«Cajón de sastre»: Poemario neobarroco irónico aragonés 2.0

El poeta Javier Picazo publica toda su última poesía en Amazon.

Texto: Enrique VILLAGRASA

 

Parafraseando a Gabriel Bocangel y tras leer el Poemario Neobarroco Irónico Aragonés 2.0 (edición de autor-Amazon) de Javier Picazo (Burbáguena, Teruel, 1958) bien podríamos decir que “Su obstinada poesía nos advierte/ que hay vida viva, mas nunca vencida,/ pues sólo en su valor, sólo en su vida/ algo miró después de sí la suerte”. Son pues 130 páginas de poemas, algunas con hasta cuatro poemas; pero, se lee bien. Aunque un buen editor de mesa le hubiera ido muy bien al libro, en la corrección de galeradas. Pero pelillos a la mar. Hay poesía y de la buena en este libro, ¡vive Dios! Y es lo que importa. Hay que volver al Barroco, con su Amor constante más allá de la muerte de Quevedo, que le gusta mucho al poeta que nos ocupa: “No importará, mientas polvo fuese,/ Polvo enamorado”.

Abrir este libro y ponerte a leer es encontrarte con un cajón de sastre, donde cabe todo; pero, que se encuentra. Pues bien, el contenido de este Poemario neobarroco está organizado, pero en esos apartados cabe de todo, desde haikus a sonetos, pasando por un par de textos en prosa que se centran en el momento actual o reciente político, que estos van y vienen, como sus chaquetas. Así, tenemos Amores Fatuos, Haiku, Ironías, Naturaleza, Social y Sonetos. La factura de esta poesía es alegre, vivaz: en una palabra: pizpireta. Y en ella hay luz perfecta, que ilumina todo lo visible e invisible más allá del lenguaje. Y tiene magia, sorpresa, revelación y aderezando todo esto, esa fascinación rítmica endecasilábica: “tal vez no hoy, sí mañana, con tesón”.

La poesía de Javier Picazo encarna en este lenguaje tan irónico aragonés, tan somardo, ese hacer que no te enteras y le das la vuelta a las cosas, esa ambigüedad tan poética: es en este lenguaje donde habita este joven poeta, por publicaciones no por edad; pero versado en Literatura. Ya se ha batido el cobre con buenos profesores y profesoras, como Carmen Romeo Pemán, sin ir más lejos. Y Javier Picazo es poeta porque sabe ver más allá del lenguaje y su poesía nos llega después, en el silencio y recordando sus versos. Es sin ninguna duda una poesía de mirada, de memoria y de lenguaje exquisito. Y su poesía nos abraza, pues además de ángel (técnica) tiene duende (hechizo). Y como la gran poesía ésta plasma la cotidianeidad de las personas. Ya lo decía Rilke: “Sálvense de los temas generales, poetas, y vuélvanse a los temas que les ofrece su propia vida. Intenten explicar lo que experimentan, lo que ven, lo que aman y también lo que pierden”. Y Javier nos explica que: “Cambiar quisiera mis ropas enlutadas,/ Y quebrar, al fin, dolor y llanto”.

Para quien no conozca a este poeta cabe decir que escribe marcado por esas fiebres infantiles que pasó y por otras inconfesables razones; y además por culpa de o gracias a las áridas llanuras turolenses y o las frondosas vegas del Jiloca, que le llevaron y llevan al realismo irónico aragonés, desde las aulas del Colegio Universitario de Teruel, cursando la carrera de Literatura Española. Después dará rienda suelta a todos sus fantasmas, lanzado sus poemas al universo virtual, el de las redes sociales e Internet. Escribe para salvarse, por amor a su tierra y para dejar de ser una persona exiliada, como Edmond Jabes, sin ir más lejos. Tiene poemas publicados en la colección Serie de Literatura Miguel Artigas del Centro de Estudios del Jiloca, recogidos bajo el significativo título de Poeta exiliado en sí mismo (que nos recuerda al poeta José Bergamín).

La poesía de Javier Picazo además es docta y culta; pero, a la vez, clara y transparente y en versos de (des)amor libra su vida. Qué grande. Qué poderío. Pues como para Schopenhauer, para Javier es la palabra en sí misma lo que ya es una visión, no hay que vivir entre imágenes: no hay que ver fotos de ríos, hay que ver y bañarse en el río: hay que leer la poesía de Poemario Neobarroco Irónico Aragonés 2.0. Esta poesía que es temor y temblor, azar y necesidad; con poemas nos ponen en presencia de la ausencia. Y esta poesía es lo que es sin ir más lejos. Es el esfuerzo y el trabajo de Javier Picazo, una determinada persona y su testimonio. ¡Leámoslo! Pues piensen ustedes, que las personas lectoras son el principio de la poesía y coautores del poema, ellas lo terminan, no los autores, pues toda poesía inteligente conmueve, entusiasma y se proyecta en la otredad, como la de Javier Picazo, que repite hasta los tríos: “Entre tres nunca sabré,/ Cuál debe ser mi lugar/ (…) / Pues como dice el refrán…/ “donde comen dos… comen tres…”

Y, para terminar señalar que son unos 160 poemas de 2 versos, el más breve, a 26 el más extenso, los que tienen la culpa de hacernos pasar un rato agradable leyendo sobre su pueblo y su río Jiloca, camino de la fuente. Qué mejor promoción de este pueblo, tuyo y mío, en la provincia de Teruel, que tus versos. Y al poeta como bien dice, y hago míos su versos también,: “Solo me queda apagar,/ Tomar un vaso de vino…, Y ponerme a hojear…/ Mi último libro amigo”.

 

PESCADOR

No quiero seguir pensando

En las sirenas de tus puertos,

No quiero segur tejiendo

Y aburrida destejiendo,

No quiero mirar el mar,

Ni con los ojos del miedo,

Ni con sonidos de radio…

No quiero abrir cada día,

El buzón con desafío,

No quiero sentirme herida

Por cada golpe de viento,

Por cada golpe de frío…

Yo solo quiero que vuelvas

Para cultivar mis huertas…

Y para segar mi trigo.