Poesía para este otoño cálido y sugerente
Miriam Reyes, Maru Bernal, Ada Salas, Ana Rossetti, Inma Chacón y Teruel vivo.

Texto: Enrique Villagrasa
Sorprende la poeta Miriam Reyes (Ourense, 1974) con Nunca muere (La Bella Varsovia-Anagrama), Con una nueva voz poética robada a sí misma, sin ir más lejos. Ella es la palabra en el silencio del ser siendo en ella y en la otra, las dos son esta historia, en este poema río fragmentado sin signos: en libertad, sin corsés, y en complicidad con las personas lectoras; poema que nos existe y asiste abriéndonos camino entre zarzales hacia esa su intemporal consumación: <<hoja que se deja sin cortar/ un tinte encarnado se obtiene de sus cenizas>>. Nunca muere es todo lo que nos conviene, aunque <<todo lo que nos viene es escarmiento/ no le cabe en la cabeza>> y sí en la página catártica en su visión y destino, pues es una mente de certezas entre los versos que palpitan el deseo: esto es la luz poética de Miriam Reyes, en su huerto interior, sin ir más lejos: <<se dirige hacia sus propios pensamientos/ sin que la lengua intervenga>>. Una poesía que cruza el umbral del jardín apresado y a la que nada contenta sino la presencia de la ausencia: <<Si enterrar bien a alguien fuera algo/ que cualquier persona menuda pudiera hacer/ con un cubo y pala de playa>>. Una poesía de lúdico entramado con gran armonía.
Y sorprenden también los poemas en prosa de Cinco Islas (Reino de Cordelia), de Maru Bernal (Barcelona, 1964) que me han gustado más que la película La Odisea de Nolan, pues <<Penélope decide forjar su propio destino de espaldas al mar. Una mujer llena de coraje que sostiene una hacienda y cría sola a su hijo>>. Y es que <<Cuando los hombres se hacen a la mar, en cada mujer brota una isla>>. Cuánta verdad y belleza en estos poemas, en estos versos lapidarios, que nos dan cuenta de la existencia, que no tiene ni debe tener destino: <<Al final, queda el viaje. Siempre el viaje>>. Esta poesía de Maru Bernal es esa <<Odisea del exilio. Es ese otro cañamar de la vida>>. Un poemario tal vez polémico donde la poeta arriesga y casi desconcierta por lo exigente para las personas lectoras, pero me gusta mucho por su frescura crítica, iconoclasta si se quiere, explicado con un lenguaje sencillo, casi coloquial, aunque con mezcla casi explosiva y expresiva de registros: <<Nuestro mar color de grana. La delgada frontera de los cuerpos. El ansia por atravesarla>>. A la vez, un poemario sereno, intenso y crece con cada lectura. Poesía que desde la experiencia la trasciende: <<Clavetea las horas sobre la silla>>.
Otra cosa es Como si nunca nada (Antología 2026-1988) (Bartleby) de Ada Salas (Cáceres, 1965), con prólogo de Miguel Ángel Lama, quien asegura que está convencido de que el mejor modo de conocer la poesía de Ada Salas es leyéndola y no seré yo quien le quite la razón, pues con ese prólogo tan certero nos invita a ello. Y la poeta a continuación en su nota declara que la poesía es un lugar en el que siempre podremos guarecernos de las inclemencias, sean del tipo que sean. Y Ada Salas dice verdad y dice belleza, pues eso es lo que encontramos en su poesía, pues también las hormigas han entrado en nuestra casa, como dice en el poema inédito que abre el libro. Creo que esta poeta pertenece a esa estirpe apresada por la libertad, pues en esta poesía los versos, las palabras, son profundas, te llegan y además suenan a íntima grandeza en la humildad, pues no se envanece y en ellas anida la trasparencia de la precisión, en ese murmurar de la luz o de la sombra, de lo dicho y lo callado, como <<si el mar se hubiera abierto en tres mitades>>. Es una excelente antología para conocer la poesía de Salas, sin duda: el mejor regalo para su cerebro: <<lo que dice/ la canción del otoño:/ lo que muda/ no muere>>.
También, Diminuto cosmos. Antología poética 1980-2022 (Cátedra), de Ana Rossetti (San Fernando, Cádiz, 1950), en edición de Carmen Medina Puerta. Es un verdadero regalo este mapa de la poesía rossettiana, con una introducción a su obra exquisita, inteligente, pedagógica, con ecos de su tesis doctoral: El erotismo en la primera producción literaria de Ana Rossetti (1980-1991). Ana Rossetti es la poeta de lo pequeño, de lo minucioso, de la anécdota diaria pues: <<Una vela separa del candelabro Imperio/ y la enciende, y la mesa recorre>>. Una poesía iluminadora que recorre y nos recorre en esta tragicomedia. Y es que con su poesía se desvanecen los engarces entre sentimientos, imágenes, suposiciones y pruebas. Se nos abren las costuras de la memoria: esto es poesía, memoria, mirada y lenguaje, quien lo probó lo sabe o no es poeta. Son sus versos dulcemente hermosos, claros y concisos conociendo lo que se lleva y trae: <<Dejémoslo ya.// Es inútil negra el desplome de toda previsión en una caída/ sin fondo>>. Pero es y no cabe duda de ello una ilimitada voz. Pues la persona lectora vive con ella, incluso sin saberlo, la pasión poética en sus poemas: en el silencio de las calles, con su erotismo e ironía.
El libro Fronteras (Huerga y Fierro) de Inma Chacón (Zafra, Badajoz, 1954), con significativo prólogo de Miguel Munárriz, ilumina en su fulgor esos y no otros rizos de las olas oceánicas, esa nieve que todo lo señala. Es ese rayo de luna plateada que ríela en las noches de la vida. Y cual otra versión de Las mil y una noches todo lo abraza en su denuncia. Es existencia comprometida. Y es por eso, no me cabe duda, un grito de angustia y de rabia que retumba por doquier, pero que no se hace nada para que se acabe el tráfico de las pateras y de los cayucos, de los refugiados, de las guerras en ese Sáhara inmenso: como la palabra poética de Inma Chacón, que tiembla y nos hace temblar ante estas tragedias. Ya no existe el aire callado, ni nos cubre ese límpido azul. Así pues, esta poesía es mirada, memoria y lenguaje: “La memoria es un eco sin retorno/ un bálsamo que no penetra en la piel”. ¡No dejen de leerla, queridas personas lectoras! Esta poesía escuece, pero es bálsamo que limpia heridas. Su palabra no nos negará tres veces. Existe futuro y existen sueños, abril ya no es el mes más cruel: también está julio, septiembre y otros. Todo puede volver a crecer pues: “No hay estelas que no puedan/ surcarse de nuevo”.
Vivir en el paisaje. Cartografía poética de la provincia de Teruel (Olifante, Papeles de Trasmoz), de VV.AA. en edición y prólogo de Nacho Escuín (Teruel, 1981) es la plasmación del hechizo mágico literario de la provincia de Teruel, con su paisaje y paisanaje. Nuestro locus amoenus con su enumeratio o su descriptio y la stabilitas. Nadie olvida lo que ha sido Teruel y su provincia, lo que hoy es, lo que sigue siendo y lo que va siendo en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, con más o menos anemia cerebral y otras múltiples hemorragias verbales, sus analfabetos útiles y su cuarentena larga de poetas pasionales como los participantes en la antología. Por lo tanto, esta antología muestra lo que los y las poetas han querido destacar: poemas que representan un paisaje, el paisaje natural, la evolución y descripción paisajística y su tratamiento literario en el tiempo. ¡Ahí es nada! Una antología que sirve para conocer un poco más nuestro Teruel vivo, vivido y añorado. Quedando claro, desde las primeras líneas del texto que <<La singularidad del paisaje lo es todo, condiciona lo que uno ve, el lugar desde el que observa el mundo y cual es su percepción del resto de sus habitantes>>, Escuín dixit.










