Fallece el poeta Enrique Badosa a los 94 años.

 

Texto: Enrique VILLAGRASA

 

El poeta de culto, traductor, crítico, ensayista y editor Enrique Badosa (Barcelona, 1927-2021) ha desencarnado. Y no puedo dejar de afirmar, una vez más, que un poeta que fue capaz de traducir a Horacio de la manera como lo hizo él tanto en XXV Odas de Horacio (Pamiela, 1992) como en Epodos y Odas de Horacio (Comares, Granada, 1998 y 2001), texto bilingüe, merece todo nuestro respeto y admiración: “Y si tú me sitúas entre los vates líricos,/ con la cabeza tocaré los astros”.
Siempre recordaré ese su verso capital “La tentación de la palabra” y su volumen de ensayos con el mismo título (Valladolid, Fundación Jorge Guillén, 2013); como inolvidables son su Parnaso funerario (DVD, 2002) y sus Epigramas de la Gaya Ciencia (DVD, 200) o la Antología de J.V. Foix, que tuvo una cuarta edición, revisada y aumentada, bilingüe, en El Bardo (2001). O su Trivium. Poesía 1956-2010 (Editorial Funanbulista).
Quién no recuerda sus célebres ensayos literarios desde aquel Primero hablemos de Júpiter hasta Necesidad y elogio de una traición o Agresión posmoderna a la poesía. El poeta demostró una vez más que “La palabra vence al tiempo y lo aprisiona en una urna de cristal invisible.” Con lo que proclamamos que Badosa ayer, hoy y siempre seducirá con su poesía, lírica, viajera y epigramática y también con sus ensayos.
El último caballero de la poesía española, Enrique Badosa fue un poeta independiente y de gran sentido común, consecuente en su vida con su escritura ya fuera ésta escrita en prosa o en verso eneasílabo y/o endecasílabo, de los que fue paladín. Leer su poesía es escucharle y es el mejor homenaje que le podemos tributar. Su escritura es él, con él y en él. Por supuesto, el heterodoxo Badosa siempre defendió que la poesía era, es y será un medio de conocimiento.
Señalar, por ejemplo, que en el ensayo De una posible poética confesó el poeta, como pocos lo han hecho, que “Mi vivir forma parte de mi Poética. Nunca he seguido ni modas estéticas ni políticas, escuelas o consignas, a menudo excluyentes e incluso censorias. Mi libertad asimismo se cifra en una tentación y en caer en ella: en la que llamo ‘la tentación de la palabra’. Tentación que no tiene sentido peyorativo. Tentación como impulso al placer y al gozo de vivir la palabra creadora. Tentación que no deja de suponer un atrevimiento, casi una osadía, dado que nuestra palabra, ¿acaso no es reflejo de la Palabra, y por lo tanto trabajamos con un elemento sacro?”.
Enrique Badosa, poeta católico, es de los que creía que la poesía era un medio de conocimiento de la realidad y aun de la verdad. Y afirmaba a renglón seguido con toda la humildad posible que “creo que mi actividad de posible poeta quedaría justificada si a lo largo de una vida y de varios libros, una sola palabra mía pudiera ser útil a un solo lector.” Ha sido, es y será útil su palabra poética, no lo dudo ni un instante.
No quiero terminar este texto de triste despedida sin destacar su poesía de viajes: el reconocido allí y aquí Mapa de Grecia (Plaza & Janés, 1979 y 1980; y Seuba, 1989), y los esfuerzos que hizo nuestro poeta por el soneto, por ejemplo: Todo y nada. Sonetos en homenaje a José Hierro (Cuadernos del Episcopio, 2005) y recordar a José Corredor Matheos, Manuel López Azorín y Juan Carlos Elijas, entre otros, compañeros y amigos, en el mismo viaje literario: “Solo no me dejéis en mis inviernos”.
Y acabo este adiós (¡Salve! y ¡Vale!) afirmando que don Enrique celebró con su poesía “la ventura de la palabra nueva hecha poema”. Y cierro con el poema último de Segunda silva (2003-2008) recogido en el ya citado Trivium:

“PRÓXIMO en silencio inevitable
acaricio los libros cotidianos
del deber de vivir. Dejaré abierto
tan sólo el de las páginas solemnes
con el cual otra vez vengo a pedirte
que mi última palabra seas Tú”.