Enrique Vila-Matas acaba de publicar “Montevideo” (Seix Barral), una ambiciosa novela sobre la que charló con el periodista y escritor Álvaro Colomer en el marco de los Diálogos On Line de la ACEC.

Texto: Redacción Foto: Asís G. AYERBE

 

Enrique Vila-Matas lleva 49 años publicando: su primer libro lo editó Tusquets en 1973. Actualmente es uno de los autores españoles con más prestigio literario. Hablar de Vila-Matas y no mencionar su libro Bartleby y compañía (2000) es inevitable. Es una de sus obras más conocidas; está traducida a más de 30 lenguas y nos narra la historia de esos seres que se niegan a escribir. La literatura, los escritores, escribir, forman parte del imaginario de las novelas de Vila-Matas.

Su último libro Montevideo (Seix Barral), tiene como protagonista a un escritor que sufre un bloqueo y al que le empiezan a suceder cosas que él considera extraordinarias. Tras tres años sin publicar por problemas de salud, Vila-Matas presenta esta novela donde destaca su tono fantástico, que la distingue del resto de sus libros anteriores. También aparece el humor, aunque como Vila-Matas afirma, eso sí es innato en su obra: «Mi sentido del humor ha estado siempre ahí. En Montevideo reconozco que está más presente que nunca, pero yo más bien hablaría de una alegría que cruza por todo el libro, profundamente trágico por otro lado, lo que no le quita un cierto aire shandy, término extraído del Tristram Shandy, de Laurence Sterne. Un shandy en el condado de Yorkshire —donde Sterne vivió parte de su vida— era alguien “alegre, voluble, chiflado”. Y shandys son, por otra parte, los conjurados que protagonizan mi Historia abreviada de la literatura portátil (1985). La verdad es que, en mi segundo asalto al borrador de Montevideo, en la segunda y más bien emocionante redacción final de la novela, creí notar que, a medida que avanzaba en ella, la ironía y el sentido de la alegría iban ganando terreno».

Una figura capital en la novela es Julio Cortázar. Contaba Vila-Matas que se alojó en el Hotel Cervantes de Montevideo y pidió dormir en la habitación de Cortázar que le inspiró el cuento La puerta condenada. A pesar de que en un primer momento le dijeron que no y que Cortázar no había estado, que era Carlos Gardel, Vila-Matas estuvo allí y fue ese el motor de su novela. «Empecé a escribir Montevideo con un conocimiento muy parcial de Cortázar. Le había leído, a los veinte años, pero únicamente sus cuentos más famosos. Cuando llegué a Rayuela, no pude con ella, ni con la Maga, ni con la gente de mi edad que sublimaba el libro. Leí pues solo algunos relatos de Cortázar y, como tantos jóvenes, creí que era fácil de imitar. De hecho, leerlo me animó a escribir. Mi primer libro, el de 1973 (juraría que no lo ha leído entero nunca nadie), tiene huellas de Cortázar y de su hilo narrativo tan engañosamente sencillo y fluido. Fue curioso, porque a medida que avanzaba en mi escritura de Montevideo iba entrando en otras novelas y cuentos suyos. Era como si, sin haberlo previsto, estuviera escribiendo Montevideo para saber más sobre Cortázar. Y es seguramente por eso que los interlocutores del narrador le informan a veces de cosas que de la vida y obra de Cortázar justo acababa de descubrir yo. Por ejemplo (no lo sabía y lo incorporé de inmediato al libro), que había vivido de niño en Barcelona y que el psicodelismo del Parque Güell, según su madre, era el motivo por el que de adolescente sufría alucinaciones. Y descubrí con asombro, hacia el final de Montevideo, que las arañas recorrían toda su obra. Lo confirmé del todo cuando encontré ese mensaje de Navidad que le envió su amiga Elena Poniatowska, donde terminaba diciéndole: “Feliz Navidad y un maravilloso Año Nuevo 1980. Te quiere y te admira y demás arañas, muchísimo, Elena”.

Enrique Vila-Matas concede pocas entrevistas presenciales y realiza escasas intervenciones on line, pero el lunes, 7 de noviembre a las 20h, charló con el periodista y escritor Álvaro Colomer en el marco de los Diálogos On Line organizados por la ACEC, en colaboración con CEDRO, para hablar sobre su novela, sobre la literatura y la pulsión de escribir. Puedes verla aquí: https://www.youtube.com/watch?v=V871xRE6PhM

 

Decálogo metaliterario de Enrique Vila-Matas

Texto: Javier Aparicio Maydeu

1.- La obra entera de Enrique Vila-Matas se diría un homenaje a sí mismo, cuando es un homenaje a la mejor literatura. Su complicidad con las formas de autoficción no alcanza a la prevalencia de su complicidad con las obras ajenas.

2.- La materia literaria de su obra no es sino la literatura misma. Vila-Matas entiende mejor que nadie que literatura es connivencia con la literatura y comentario de la literatura. Su obra es un palimpsesto.

3- Su narrativa es un conjunto de historias abreviadas de la literatura, de historias de la literatura y de Historias de la literatura. Funciona como una maravillosa poliantea.

4.- Vila-Matas es hijo primogénito y privilegiado de La Vanguardia, de su ludismo crónico y de sus imprescindibles excentricidades. La bendita broma infinita.

5.- Transmuta su mitomanía literaria en mitografía literaria.

6.- No concibe la escritura sino como el final del alambique que destila sus lecturas. Nadie puede copiar su estilo: solo un genio puede citar sin descansar y que la cita exhiba el valor de su connaissance y no la torpeza del mero alarde huero.

7.- Léanse sus grandes libros como enciclopedias shandys: ontologías de la creación, reflexiones sobre la narración, barruntos sobre el valor infinito de lo que no se ha escrito aún, las virtudes del proceso frente al producto y las cualidades de la potencialidad frente a conclusión. Vila-Matas piensa en su arte. Vila-Matas piensa en el arte.

8.- De la solidez de una obra antojadiza, poliédrica, heteróclita, voluble y fragmentaria. El autor de Bartleby y compañía convierte la cultura en una seductora atracción fatal.

9.- De la escritura como una liturgia. De los géneros como invitación a incumplirlos. De su obra como perpetuo work in progress y como árbol genealógico que, como ramas, contiene todos sus libros.

10.- Como Don Enrique dijo en una ocasión haciéndose eco de Don Vladimir, lo mejor de la biografía de un autor es la historia de su estilo. Y la historia de su estilo es como la naturaleza de su obra: un tobogán vertiginoso desde el que, mientras piensas la literatura, la ves pasar a tu alrededor.