La vida cotidiana de una mujer poema
Los libros del gato negro publica «No quiero ser olvido», de Cristina Giménez López.

Cristina Giménez López
Texto: Enrique Villagrasa
No quiero ser olvido (Los libros del gato negro) es el quinto y sorprendente poemario de la ingeniera técnica turolense Cristina Giménez López de quien el profesor, poeta y crítico literario Nacho Escuín señala que <<es bonito encontrarse con alguien que todavía cree en lo que hace. Me impresiona ver como Cristina Giménez vive y sueña para la poesía y lo hace desde su trabajo, al cuidado de su familia y de todo aquel que está a su alrededor. Esta es la auténtica reivindicación de una persona, su emancipación y resistencia. Cristina llega a todo, siempre está ahí, y su libro es ahora una invitación para todos nosotros que nos permitirá entender un poco más –o un poco mejor– qué mueve todo eso, qué hace que cada día y cada verso sean únicos para ella>>. No seré yo quien le quiete la razón. La poeta tiene diversos libros publicados y está incluida en Nosotras. Antología de autoras de la Plataforma de poetas por Teruel. ¡Ahí es nada!
Leer a Cristina Giménez me ha hecho recordar a la recién galardonada con el Premio Nobel de Literatura, Piedad Bonnett en su narración La mujer incierta (Alfaguara, 2024): <<La que me ha pedido aparecer en estas páginas es sobre todo la mujer incierta, una que sigue existiendo dentro de mí, debajo de todas mis capas. Pero hay otras, algunas de las cuales no aparecen aquí o no aparecerán jamás>>. Cristina dedica su poemario <<A todas las mujeres que han sido, son y serán en mi vida>>, sin ir más lejos, y divide su poemario en cuatro partes: Hija, Madre, Refugio y Mujer: <<No quiero ser olvido./ Quiero, sin miedo a quererlo, saber quién soy>>. Y en este poemario se descubre. Ella es todo un poema y tras la lectura la entiendo: <<Me quedó un bonito arrullo/ con el que abrazar los instantes>>.
Ha publicado Mil letras ideales (Poesía eres tú, 2017), Aunques y porqués, 2018 y Los amantes y el resto de los mortales, 2020 (Eride) y Escaparate o escondite (Otro matriz, 2023) junto a otras colaboraciones en trabajos corales como Teruel, poesía tras el objetivo (Dobleuve, 2021), libro solidario con Aspanoa, Sin una mirada no hay paisaje (CECAL,2018) y en la exposición itinerante “Éxodo desde Ucrania. Miradas de las mujeres, junto al fotógrafo Javier Martín (2022). Junto a otros poetas aragoneses ha participado en Occulta Verita, libro de fotografía artística de Juan Moro (Olifante, 2024). Pertenece a la Plataforma de Poetas por Teruel (PPT), fundada en el año 2023, donde ejerce las labores de presidenta. Con sus compañeras de la PPT ha participado en Nosotras, antología de las poetas de la Plataforma de Poetas por Teruel, el primer libro de la editorial de la propia asociación (PPT, 2025) y en Vivir en el paisaje, última antología con otros poetas de la plataforma (Olifante, 2026).
Posiblemente, cuando Cristina escribe está abriéndonos su alma, casi sin saberlo o a conciencia: <<Intentaba soñar./ Y la realidad se zafaba de mi ilusión/ y venía hacia mí cruda y duramente>>. Memoria y restos de todo establece esa complicidad con el lenguaje, con la otredad y su mirada <<a ver las estrellas desde más cerca>>. Cristina logra partiendo de sus experiencias y conocimiento de las mismas, análisis y reflexiones, elevar la cotidianeidad nuestra de cada día a la categoría de poesía inteligente, de aquella que conmueve. Son versos lúcidos, sensibles, lúdicos, irónicos, de los que no te abandonan con <<Los mismos recuerdos de niña/ almidonada>>.
Este poemario, No quiero ser olvido, no cabe duda ninguna, es la experiencia de una mujer con humor e ironía, en lo lúdico está lo lúcido: <<Quién de un bofetón me devuelve de mis/ sueños recurrentes,/ de la absurda soledad que buscaba/ ansiosa/ para seguir soñando y fantaseando>>. Un buen tema este de los sueños de juventud que son siempre parte esencial de la constitución, construcción, y desarrollo del yo poético. Cuánta imaginación visual la de Cristina y qué sonoro bofetón. Es curioso que el primer poema se inicia con <<Aquellos molinos no eran gigantes>> y en la nota final nos dice que <<Es la vida la que se pasea por mí>>.
Es un amueblado mundo interior pluscuamperfecto el que se vislumbra en estos poemas que ha sufrido y vivido: <<No recuerdo las caricias antes de los/ cinco años/ o quizás antes de los siete>>. En este marco poético de una mujer que sabe quién es hay mucha reflexión sencilla y filosófica, como compromiso con el otro: sus versos nos llevan al despertar de la vida que es justo y necesario vivir: <<Intento llevarte a aquel campo de/ amapolas/ aunque tú prefieras quedarte en el iris de/ mis ojos/ reflejando tu ausencia/ y me miras y no me ves>>.
A nosotros, personas lectoras, nos corresponde pensar en la astucia de estos versos pues todos estamos en esta vida enhebrados de alguna manera con todo y además por poco tiempo. No nos podemos acostumbrar a ver la ventana y siempre ver nevar a través de ella: hay que ir a jugar con ella y recibirla en nuestros párpados: o sea: <<Y una no puede pararse a mirar sin más/ porque tiene que formar parte de ello./ Y ser la misma puesta de sol, si hace falta>>.
Unos leen poesía.
Otros tienden la ropa.
Yo escribo mientras tiendo,
y siento mientras tiendo,
y tiendo mientras pienso
en cómo hacer para que la vida
no consuma el poco de tiempo
que tengo para leer,
para escribir,
para sentir,
para tender.









