Miguel Ángel Yusta rinde un homenaje y reivindica la copla en “La copla. Emoción y poema”

 

Texto: Enrique VILLAGRASA

 

 

La copla es poesía y para muestra está el libro La copla. Emoción y poema (coedición de Lastura y Juglar) del médico y escritor, además de amante de la ópera, Miguel Ángel Yusta (Zaragoza, 1944), con delantales de Juan Domínguez Lasierra y de Susana Diez de la Cortina Montemayor y epílogo de Javier Barreiro: “Siempre ocurre con la copla,/ cuando la escribe un poeta:/ de cuatro versos sencillos/ surge un hermoso poema…”. Creo que este saber popular es hoy más necesario que nunca dadas las circunstancias que nos atenazan, con y sin la pandemia dichosa: “Ahí va Paco el del Molino,/ que ya ha sido sentenciado,/ y que llora por su vida/ camino del camposanto” (de Ramón Sender).

En estas 190 páginas da cuenta Yusta de las coplas animadas de ayer y hoy. No voy a explicar qué es la cuarteta octosilábica que rima en asonante en los versos pares, aunque no me disgusta la rima en consonante. Ni que en el siglo XVIII apareció por los madriles. Y que todavía puede existir algún lector que recuerde las coplas que en los periódicos de entonces se publicaban, además del Heraldo de Aragón de hoy. Siempre me han gustado mucho las coplas de la guerra civil, cantadas por los republicanos, o al menos fueron las primeras que llegaron a mis oídos y manos, siendo un zagal. Conozco además a un especialista en coplas y en otros romances y otras seguidillas como es Manuel López Azorín, de quien también Yusta selecciona una de sus coplas: “Flamenco, grito de rabia/ que sale desde muy dentro/ y con su quejido suelta/ el dolor y el sufrimiento”.

Así pues, el libro de Yusta, que no deja de ser su homenaje y reivindicación a y de la copla, está dividido en dos primeras partes, dado que como bien dice: “la copla siempre ha motivado a los escritores y poetas”. Del ayer recoge coplas de Jorge Manrique hasta Félix Grande, además de Foz, Bécquer, los Machado, Lorca, Cernuda, Alberti o Ildefonso-Manuel Gil, entre otros. En el hoy cita el autor desde Lopera a Capilla, pasando por Tello, Verón, Caro, Juana Vázquez, Sánchez Vallés, Vilas, Marisa de la Peña… Coplas todas que identifican y nos identifican: “Quien pudiera como tú,/ a la vez quieto y en marcha,/ cantar siempre el mismo verso/ pero con distinta agua” (de Gerardo Diego).

Y en la segunda y tercera parte del libro nos hace un recorrido por sus coplas, las de Mayusta (como le gusta firmar al autor), aparecidas en Heraldo de Aragón (1988-2019) y otras: como las aragonesas y dedicadas, las referidas a la Semana Santa en Aragón y Zaragoza y las de temática irónica diríase: De envidias, mentiras y serpientes. Además de algunos recortes de periódicos y su biobibliografía y discografía ¡Ahí es nada!

Es curioso y de agradecer los comentarios a los autores de las coplas de ayer y hoy y a sus coplas publicadas en el Heraldo. Como son curiosos los textos de los especialistas que le acompañan. Así, podemos leer que Domínguez Lasierra asegura que: “Lo que trasciende en esta recopilación es algo de significativa importancia: que la copla, en sus mejores manifestaciones, es un género poético. porque la copla no es sino una forma de poesía, utilizada secularmente por poetas de toda laya y una y otra vez reactualizada por los poetas de nuestros días.”

Por su parte, Diez de la Cortina Montemayor señala que: “Estamos, pues, ante un tipo de composición enormemente versátil. La copla se acopla –nunca mejor dicho. casi a cualquier cantar, de modo que podríamos entonar los versos de Mayusta con la melodía de un cuplé, una canción popular gallega, una copla andaluza, o una albada de igual modo, porque la cuarteta se adapta a todas estas composiciones musicales”.

Y, Javier Barreiro, afirma: “Somos tan memos que decimos haiku y se nos cae la baba y cuando hablamos de copla, pensamos en las de la tía Raimunda. Ojalá libros como este y otros, que deberían apuntalar los aludidos cimientos, sigan floreciendo en los múltiples registros a que esta forma poética pueda dar lugar”.

Leer este trabajo a favor de La copla. Emoción y poema me ha hecho recordar la poesía de Cancionero y esa tan olvidada poesía española del siglo XVIII (Ignacio de Luzán, por ejemplo), que es tan necesario reivindicar como la copla. Creo que muchas de las personas lectoras que consideramos cultas están muy lejos de la poesía. Cada vez estamos más cerca de las redes sociales con sus patrañas y sandeces. La comodidad es nuestro mal: “Para la luz tengo tiempo,/ para las sombras y el aire./ Lo que yo no tengo nunca/ es tiempo para olvidarte” (de Ángel Guinda).

Y para muestra tenemos estas cuatro coplas del autor de esta sugestiva obra, La copla. Emoción y poema, Miguel Ángel Yusta, que tal vez y solo tal vez sean una peculiar forma y una manera eficaz de ser un medio de comunicación del conocimiento.

 

 

Mis coplas, tus coplas son

 Para decir que me quieres

mírame antes a los ojos:

verás cómo no hacen falta

palabras entre nosotros.

 

Culta o popular, es grande

esta celebrada estrofa.

No hay nada más que decir:

¡Viva por siempre la copla!

 

Son peligrosas serpientes

el rencor y las envidias

matan el cuerpo y el alma

de quien, ciego, las cobija.

 

Son Calatayud y Borja,

Somontano y Cariñena,

las fuentes de donde mana

la alegría aragonesa.