin volver a cometer un crimen en compañía de La Manca, la única amiga que hizo en la cárcel y su actual compañera de oficina en una empresa de fumigación. Piñeiro, que aquí aborda el género desde el otro lado de la ley, y que ha afirmado ser cada vez más feminista en sus novelas negras, participará en la conversación “Muertes que no importan” (con Aroa Moreno Durán, el 2 de febrero en la sala Paral·lel 62) y, al día siguiente, en el club de lectura “Hablamos con Claudia Piñeiro” (en compañía de Anna Maria Villalonga, en la Biblioteca Sant Antoni – Joan Oliver).

 

Se puede consultar el programa completo del festival en este enlace.