Páramo publica la poesía revelación, En el fondo de mis manos, de esta profesora vallisoletana.

 

Texto: Enrique VILLAGRASA

 

La profesora y poeta Rut Sanz Montaña (Valladolid, 1985) publica su primer poemario En el fondo de mis manos (Páramo), que lo conforman una treintena de poemas de factura existencialista fulgurante: poesía revelación: calidad y belleza. Esa cotidianeidad que todos conocemos y pocos saben mirar acertadamente. Memoria y lenguaje es la poesía de esta poeta que ya hace tiempo llamó nuestra atención y que sabe batirse el cobre con y por la vida: por el ser mujer, sin ir más lejos: “Reconozco que quise/ saber/ por qué, a veces, los diques/ (llovizna-charco-tsunami)/ nos destruyen.

El libro está dividido en tres partes, más un cuidado epílogo, que ejerce de poética, de títulos significativos para explicarse y explicarnos lo que vamos a leer: A manos llenas (9 poemas), Viento sur (10 poemas) y Silencios ordenados (14 poemas). La vida es un duro aprendizaje es lo que nos cuenta en estos poemas: “El azar te salve mujer”. Un duro aprendizaje que tiene un mucho de perdón y esperanza y desemboca en el reconocerse en el otro para llegar hasta el final: “como mares como labios”. Vale la pena que lean el brillante prólogo de Jacob Iglesias antes de los poemas. Lo digo porque no siempre hay que leer primero el prólogo de un libro de poesía.

En el fondo de mis manos nos pone al descubierto los misterios de la creación poética y nos ayuda, como pocas escrituras, a comprender los desafíos del lenguaje: “Que la vida, que la muerte/ nos perturba y reconoce y nos desata/ Como un blues o un rock o un fado a oscuras/ con cerveza”.

Pero lo que más me asombra de esta poeta, desde que conozco su obra, es la coherencia y la unidad de una palabra poética que es de difícil definición y de aún más difícil clasificación. Dignidad, calidad y belleza por doquier es lo que hay en sus poemas: “Una ventana,/ una puerta,/ un horizonte,/ un poco de corriente,/ aire fresco/ y una salida”.

Esta licenciada en Filología Hispánica y en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Formó parte del proyecto universitario COLMO Colectivo y ha participado en antologías poéticas como Parque de Atracciones (1001 Ediciones) o En legítima defensa (Bartleby). Hoy es profesora de Educación Secundaria, en el IES María de Córdoba de Las Navas del Marqués (Ávila)– desde donde procura despertar, en sus alumnos, la inquietud por el poder de la palabra.

Me llama poderosamente la atención que esta poeta huye de la grandilocuencia y destaca esos pequeños actos cotidianos, aquellos en los que no nos fijamos, y eleva esas anécdotas al grado de poesía. Es una poeta que canta y cuenta lo que ve y experimenta, lo que ama y pierde. Sus poemas son de gran voltaje. Con enjundia. Su poesía humanística despierta conciencias. Sus juegos sonoros, la música de sus poemas harán la delicia de las personas lectoras. ¡No lo duden!: “¿Para qué deshojar las margaritas?/ No hace falta comprobar las obviedades”.

Así pues, creo que Rut Sanz es una poeta que asume y acepta, tanto en verso libre como en poema en prosa, el reto del vivir en esa madurez perseguida, que le lleva a recorrer caminos con atención, a escribir en esa su reflexión de lo vivido: en el fondo des sus manos, siempre desafiante: “Las aves bailan los valles del silencio rojo”.

 

(febrero)

HAY UN FARO EN MI VENTANA

 

Hay un faro en mi ventana.

 

No acostumbro yo a estos verdes

de reflejos puntiagudos,

de cimas redondeadas,

de fuegos embarrados por la niebla.

 

Las cinturas que bailan los viernes

con la lluvia,

los abrazos con los ojos

de los que huyen

a sabiendas

de cicatrices-grieta.

 

Aquí nunca se usan las manos.

 

Hay un faro en mi ventana

pero

no comprendo / no interpreto

a qué náufragos alumbra las raíces.