Vita Castellá es la protagonista de su última novela, “La presidenta” (Alfaguara). Se trata de una mujer que ha sido presidenta de la Generalitat Valenciana y ha estado involucrada en una trama de corrupción política.

Texto: Susana PICOS  Foto: Asís G. AYERBE

 

En La presidenta, Alicia Giménez Bartlett se inspira (sin tapujos) en Rita Barberà, una de las mujeres clave del Partido Popular durante muchos años, que cayó en desgracia al salir a la luz la corrupción que anidaba en la comunidad valenciana. Giménez Bartlett, la dama de la novela negra española que abrió el camino a muchas otras escritoras con su Petra Delicado, parte de unos mimbres reales para imaginar qué hubiese ocurrido si esa “presidenta” hubiese aparecido asesinada. ¿Cuál habría sido el relato oficial? En Barcelona, sentadas tomando un café, Alicia Giménez Bartlett nos explica con voz suave y tranquila su versión y nos presenta a sus nuevas protagonistas: las hermanas Miralles.

¿Cuál fue el detonante para escribir una novela ambientada en la corrupción de la comunidad valenciana?

El detonante fue Rita Barberá. La exalcaldesa de Valencia me pareció un personaje literario por sí mismo. Quería escribir algo sobre ella y, aunque no conocía demasiado su figura y quizá no daba para una novela, pensé que podría escribir una novela negra con el fondo de la corrupción y con un personaje inspirado libremente en la exalcaldesa. En La presidenta, Vita Castellá es asesinada. Esta teoría llegó a sonar en ciertos foros conspiranoides cuando murió de un infarto Rita Barberá. Eso sí que es una absoluta ficción… Partí del asesinato porque es una novela negra, pero yo no tengo ninguna seguridad o indicio de que fuera asesinada.

¿Cuánto hay de verdad en la novela?

Lo que atañe a la corrupción del Partido Popular durante los años que estuvo en el poder en toda la Comunidad Valenciana; ese trasfondo es absolutamente cierto. Había cosas tan inverosímiles en la realidad que no se podían recoger en la ficción porque no te las hubieras creído como lector.

¿Por ejemplo?

Pues la visita del papa contó con una recepción espectacular y con un gran presupuesto, del que un treinta por ciento aproximadamente pasó a “manos privadas”. Todos los eventos internacionales que se organizaron en la comunidad tuvieron una parte de corrupción. Es muy llamativo.

En la novela, a través de la voz del secretario de comunicación de la presidenta, nos retratas a una mujer que no participa directamente en la corrupción, aunque hace la vista gorda para tener a su camarilla contenta y ganarse su cariño. ¿Te explicaron si era así en la realidad o es tu percepción?

Hay una parte que es cierta. No se la imputó en nada directamente, solo por haber recibido aquel célebre bolso de Loewe. Parece que ella no tuvo un beneficio económico, pero no solo hacía la vista gorda sino que propiciaba la corrupción. Situaba amigos en sitios estratégicos, veía cosas y pasaba de largo. La segunda parte es la que yo me invento. Puede ser que tuviera una falta de cariño. Era una mujer solitaria, una mujer con problemas por no aceptar en público su sexualidad. Es posible que esas contradicciones la hubieran dejado un poco aislada del mundo y que buscará por medio del poder recibir la compensación que no tenía en la vida íntima, pero es una teoría de la novela.

¿Has tenido alguna queja del Partido Popular o del Gobierno de Valencia?

No, de momento no. Es una obra de ficción, si a alguien le molesta, pues lo que puede hacer es escribirme. Yo no estoy en redes sociales y eso también me protege. A lo mejor me están llamando de todo, pero como no me llega… Y mientras no me metan en el trullo…

¿Dirías que es una novela de denuncia?

Es una novela de entretenimiento que tiene una base crítica hacia la corrupción política en una época y un lugar determinado y en general. De denuncia no es necesario porque se han escrito muchos libros periodísticos —que yo he leído— que dan datos, hacen comparaciones y cuentan cosas desde el punto de vista periodístico que sí que son una denuncia directa.

Se te ha definido como una escritora feminista. ¿En esta novela también está presente ese feminismo?

Es que no ser feminista es bastante difícil hoy en día. Creo que el de la novela es un feminismo no combativo. Es el de aceptar una obviedad: que es que las mujeres tenemos los mismos derechos, somos iguales en todo, etcétera. Es cierto que aquí las heroínas absolutas son dos mujeres jóvenes y es cierto que el entramado político del que se habla lo forman varones, pero es que la realidad de hoy en día se corresponde con eso: las mujeres jóvenes tienen el futuro más claro, saben muy bien lo que tienen que hacer y a veces no son bienvenidas en los estamentos oficiales.

En un momento dado, en la novela, el juez se queja de que hay muchas mujeres en la judicatura y en la policía. ¿Crees que todavía existe machismo en las Fuerzas Armadas y los cuerpos policiales?

Sí, sin ninguna duda, pero no solo en estamentos oficiales sino en toda la sociedad. Fíjate que el juez lo piensa, no lo dice. Estoy convencida de que hay muchos varones que, quitando las exageraciones propias del personaje que en cierta forma parodio, piensan igual: “Vale, que se incorporen, pero joder es que nos están quitando todos los puestos. Están por todos los lados”. Están agobiados, y no son tan viejos todos, ni del establishment. Es un privilegio que están perdiendo y ningún privilegio se pierde con aceptación y alegría.

Hace veinte años creaste a la inspectora Petra Delicado y ahora a las hermanas Miralles. ¿Qué diferencias hay entre ellas?

Lo que más me llama la atención es ver cómo son las chicas de 30 y 32 años ahora y cómo era Petra Delicado. Lo poco ideológicas que son las jóvenes actualmente. No necesitan coartada teórica para nada. Se van a la cama con un tío y ya. En época de Petra irse a la cama con un tío era la revolución sexual, la liberación, todo iba con mayúsculas, mientras que ahora es la puñetera realidad de cada día y no necesitan una cuartada intelectual para hacer su vida con libertad.

Por eso creaste a unas hermanas Miralles distintas también entre ellas, ¿para dar a la historia una mirada más joven y más plural?

Sí, quería buscar protagonistas femeninas que no tuvieran una mochila a la espalda de un pasado, complicado. Ver cómo las nuevas mujeres se desarrollan dentro de los cuerpos de la policía, ahora hay muchísimas. Y luego me llamaba la atención que fueran diferentes, pero me he dado cuenta de que todas las hermanas del puñetero mundo son muy diferentes. Hablas con la gente y te dicen “qué curioso que seas tan distinta de tu hermana. Parece mentira que seáis del mismo padre y de la misma madre”. Esta es otra realidad que no tiene explicación racional. Con la misma educación muchas hermanas son muy diferentes, lo que ofrece también muchas posibilidades narrativas. Se pelean, a veces se ríen, tienen recuerdos contrastados y eso ayuda mucho dentro de la ficción.

A través de esos recuerdos, de sus vivencias, de lo que comen, nos vas enseñando Valencia y la zona del maestrazgo castellonense.

¡Si solo comen arroz al forn en el maestrazgo! Es verdad que el sustrato agrícola de Valencia, de toda la comunidad, es evidente y se nota cantidad. Esos pueblos pequeños del maestrazgo de Castellón, que es la zona más despoblada del país después de Soria, son bellísimos. Hay pequeños pueblos, que la gente no conoce, donde se come bien, se vive en paz y el paisaje no está estropeado. Castellón, y en el libro creo que lo digo, es el gran desconocido de la Comunidad Valenciana y de toda España.

Habitualmente se piensa en la Comunidad Valenciana como un lugar lleno de gente.

Hace unos años, el cónsul inglés, ahora no sé si la tiene aún, tenía una casa en la costa de Castellón, en un lugar al lado de playas desérticas, a las que es difícil acceder. O sea que sí que hay viajeros que descubren esos lugares, pero pocos. El pueblo donde vivo, Vinarós, tiene turismo pero tampoco demasiado, en agosto y basta. Tiene calas que en primavera están desérticas. Es un turismo muy familiar. Hay una colonia alemana que vive todo el año, pero no es un turismo de aluvión.

¿Tienes previstas más historias de las hermanas Miralles?

No lo sé. Me he divertido mucho, a pesar de que la trama de este libro es complicada. Me ha costado. Es muy diferente técnicamente de las novelas de Petra: es tercera persona, los hechos suceden más inmediatamente, con menos reflexión. De momento tengo contrato para escribir otra Petra en Destino, que es mi editorial habitual, y quizá cuando acabe meta a las hermanas Miralles en otro fregado, pero no lo sé.

¿Cómo empezaste a escribir novela negra? Porque tienes obras de otros géneros…

Me gustaba la narrativa de grandes mujeres en Estados Unidos. Patricia Cornwell, por ejemplo, antes de que empezase a divagar y se convirtiera en una tieta, que era horrible. Pensé que esta nueva novela negra lo admitía todo. No era como la clásica, tan envarada, con los roles y el lenguaje habituales. La novela negra moderna, sobre todo la hecha por mujeres, abría el campo a la vida personal del detective, a la mirada social. Era algo inmediato, como la novela que se inventó en el siglo XIX y que era un testimonio. Ahora ese testimonio lo dan los periodistas porque la literatura tradición lo está abandonando. Actualmente todos los escritores hablamos de nuestro interior, nuestras lecturas, nuestra familia, nuestros amantes… se ha hecho muy, muy, onanista. La novela negra era de repente ver qué pasa a tu alrededor, quién está, qué le ha pasado a la persona que está en la cocina haciendo la tortilla de patatas… dar testimonio y la posibilidad de incluir muchos puntos de vista dentro de la novela.

En la novela hablas de corrupción, de feminismo, de amor, de homosexualidad.

El gran enamorado de la novela es gay. Cuando me entrevistaban en Valencia me decían que en la comunidad la aceptación relacionada con la sexualidad es enorme y además data de mucho atrás. No hay crítica hacia los homosexuales. Rita Barberá vivía con una señora y nunca hubo la menor alusión ni crítica de ningún tipo. En Inglaterra, por ejemplo, el político que ha sido pillado en el Parlamento viendo porno dimite, aquí le dirían: “Xe fes-ho a casa teua y se acabará el problema”. Es curioso porque siempre ha sido así. Me contaban una anécdota, no sé si de la propia Rita Barberá o de un periodista de su séquito habitual, al que le dijeron: “En Salamanca no hay tantos gays como en Valencia”. Y él contestó: “Hay tantos o más, lo único que pasa es que los ocultáis”.

También nos hablas de la droga y de esas muertes que nadie investiga.

Es acojonante la cantidad de muertos que nadie reclama. Me explicaban en la comisaría de Valencia, supongo que en todas partes es igual, que a veces las chicas de la oficina llevaban flores a esos muertos desconocidos. Y cada vez son más mujeres las olvidadas. Cada vez los cuerpos están menos tiempo en los depósitos porque se acumulan y no los reclaman; no pueden encontrar parientes ni saben la nacionalidad. No hay muertos solo de primera o de segunda, hay muertos de tercera. Cuando me explicaban cómo esos cadáveres no reconocidos terminan en una fosa común me iba hundiendo cada vez un poquito más en el asiento.