Kiran Desai: “La soledad y el amor son caras de una misma moneda”
En “La soledad de Sonia y Sunny” (Salamandra), la escritora india narra la historia de amor de dos jóvenes cuyos destinos se cruzan y se separan a lo largo de los años y de países tan distintos como EEUU y la India.

Texto: David Valiente Foto: Asís G. Ayerbe
Veinte años de silencio. Se dice pronto. “Que no haya publicado nada en estas dos últimas décadas no significa que haya dejado de escribir”. Kiran Desai (Nueva Delhi, 1971) se sentaba todas las mañanas ante su escritorio y llenaba el papel en blanco con imaginación y palabras. Confiesa haberse sentido superada por la magnitud de su primer borrador: “Así que me detuve y releí cada folio. De esa montaña de hojas ha nacido mi nueva novela”. Estamos hablando de La soledad de Sonia y Sunny (Salamandra), una historia de amor, de soledad y de identidad entre dos jóvenes indios que, tras regresar de Estados Unidos a su país natal, no necesitan intermediarios para —como dicen los ingleses— caer rendidos al amor, con todas sus presiones y sus encantos.
“Publicar es una tarea casi artificial”, asegura Kiran Desai, que a la edad de treinta y cinco años ganó el Booker, uno de los premios más prestigiosos de las letras angloparlantes, y se convirtió en la autora más joven en conseguirlo hasta la fecha. Cuando se produjo la concesión residía en Nueva York y compartía piso con tres personas más. “Quizá, con treinta y cinco años, sea tarde para seguir en ese estadio vital pero, como afirma un personaje de mi libro, es complicado madurar siendo artista porque suele faltar un empleo que te ofrezca estabilidad económica. El arte exige sacrificios y se puede dar el caso de que el artista se pierda en los recovecos de su mundo interior”.
El reconocimiento de ese mundo interior llegó con su segunda novela El legado perdido. Puertas y ventanas fueron abiertas de par en par: “Empecé a viajar muchísimo y a descubrir tantas cosas nuevas que han influido en mi modo de pensar, de sentir y de escribir”, dice con una tímida sonrisa en los labios.
Por las venas de Kiran Desai corre sangre literata. Su madre es Anita Desai, una de las escritoras indias más reconocidas a nivel internacional. “Entre nosotras no existe ningún tipo de competitividad literaria. Tenemos una relación madre e hija corriente, con nuestras pequeñas rencillas pero no por asuntos literarios”. Kiran Desai dedica unas conmovedoras y hermosas palabras a su madre: “Es una mujer maravillosa. Me siento muy afortunada de compartir intereses literarios y tener un mismo paisaje de referencia. A veces tengo la sensación de que no solo me aprovecho de su biblioteca personal, sino de todo lo que ella me ha enseñado, elementos tan importantes para un escritor como la disciplina. Su forma de entender el mundo me ha ayudado un montón en mi formación como escritora”.
¿Ha aspirado, usted, en algún momento de su carrera a vivir dentro de sus libros, como Illan pretende hacer con su trabajo pictórico?
Fue una carta de Vincent Van Gogh, en la que mostraba su forma de conectar con los paisajes que descubría y luego trascenderlos en sus cuadros, la que inspiró los deseos de este personaje. Y sí, durante los últimos quince años he vivido prácticamente absorta en mi trabajo literario. El pintor neerlandés me enseñó a descubrir la obra artística con absoluta sencillez.
La tercera máxima del decálogo del escritor estadounidense Ernest Hemingway invita a mezclarse “estrechamente con la vida”. ¿Se puede escribir desoyendo este consejo?
El gran dilema de todo artista es encontrar el equilibrio perfecto entre su mundo creativo y su vida privada. Se suele afirmar que las vivencias preceden a la escritura, pero Amos Oz decía que los traumas de la infancia proporcionan el material literario suficiente para emprender una carrera. Creo que uno de los motivos por los que me he demorado tanto en publicar una nueva novela ha sido la necesidad de vivir más. Algunas partes del libro están muy cercanas a mi propia experiencia.
El padre de Sunny le dice las siguientes palabras: “Tanto el exilio como el amor destruyen el sentido de identidad”.
Son muchas las cosas que destruyen la identidad. Este libro, de hecho, lo he concebido como una enciclopedia de las múltiples formas en que puede quebrarse una personalidad. La frase que me acaba de citar es una referencia del padre de Sunny al poeta místico Rumi, quien emprendió el camino del exilio impulsado por el amor, no a una mujer, sino a las esplendorosas ruinas situadas en lo que hoy es Afganistán. Soledad y amor son caras de una misma moneda: con mi novela he querido hablar de amor, pero desde las distintas versiones que existen de la soledad y, así, explorar los diferentes tipos de amor. El amor de Sonia y Sunny está atravesado por las ideas y relatos amorosos que los rodean: historias de familiares y amigos que, en la novela, adquieren el valor de la esperanza.
En la literatura india, el tema de los matrimonios concertados sigue muy presente. ¿Por qué?
Porque la gran mayoría de los matrimonios siguen siendo concertados. La India es considerada un país moderno y existe un deseo de que los enlaces se desarrollen en consonancia con esta consideración. He conocido matrimonios concertados que han resultado ser muy felices y personas que se casaron por amor que terminaron arrepintiéndose de su elección. Hay de todo. A menudo me encuentro con mujeres jóvenes occidentalizadas que piden a sus padres que les busquen un marido adecuado porque ellas se ven incapaces de dar con el amor de su vida. Sin embargo, los matrimonios concertados también generan sentimientos contradictorios en los individuos. Una de mis amigas sentía consuelo por recibir el apoyo de sus familiares y no abandonar sus raíces, pero a la vez tenía una sensación de pérdida: no ha sido capaz de definir su esencia a través el amor.
La familia materna de Sonia no se tomó muy bien que su abuela se casara con un alemán. ¿Qué tan tolerados están hoy en la India los matrimonios mixtos?
En la década de los veinte del siglo pasado, mi abuela alemana se casó con mi abuelo bengalí y las dos familias lo aceptaron sin mayor resistencia. Así que los matrimonios mixtos ya se daban desde hace tiempo sin generar grandes revuelos sociales. En la India se producen todo tipo de matrimonios, pero los más discutidos siguen siendo los que involucran a personas de castas o religiones diferentes. Se documentan casos de violencia contra matrimonios formados por una persona hindú y otra musulmana. Por desgracia, este tipo de relaciones son cada vez menos toleradas.
¿Qué es la soledad para Kiran Desai?
En mi novela, he intentado incorporar todas las vertientes de la soledad. Algunas no son más que exploraciones intelectuales de ese sentimiento, y otras las he experimentado en primera persona. Al igual que Sonia y Sunny, conozco el dolor que produce estudiar lejos de la familia en una ciudad tan inmensa como Nueva York. Pero he de admitir que la soledad también ha sido mi combustible para escribir, y esto me entusiasma.
Sunny no experimenta la misma soledad que Sonia. De hecho, tengo la sensación de que el joven se empieza a sentir verdaderamente solo cuando regresa a su país natal.
Sunny pertenece a ese grupo pequeño de indios que se han occidentalizado, tratando de asumir la cultura anglosajona, hasta el punto de olvidar las lenguas locales. Este tipo de personas se sienten solas en su país natal y entre sus familiares. Se creen muy importantes y no se dan cuenta de lo ridículos que pueden llegar a ser. La gente a su alrededor se ríe de sus maneras anglizadas y de su acento británico. Con esta novela he querido acabar con esa idea de que únicamente en el mundo occidental, moderno y capitalista los individuos se sienten solos. En la India, por mucho que estén rodeados de personas, también pueden sentirse profundamente aislados.
Una de las cuestiones que aborda es esa necesidad que muchos indios tienen de marcharse y, en cierto modo, dejar de ser indios. ¿A qué se debe esto?
Conozco bien esa clase social: es la mía. Por eso me permito describirla con cierto tono satírico. No siento que deba callarme nada; tengo la libertad de escribir sobre lo que muchos sienten y no siempre se atreven a decir. Ese deseo intenso de pertenecer a Occidente se remonta a generaciones atrás y está profundamente ligado a la historia del país. Durante mucho tiempo se creyó que el centro del mundo estaba allí. Jóvenes como Sonia fueron educados para occidentalizarse, para desprenderse del mundo del que proceden. El problema es que, en muchos casos, no logran cumplir esas expectativas; y quienes sí lo consiguen solo después, cuando han alcanzado aquello para lo que fueron formados, pueden mirar atrás y reivindicar sus raíces. En 2021, los indios fueron, después de mexicanos y salvadoreños, el tercer grupo nacional que más emigró de manera irregular a Estados Unidos. Es un dato revelador: no se trata de un país vecino. Esa realidad contradice la retórica de orgullo nacional y la idea de una India plenamente confiada en su propio destino.
La novela está ambientada a finales de los años noventa y ya refleja los problemas del sectarismo religioso y del ultranacionalismo hinduista. ¿Cuándo diría que comienza a resquebrajarse la India secular soñada por Nehru?
Se suele pensar que Narendra Modi, actual primer ministro de la India, es el resultado de una batalla que el país lleva librando desde hace décadas. La idea de India que él encarna siempre estuvo ahí. Ya en tiempos de la Independencia ese debate atravesaba la vida política y cultural del país. Me interesaba explorar en la novela esas corrientes subterráneas que no solo existen en la India y cuyo momento de irrupción nunca puede predecirse. Crecí escuchando las ideas de Gandhi, como mis padres y mis abuelos. Sabíamos que el nacionalismo hinduista estaba en el horizonte y que iba ganando fuerza, pero nunca imaginamos que pudiera imponerse a la visión gandhiana.







