Antonio Enrique: un poeta de luz y silencio
Nazarí publica «Orgía del silencio» del profesor granadino.

«Las Meninas», de Diego de Velázquez. Museo del Prado.
Texto: Enrique Villagrasa
Termino de leer Orgía del silencio (Nazarí, 2025), del profesor y poeta granadino Antonio Enrique (Granada, 1953, afincado en Guadix) y quedo hechizado pues en él se contempla historia, momento, paisaje y paisanaje de ese Madrid, alcázar de los Austrias, <<En el salón de palacio que fueron las dependencias/ del príncipe Baltasar Carlos antes de morir>>, donde Diego de Velázquez (Sevilla, 1599-Madrid, 1660) está pintando Las Meninas: lo terminó en 1656.
El poemario está narrado por un duende libre, suelto, que es a la vez ángel y musa. <<El camino de los cipreses no es la primera vez/ que lo emprendo>>. Esta entidad, ese muerto ve en lo invisible, y vaga por las estancias de palacio, vive ahí, y es casi omnisciente: <<¿Qué quieres que te diga?/ ¿Cómo se dice? Yo estaba allí>>. Y lo cuenta versificado en treinta poemas de versos certeros y con tono dramático, de tragedia, dolor y muerte; y también tragicomedia y eco historicista: <<Nadie puede imaginar lo que pasa aquí>>.
Comparecen así diversos personajes, uno tras otro, del inmortal cuadro y de otros, de la La familia de Felipe IV, como se lo conoció entonces: Maribárbola, Nicolasito Pertusato, el perro León, Marcela Ulloa, Diego Ruiz de Azcona, Jusepe Nieto, Felipe IV, entre otros como la monja María Coronel. Está también, claro, Diego Velázquez ensoñándose en la fastuosa trama del prodigioso cuadro, pero están sobre todo las entrañables meninas María Agustina Sarmiento e Isabel de Velasco que atienden a la Infanta Margarita de Austria, de cinco años, la miman y agasajan: <<La niña de cinco años gira convertida/ en una peonza de muchos colores,/ pero es el sol>>; una le ofrece un pote de agua de olor y otra le dedica una gentil reverencia. ¡Amén!
Es tan seria y estilizada la escena de Las Meninas que bien podría decirse que rozamos el éxtasis estético y por ello posiblemente estamos ante uno de los cuadros más bellos jamás pintado. El silencio se acompasa a la magia de los espejos, que me recuerda a las novelas históricas de Néstor Lujan, a cuya memoria también está dedicado el libro, por cierto. Entra el sol de media tarde y el acompañamiento de bufones, guardadamas, ujier y aposentador se divierten o departen. Y en esto aparecen los reyes, cuyo reflejo en el espejo del fondo implica que el espectador de nuestros días ha de estar forzosamente delante de ellos en la realidad ficticia, suspendiendo el tiempo y espacio diríase: <<Se apagaron las luces en un sitio y otro. Pasa la noche>>.
No hay que olvidar que la pintura de Velázquez persigue y logra con el factor luz en sus grandes pinturas como Las Meninas, al igual que Antonio Enrique en esta Orgía del silencio, que la luz del cuadro y en este caso del verso esté en perfecto equilibrio con los demás factores para la consecución de un realismo óptico plástico literario: <<Porque lo que ocurre es que está estallando/ el silencio en pleno día>>.
La poesía del poeta Antonio Enrique me parece luminosa, mágica y esencial, hechizante, con enjundia, con pensamiento, a la hora de recrear este cuadro que ahora y tras leer este libro observaremos con nueva mirada, ante esa atmósfera histórica de luz y silencio que pergeñan estos versos y no otros, escritos en estado de gracia en esta Orgía de silencio: <<Esos ojos tuyos de ciruela claudia>>.
Creo sinceramente que Antonio Enrique logra con este libro su poemario más exquisito de total madurez, donde las pinceladas verso de singular lirismo están teñidas de esa espiritualidad épica barroca, que tal vez haya que recuperar en la poesía española. La ausencia y presencia de la luz y el silencio se hacen presencia y ausencia en el cuadro y en el poemario: conocimiento y comunicación a la par. No lo duden, personas lectoras: <<La luz no se ve. Si te fijas bien/ es lo único que no se ve./ Lo que esto sea>>. Aunque no falto de ironía y en silencio el poeta acaba el libro con estos versos, para que no nos preocupemos en demasía: <<La vida, amigos sigue igual:/ El muerto al hoyo y el vivo al bollo>>.
Antonio Enrique, gran conocedor también del Barroco, cultiva la poesía, novela, ensayo, memorias y crítica literaria. Ha publicado, con este poemario Orgía del silencio (Nazarí), veinticinco libros de poesía. Decidido impulsor de la Literatura de la Diferencia, movimiento al que dio nombre, en 1994 cofundó el Salón de Independientes, al que se unieron más del centenar de escritores. Presidente honorario del Instituto Iberoamericano de Estudios Andalusíes. Reside en Guadix, ciudad en la que se jubiló tras treinta y cuatro años de vida docente y en la que está al cuidado del aula Abentofail de poesía y pensamiento, empeño por el que fue reconocido con el premio Mecenas de Literatura Andaluza en 2021, tras 169 intervinientes.
CAMINO DE LOS CIPRESES (26)
El camino de los cipreses no es la primera vez
que lo emprendo. Todos tenemos que pasar por aquí.
Por esto somos hermanos, porque hemos de morir.
No nos aflijamos. Venimos a este mundo para irnos.
No somos de aquí, este mundo nos confunde.
Hay algo de ti, y en mí, que nos imanta a la tierra
donde yacen nuestros ancestros. Pero es sólo arcilla,
polvo meditabundo, carcundia universal
donde nos cocemos y hervimos de pasión y ambición.
Ver para volver. Dar para olvidar. Hay algo en ti
y en mí que no es mío ni tuyo. Es de la tierra
y es del hielo. Abracémonos amigo y amiga.
Después de todo, todo fue ficticio. Todo fue
para despertar en otro cuerpo, más allá
de las estrellas, al confín de los días sigilosos.
Ay mi corazón que ya no puede más. Amémonos.
Besemos y bebamos. El camino sigue y los pies
tuyos son. La caverna de las Meninas sigue ahí.










