La periodista Anna María Iglesia publica sus conversaciones con el escritor Enrique Vila-Matas en «Ese famoso abismo» (Wunderkammer)

 

Texto: REDACCIÓN Foto: Asís AYERBE

 

 

La periodista, filóloga y escritora Anna María Iglesia quiso meterse en la cabeza de uno de los escritores en lengua española con un mundo más personal durante esos meses del confinamiento en los que el único mundo que no podía encerrarse era el de la imaginación. El resultado es Ese famoso abismo. Conversaciones con Enrique Vila-Matas (WunderKammer). Estos son algunos retazos de esa inmersión literaria…

 

“Yo me destruí físicamente tratando de ser un escritor genial, creí que para escribir muy bien tenía literalmente que buscar el cuerno del toro y jugarme la vida y por poco la pierdo, y todo desembocó en 2006 en lo que llamo mi colapso físico. Atrás dejé algunos buenos libros, que por poco me cuestan la vida, El mal de Montano y Doctor Pasavento, por ejemplo. Al volver al mundo después del colapso, decidí probar suerte con un libro de cuentos que enlazara con Suicidios ejemplares, y a lo largo de una tranquila convalecencia —no perdí energía pero dejé de beber—, fui escribiendo relatos sobre exploradores de los más diferentes abismos».

 

  • “Estoy entre los que sospechan que el esmero en el trabajo es la única convicción moral del escritor”.

 

  • “Quiero parecerme a mí mismo, un tipo adscrito a lo que alguien llamó la demente sabiduría y que, si no recuerdo mal, consiste en creer en lo que hacemos y que esto nos importe mucho, pero no lo suficiente para que nos importe tanto, de modo que en cualquier momento lo podamos dejar y, sin embargo, podamos también seguir creyendo firmemente en ello”.

 

  • “Fantasmal y quijotesco, así me veo. Un tipo que en plena crisis mundial puede aún permitirse el lujo de sentarse frente al mar en Barcelona y preguntarse si existe o no”.

 

  • “A mí me gustan las habitaciones de hotel porque son lugares que nos recuerdan que por mucho que creamos tener una casa propia, no tenemos un lugar en el universo”.

 

  • “Beckett fue quien vio mejor que nadie que los escritores realistas engendran obras discursivas porque se centran en hablar sobre las cosas, sobre un asunto, mientras que ‘el arte auténtico no hace eso: el arte auténtico es la cosa y no algo sobre las cosas’”.

 

  • “Escribir siendo consciente de que ya está todo escrito y al mismo tiempo sabiendo que hay ahí una grieta fenomenal por la que uno puede colarse como si fuera a viajar al centro de la Tierra”.

 

  • “Si diéramos con una novela completa, es decir perfecta, sería muy tediosa. ¿No decía Voltaire que el secreto de aburrir es contarlo todo?”.

 

  • “No creo revelar ningún gran secreto si digo que la verdadera realidad es la propia de uno mismo”.

 

  • “No hago, me parece, muchas concesiones al lector, así que escribo básicamente para pocos, quizá solo para mí mismo. Siempre he tenido la impresión de que en cuanto el escritor se guía por el público está perdido”.

 

  • “No le recomiendo a nadie que me tenga como referente de nada”.