«Hielo con espinas» (Franz), el bello, sugerente y atractivo poemario de Violeta Nicolás.

Autorretrato con rombo de chocolate encima.

 

Texto: Enrique VILLAGRASA

 

Una poeta que sorprende y camina a sus anchas por la geografía poética sideral es Violeta Nicolás (Murcia, 1984), con su bello, sugerente y atractivo poemario Hielo con espinas (Franz). Un libro que contiene poesía a raudales y esta sí es un verdadero latigazo en el cerebro, sin ir más lejos, y que es justo y necesario leer, personas lectoras, amantes de la muy buena poesía. Es una gran joya expuesta en un libro magnífico, tanto por continente como por contenido y viceversa. Es para leer hasta en las colas de las panaderías, mientras esperas tu turno: es manejable y se puede llevar en el bolsillo de la chaqueta o en el bolso. ¡No lo duden, acérquense a él sin miedo!: “TANTOS ensueños sin párpados/ la mecedora acuna el aliento/ acurrucados somos bosque”.

En esta belleza casi hipnótica de los poemas que contiene Hielo con espinas está la siempre perseguida perfección poética de la descomposición de la sintaxis y de la propia cadencia del verso, que no es aquella cadencia sinfónica proustiana y sí todo lo contrario. Lo racional tiene poco que ver en esta poesía: es un buen ejercicio de no racionalidad, más bien son versos irracionales. Pueden y deben intentar entender y comprender, si así lo desean; pero, déjense llevar por los sonidos y el ritmo de estos versos: es una gozada sensorial: “me levantas/ la carne se divide/ monta arriba/ casi caímos/ acaricias el talón/ Postura imposible de altar/ ¿Eres sarcófago o nave?”

Así pues, hay que sentir sus poemas, dejarlos que atraviesen nuestra piel. Son imágenes y palabras con enjundia y todas ellas son una música esencial de imágenes. Con esta poesía se detiene el tiempo y vivimos la experiencia del poema: “CHICLES atrapados en las baldosas/ formas oscuras/ se propagan a medida/ temores/ posibles aciertos”.

Este es uno de los libros más interesante que he leído últimamente, de una poeta artista asombrosa, donde se reflexiona y de qué manera sobre la mujer (y sus circunstancias que decía el otro: Ortega y Gasset). Nicolás es siendo, en sus reflexiones artísticas y en sus poemas de Hielo con espinas. Un cuarto poemario excelente, más allá del margen o de los márgenes, atractivo por su imágenes y formas poéticas, estructuras, donde (casi) todo es explícito: “el cuerpo te pide ayuda/ se hunde atrás/ continúa tú/ llama  llama  llama/ algún día vas a entrar a casa/ a la abierta/ a tu casa de más brazos     más ojos/ piel violeta/ si brotas dende la bomba del gemido”.

El poemario, escrito sin apenas signos ortográficos, abierto a la complicidad de la persona lectora, está dividido en tres capítulos: Estallidos, con 15 poemas; Mutante, con 9 poemas y Cuerpo menhir, con 5 poemas y los abre un delantal con dos citas: Gabriela Mistral y Anïs Nin, a las que siguen textos de Denis Johnson y Kathleen Raine, y otras citas de Cortázar, Sofía Cham, Clarice Lispector, Dickinson, un trozo del guion de Forbiden planet (1956), Silvia Plath y Pizarnik. ¡Ahí son nada las lecturas de esta poeta, Violeta Nicolás!

Creo que Hielo con espinas es un libro impactante, escrito desde la emoción y la pasión, donde hay que tener en cuenta los blancos, los espacios de la estructura poemática, los quiebros y las grietas: un libro que conmueve como pocos. Un poemario que me recuerda o me trae ecos de la poeta catalana y artista sonora, musical, Ginebra Raventós, en su último trabajo Saturn darrere nostre: el glaç, el got, el buit, l’acte verge. Ambas poetas son parte de ese cosmos tan atractivo y silencioso, aparentemente: exploran su música y ese vínculo entre las personas y el cosmos, y ambas indagan en las posibilidades sonoras de la poesía. Pere Gimferrer también lo hace en su último poemario Tristissima nocte imago, para él la poesía es sonido. Y me dejo y navego con Violeta: “te abandonas/ vas a regresar al útero sideral”.

 

¿LA FLOR del cactüs vive dos días?

Dilatan las pupilas suave brillo

los hombros caen

aliento        araña    segundos

el punto de fuga se hunde en la piel

ama ligera      la espina       en lo hondo

la garganta de pompas

soplas y tu alieno purifica

empuje de voz

pulida luz titila

al filo     de jabón cristal