La risa cómplice de Isabel Bono
Tusquets publica su novela «El mal de la risa».

Texto: Enrique Villagrasa
La lectura de la novela El mal de la risa (Tusquets) de la poeta Isabel Bono (Málaga, 1964) me ha recordado aquello que decía Françoise Rabelais (quien murió en 1553): reír es lo propio de las personas; y también me ha venido a la memoria aquella canción de Chambao No hay veneno bueno (2023). Tanto la risa como el veneno son coprotagonistas de esta novela, no lo duden.
Después he pensado que tal vez no sea una novela al uso y sí un diario novelado o lo que es lo mismo y como a mí me gustan las novelas un hablar y contar historias que van surgiendo a la vez que vas contando y también cantando, y de un sitio te vas a otro, de una historia a otra y de un personaje al siguiente, pero todo debidamente hilvanado, con gracia y salero y mucha risa por doquier. Esta novela tiene mucho de risoterapia y fina burla para la persona lectora: <<–Sí, bastante confusa estaba yo ya como para decirle, oye, que me he enterado de que te lo empolvas>>.
Pues eso, una novela que hay que leer: bien escrita, con gracia, con duende, con ángel, con musa, con unos personajes que se hacen querer, desde ella misma, Noelia_No, dice No porque no se llama Noelia, de 83 años, hasta el cura don Marcos y no digamos sus sobrinos-nietos, Eduardito y Martita y su Ramón, más ese Pascual –no se olviden de él–, que siempre está en casa y le acompaña en su soledad. Ella misma, maestra jubilada, o su hermana Marta, con 94 años, que morirá de risa, y su cuñado Eduardo, que también morirá… o san Javier, abogado, o Vremya, profesor como ella con jubilación anticipada (a quien quiere preguntarle si ha leído a Vonnegut), con el que se escribe vía email. Bien es cierto que a su cuñado no lo puede ver y tendrá consecuencias ese no encontrar nada positivo en él. A los vecinos les pone sobrenombres, como los Goris; también se mete contra la poesía…y hay muchas más cosas y a todas les hace un traje. No lo duden.
Debo hacer notar que en esta cuarta de sus novelas, la que nos ocupa, El mal de la risa, tras Una casa en Bleturge, Diario del asco y Los secundarios, hay ecos de las tres y bien pudiera ser una tetralogía alucinante donde la vida, nuestra existencia se manifiesta sin complejos y con pocas dudas. Nuestra protagonista narra y describe un año de su vida sabiendo que la familia está sobrevalorada: hay que desmarcarse, apartarse sin culpa, Marcos dixit; y tal vez todo lo demás también, pues tras una visita a la médica de cabecera nos dice: <<No pienso ir más. ¿Qué más me da saber si tengo las arterias duras o el azúcar por las nubes?, ¿para qué saber con ochenta y cuatro años, que cumplo hoy, si voy a durar dos días o dos años más? Bah>>
Creo que toda persona lectora que lea esta novela traviesa se lo pasará en grande, se reirá y tendrá mucho en lo que pensar, pues no hay que olvidar que en lo lúdico y la forma de decirlo está lo lúcido e Isabel Bono es capaz de argumentar y explicarnos la vida a través de sus personajes con todos sus fantasmas al lado, todos los escritores a los que admira, todas sus singulares y señeras manías y siempre buscando a esa Marguerite Duras, que no sabe si ella también se hubiera reído. Se rieron mucho de la Duras, lo pasó mal, y la risa libera, pero también envilece y destruye. Todo depende de las dosis decía Paracelso, quiero recordar.
La novela bien pudiera terminar diciendo que: <<En esta casa hay demasiados muertos vivos./ No lo he dicho en alto, pero me he quedado con las ganas de decírselo a esa que mira fijamente desde el espejo del ascensor./ Mañana será otro día./ Eso sí lo he dicho en alto>>. Pero la historia acaba de otra forma más sorprendente, aquí lo dejo. No sin antes señalar que la novela tiene cuatro partes: Salí dispuesta a comprar queso; Todo cambia cuando algo cambia; No somos superhéroes, dudamos, sudamos y Ojalá me dolieran las muelas. La novela se abre con una cita de Julian Barnes: <<No creo que exista ninguna familia feliz que afirme falsamente que es infeliz>>. ¡No dejen de leerla! ¡De verdad que no les defraudará! ¡Es una suerte tener una poeta y narradora como Isabel Bono y ser sus coetáneos!









