Nuestras sugerencias poéticas para la visita a la Feria del Libro de Madrid.

Detalle del cartel de la Feria del Libro de Madrid 2022

 

Texto: Enrique VILLAGRASA

 

La 81ª Feria del Libro de Madrid se celebra hasta el 12 de junio en el parque de El Retiro. Su leitmotiv es el viaje y de viaje nos vamos con la poesía y sus poetas: un viaje al vacío de la fe, del otro y su amor, en la esperanza de un mundo mejor, del ser y estar como personas con personas. Es justo y muy necesario leer y leer poesía más aún, si cabe. Entender la naturaleza y la existencia. Les presentamos un mapa poético, en esta vuelta a la normalidad, para que las personas lectoras no se pierdan, si así lo desean, claro:

 

Los bañistas (RIL) de Helena Mariño (Madrid, 1990), con palabras de Claudia González Caparrós, es un viaje que propone en sus versos esta poeta, que como bien dice en el primer poema, no escribe para entender sino para generar contexto. Un poemario muy personal que es una etapa en este periplo poético de su segundo libro. Acidez brillante: “las palabras desertar y desierto no se escriben igual en mi idioma”.

 

Aguas rotas (Diputación de Soria) de Palmira Cañada Moreno (Valencia, 1966) es XXXVII premio Gerardo Diego 2021, para escritores noveles y destaca por la versificación del sentimiento de culpa que tienen la mayoría mujeres: sentimiento heredado y que no desaparece, al decir de esta poeta. Es pues una exploración atrevida de la condición femenina. Memoria y lenguaje desafiante: “la turba de una sangre”.

 

Mundo (Sexto piso) de Ana Luísa Amaral (Lisboa 1956), con traducción de Paula Abramo, es una muestra maravillosa de la atención a lo pequeño, a lo cotidiano, en la complicidad de la persona lectora desde y con la reflexión y la sugerencia. Una puerta abierta al mundo, en la realidad de cada día, desde la vida y por la vida, huyendo de las interpretaciones, con lenguaje claro y sencillo: “en el sabio papel que te sustenta”.

 

La filtración de la luz (Chamán) de Sihara Nuño (México, 1986), con epílogo de Gustavo Ariel Schwartz, es saber que lo lucido anida en lo lúdico y este poemario da cuenta de ello y magistralmente, desde su intuición que es la que guía de su poesía. Esa cadencia del verso vibra y el universo lo sabe. Estos poemas imbrican de manera eficaz el arte, la filosofía y el pensamiento poético: “La invisibilidad de otros para salvarnos”.

 

Fricción (Antología 2007-2021) (Bartleby) de Ana Pérez Cañamares (Santa Cruz de Tenerife, 1968), con prólogo de Alberto García-Teresa, es el viaje deseado para conocer la obra de esta poeta realista y crítica. Sus hallazgos líricos iluminan esas zonas más sombrías de la existencia. Belleza y verdad en poemas de gran sencillez nada fácil: honestidad y compromiso, con el que vivir: “tus besos tienen el sabor/ de la libertad”.

 

Los secretos de los demás (Prensas de la Universidad de Zaragoza) de Carmen Ruiz Fleta (Zaragoza, 1978) es memoria, mirada y lenguaje: evocación, sugerencia y ritmo. Versos que conmueven, narración y elegía imbricadas. Pasión y verdad de ese yo poético firme, de una poeta que sabe de los temas que le ofrece su propia vida singular y personal, dándole voz al sentido oculto: “Cierro el velo de tus ojos para siempre”.

 

Vulváfora (Libros del Innombrable) de Esther Lapeña (Madrid, 1982), con prólogos de Jaime D. Parra y Gustavo Vega. Es una poesía fresca, erótica, llena de vida y belleza. Es una apuesta clara por esa poesía larva, crisálida que espera la mirada de la persona lectora para ser. Textos, citas, poemas, collages, poderío y fuerza que bien vale la pena leer. Poesía que juega y es como “La lluvia sobre el árbol cayendo”.

 

de Uno (Contrabando) de la valenciana Lola Andrés es poesía en estado puro, natural. La poesía es su vida y su vida es la poesía, pues en ella y con ella se relaciona con el otro y siente y vive el mundo: este mundo en el que estamos, este plagado de instantes que hay que poetizar, desafío que acepta y logra, y los eleva a la categoría de poesía señera: “decidme qué dulzura/ tendrá que adormecer tanta tragedia”.

 

Anuario (Siltolá) de Elena Felíu Arquiola (Valencia, 1974), con palabras de Yolanda Ortiz Padilla. Es una poeta que sorprende en este su cuarto poemario, por esa aspiración casi juanramoniana de esa aspiración constante de algo nuevo, donde además de las ideas viven las palabras. Se nota que la poeta ha hallado su propio lenguaje, como una poesía nueva que funda su ser: “Nos envuelve/ la casa y su latido”.

 

Mitología del agua (Ayuntamiento de Baena) de Isabel Hernández-Gil Crespo (Madrid, 1999), con prólogo de Ignacio Elguero. Es I premio de poesía joven José Antonio Santano y como tal es un poemario y una poeta de la que oiremos hablar , pues sabe que todo es del dominio de la memoria y del ejercicio del recuerdo, de lo que en ella se guarda se nutre toda celebración poética: “Uno no puede recordarse/ en el mar”.

 

Urbe Capensis (Prensas de la Universidad de Zaragoza) de Adriana Bañares (Logroño, 1988) logra afrontar la realidad real en este poemario, ese viaje hasta la miseria humana de un hecho terrible y ella lo poetiza en un extenso poema inquietante y hermoso: belleza y calidad se pide a la poesía, sin ir más lejos. Todo es dolor oscuro, con versos capitales como estos: “infinita/ la herida que cicatriza bajo el frío”.

 

Las profanaciones del amor (Letras Cascabeleras) de Teresa Domingo Català (Tarragona, 1967), con introducción de Agustín Calvo Galán, es un conjunto de poemas en prosa, de carácter místico. Una poesía poliédrica que se persigue en esa búsqueda o viaje del yo al yo. Todo es ella, la poesía y la vida. Ironía y enjundia por doquier en estos poemas en prosa: “Brilla tu regreso, cuando escancias luna entre mis ingles”.

 

La ruptura no será televisada (Liliputienses) de Mana Muscarsel Isla (Patagonia, 1987) es la historia de una ruptura de amor, que no es otro que el del yo poético, con un lenguaje cuidado, elocuente y con un estilo directo y gran poderío de imágenes. La fuerza de una pasión en versos sutiles, explícitos e irónicos: tristeza con enjundia en versos poderosos, en paisajes eróticos: “también es el cuerpo ardiente el que sabe dar calor”.

 

Todas las canciones que nos contamos a solas (La Cabaña del loco) de Nerea Ferrez (Logroño, 1988) y Borja Collantes (Éibar, 1984). Una recopilación de poemas pregunta respuesta, mientras gira el disco de todas las melodías que hemos compartido dicen. Y asombro de “poder encontrarnos en el fondo del laberinto”, pues “Luz, sombra y camino somos”. Una poesía cómplice, complementaria, vitalista y tan necesaria.

 

Y no podemos terminar este mapa de la poesía y sobre la poesía que se escribe en la actualidad sin citar que esta genia poética que es la poeta asturiana Olvido García Valdés (Santianes de Pravia, 1950) ha sido galardonada con el XXXI Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y copiar un poema suyo, que me parece muy especial: bello y de gran calidad poética:

 

OTRO PAÍS, OTRO PAISAJE

 

Otro país, otro paisaje,

otra ciudad.

Un lugar desconocido

y un cuerpo desconocido,

tu propio cuerpo, extraño

camino que conduce

directamente al miedo.

El cuerpo como otro,

y otro paisaje, otra ciudad;

atardecer ante las piedras

más dulcemente hermosas

que has visto,

piedras de miel como luz.

 

(de El tercer jardín, 1986)