Los clásicos nunca mueren y en el Club Imprescindibles de la Factoría Cultural Martínez nos acercan sus obras a través de la mirada de los que más saben sobre ellos. En esta ocasión, la catedrática de la Universidad de Barcelona Mercedes Serna es la encargada de adentrarnos en el fascinante mundo literario de Juan Rulfo.

Texto: Inés GARCÍA-ALBI  Ilustración: Marcos ISAMAT

 

 

Mercedes Serna es catedrática de literatura hispanoamericana en la Universidad de Barcelona. Sabe mucho de su área, como es normal, pero es que también lo cuenta de manera excepcional. Sus exposiciones son inteligentes, apasionadas, brillantes y comprensibles. Es una de las moderadoras del Club de Imprescindibles de la Factoría Cultural Martínez y una de las personas que mejor conoce la obra de Juan Rulfo.

¿Por qué hay que leer a Rulfo en un club de imprescindibles?

A Rulfo hay que leerlo porque es un autor trascendental en las letras hispanoamericanas, pues su obra cambió la manera de escribir y con sus textos inauguró el realismo simbólico, esto es, recrea un mundo rural que no es copia de la realidad, no es realista, sino que la trasciende. Rulfo, además, es un referente para los escritores posteriores. Es un autor que parece localista, como Faulkner, pero el localismo no es un fin en sí mismo, sino que expresa situaciones universales. Además, nos acerca a los problemas del México de mediados de siglo: la desertización de los pueblos, el fanatismo religioso, las guerras o la pobreza.

¿Cuándo lo leíste por primera vez?

Me imagino que en la carrera de Filología Hispánica, aunque la verdad es que no lo recuerdo. En los años 80, cuando yo estaba en las aulas, solo se estudiaba una asignatura de literatura hispanoamericana en toda la licenciatura y no sé si al profesor le dio tiempo de acercarse a Rulfo. Lamentablemente, las letras hispanoamericanas comenzaron a descubrirse hace bien poco y aún queda mucho camino por hacer. Imagínate que, en mi departamento de la Universidad de Barcelona, solo hay una cátedra de hispanoamericana, y desde hace cinco años. Con eso queda dicho todo.

¿Qué es un clásico para ti?

Alguien que está vivo siempre porque su lectura es actual y presente; alguien que supo ofrecer una mirada distinta e inteligente. Alguien que ha leído de otra manera.

¿Qué aportó Rulfo al panorama literario hispanoamericano?

Aporta una nueva manera de escribir, gracias al laconismo del lenguaje y al uso combinado de una serie de técnicas que le convierten en unos de los mejores escritores del siglo XX. En sus escritos, a pesar de que parece que hable de unos territorios muy concretos —el México rural, violento, misérrimo, desértico— no hay descripciones realistas sino simbólicas, no utiliza solo el lenguaje popular sino que lo poetiza creando imágenes de una belleza sorprendente; por otro lado, es un escritor que se mantiene objetivo, no juzga, no cuestiona nada, no hay reflexiones psicológicas. Rulfo representa muy bien lo que se ha denominado “la muerte del autor”. Rulfo borra asimismo las fronteras entre el espacio real y los espacios irreales o imaginarios.

¿Cuál es su obra favorita? 

Rulfo tiene una obra muy corta. Esencialmente, El llano en llamas y Pedro Páramo. La primera está formada por un conjunto de cuentos y la segunda es una novela corta. Las escribió paralelamente, por lo que para mí son una misma obra.

Da la sensación que, a Rulfo, algunos de sus lectores le aman y otros no han podido con él. ¿Cómo hay que acercase a él?

Cuando no se ama una obra puede que sea porque no se ha entendido. La literatura hay que enseñarla, como las matemáticas o la física. Yo aconsejo consultar estudios al respecto, por supuesto.

¿Qué hay de Rulfo en otros autores latinoamericanos?

Esencialmente, las técnicas, la belleza del lenguaje que, siendo realista, se convierte en imágenes. Rulfo es pura poesía.