Recorremos algunos de los cómics más terroríficos de la actualidad y nos adentramos en sus tendencias narrativas.

Detalle de la portada de «Estudio en Esmeralda»

 

Texto: Juan R. COCA

 

El terror sigue teniendo un lugar destacado en el mundo del cómic. En este sentido podemos citar series tales como Stitched (Panini), Providence (Panini), The Sandman (ECC) o The walking dead (inicialmente publicada por Planeta y ahora reeditada por ECC), entre muchas otras. Nos gusta pasar miedo y tener esa desazón en el cuerpo que nos generan las historias inquietantes. Ahora bien, si nos fijamos, podemos diferenciar entre dos maneras generales de crear estas historias: el miedo elegante y el miedo gore.

El miedo elegante

El primer ejemplo que vamos a ver, está en Los mitos de Cthulhu (Astiberri). Una excelente adaptación de la obra de Lovecraft realizada por Alberto Breccia y Norberto Buscaglia. Este trabajo, de carácter experimental, logra transmitir como pocas ese viaje entre lo onírico y las pesadillas presente en la obra literaria lovecraftiana.

Podemos mencionar también las obras de Neil Gaiman, como The Sandman (ECC) o la recientemente publicada Estudio en esmeralda (Planeta cómic) donde el miedo sobrenatural y el misterio se van entrelazando en una narración escrita y visual de enorme calidad. En el caso del Estudio en esmeralda, incluso vemos elementos políticos que nos recuerdan a la afamada From Hell de Alan Moore.

Por último, también queremos hablar de una obra reciente: Villanueva (Astiberri). Este trabajo, firmado por Javi de Castro, es uno de los ejemplos más actuales de esta manera de narrar las historias de miedo. La obra, que se podría enmarcar dentro del folk horror, está ambientada en la zona de León, en uno de los muchos pueblos que encontramos en la llamada España vaciada.

Todas estas historias están narradas (tanto a nivel escrito como visual) con elegancia y cuidado.. De hecho, consiguen impactar en las emociones del lector sin la necesidad de mostrar imágenes espectaculares o crudas. El terror, por lo tanto, está más en la historia que en la imagen.

El miedo gore

Existe un segundo enfoque en los cómics de miedo en los que el impacto narrativo es más crudo y directo. Posiblemente sea el modelo más utilizado por los creadores y parece que es el que más aceptación tiene por el público. De hecho, algunos cómics de los sellos más comerciales también tienen este carácter. Me viene a la cabeza, por ejemplo, el trabajo de Tom Taylor en DCsos o el de Scott Snyder en Noches oscuras metal donde las tradicionales luchas de los superhéroes de DC se enmarcan en una narración más vinculada al terror. Ambas series han tenido gran éxito comercial, generando diferentes tipos de secuelas posteriores. También podemos mencionar la serie Stitched (Panini) escrita por Mike Wolfer que es una de las historias más visuales que he podido leer, o el integral titulado Joe Hill integral novela gráfica (Planeta), donde se recogen diferentes obras basadas en las novelas de Joe Hill o historias escritas por él. Otros ejemplos son Muerdeuñas (Norma), Colder ómnibus (Hidra) o Outcast (Paria) (ECC). Este último firmado por Robert Kirkman creador de la afamada The walking dead.

Los diferentes cómics que acabo de comentar tienen en común un elemento narrativo. Utilizan las imágenes crudas y se asientan en elementos terroríficos para generar una narrativa de acción. En este sentido, el miedo se usa como un elemento generador de tensión y no tanto como estructurador de la narración. Al contrario de lo que sucede en los ejemplos anteriores. Vemos, por lo tanto, dos tendencias narrativas claras en el cómic de terror, aunque el miedo más visual y gore, sin ninguna duda, es el que más atrae al público.