El amor de Theodor Kallifatides

Galaxia Gutenberg que se ha ocupado, con acierto, de la publicación de la obra de Kallifatides en España, continúa esa labor con uno de los libros más queridos por su autor, una novela de 1978 que por fin ve la luz en castellano: «El amor».

Texto: Antonio García  Foto: Asís G. Ayerbe

 

Theodor Kallifatides nació en Molaoi, el 12 de marzo de 1938, y se trasladó en el 56 a Atenas con sus padres, tras haber padecido los horrores de la guerra, presenciando, entre otros horrores, una ejecución pública a la que los soldados alemanes obligaron a asistir a todo el pueblo, que le marcaría profundamente. Más tarde, en el 64, emigró, como tantos otros, a Suecia, el paraíso socialdemócrata y liberal que parecía entonces haber alcanzado la felicidad en la tierra. Allí estudió Filosofía en la Universidad de Estocolmo, donde llegaría a ser profesor durante años. Empezó escribiendo poesía, pero es en su narrativa donde mejor apreciamos su enorme talento.

Si su trilogía, compuesta por Campesinos y señores (1973), El arado y la espada (1975) y Una paz cruel (1977), en la que recuperó su infancia y su adolescencia durante la Segunda Guerra Mundial y la ocupación griega por los nazis en 1941 hasta el fin de la guerra civil griega en 1949, casi diez años de tormentos que se prolongaron en una terrible posguerra en un país aniquilado por la violencia y el rencor; le situaron en lo más alto de la literatura europea de la época, no menos atención merece otra especie de  trilogía que Kallifatides ha facturado, sin proponérselo, me atrevo a decir, esta vez sobre algo mucho más íntimo y personal: sobre el amor. Estaría compuesta por Una mujer a quien amar, Timandra y este El amor. En la primera, curiosamente, el autor habla de un amor que puede parecernos extraño: es amor, sí, pero un amor que excluye la sexualidad y el deseo. Es amistad, la amistad desde la juventud del autor con Olga, que se prolonga hasta la triste enfermedad y el fallecimiento de ella; una forma de amar, seguro, pero tampoco eso a lo que habitualmente designamos con la palabra, un tanto sobrecargada de sentidos, de amor. Timandra es una impresionante, bellísima y aleccionadora historia sobre una mujer fascinante, un personaje histórico que reunió en su casa a las mejores mentes de una época plagada de mentes brillantes, de Sócrates a Eurípides, pero que en manos de Kallifatides se convierte en una fina e implacable historia de amor total; la historia de amor entre Timandra y Alcibíades. Una relación trágica y hermosa, en la que Timandra destaca como una mujer soberana, dueña de sí y enamorada hasta la médula: entregada, libre y lúcida. No es raro que el propio Kallifatides considere esta como su mejor obra: es magistral. La siguiente pieza que justificaría la trilogía es El amor. En ella no viajamos al pasado, ni el autor recurre a figuras históricas. Al contrario. Parece, como en otras ocasiones, hablar, sencillamente, de sí mismo. Y para ello habla de las mujeres, de la paternidad y, por supuesto, del amor. Es decir, habla del deseo, de la entrega y la renuncia; de la traición, de la dependencia y la autonomía. Del deber y del dolor, de la abnegación y del egoísmo. Y de la soledad, pues, al final, siempre estamos solos. El protagonista, Laki Sarris, como el escritor, es griego, y como él vive en Suecia: es una mezcla. Es complejo. Ama profundamente a una mujer, aunque haya amado antes con la misma intensidad, en una especie de amor inaugural, y comparte con ella un hijo al que adora. Pero la felicidad nunca nos basta, nunca es suficiente. El deseo, la curiosidad, la inquietud, el azar, le llevan a enamorarse de otra mujer más joven, aunque la edad no sea aquí relevante. Lo decisivo es la profundidad de la quiebra, la radicalidad de la decisión que el enamorado ha de tomar. Ama a su pareja, adora a su hijo y ama, igualmente, a Li. Incluso hace cábalas. Deja a Lena y a Johan y se queda con Li; deja a Li y se queda con Lena y Johan, deja a Lena y se queda con Li y con Johan, deja a Lena a Johan y a Li… Lo cierto es que tras confesar a su pareja que está enamorado de otra mujer, ya nada puede solucionarse. Lena se va con su hijo. Li, que ya ha entregado su cuerpo a otros hombres, que ya ha entregado su amor a otros hombres, le ofrece una noche de sinceridad absoluta en la que le revela todos sus secretos, toda su intimidad y su vida, pero, en verdad, es la soledad la que acecha. Es el amor colisionando contra sí mismo, como asegura Sarris. O es la libertad, dando cabezazos. O es, tan solo, un intento de escapar de esa cárcel burguesa que convierte el amor en una convención, en unas normas que excluyen a unos para dar cabida a otros: que cierran puertas más que abrirlas. Puede que fuera todo eso, nunca lo sabremos. Nadie lo sabrá. Lo que sí sabemos es que pocos escritores son capaces de abrirnos esas puertas como Theodor Kallifatides. De hacernos sentir y pensar, de obligarnos a ser responsables. A ser libres aun estando perdidamente enamorados. El amor, una estupenda novela, al fin y al cabo, sobre la vida.