La escritora malagueña Isabel Bono acaba de publicar su tercera novela «Los secundarios» (Tusquets).

 Texto: Enrique VILLAGRASA  

 

La poeta Isabel Bono (Málaga, 1964) publica su tercera novela, Los secundarios (Tusquets), tras Una casa en Bleturge (Siruela), que fue ganadora del Premio Café Gijón 2016, y Diario del asco (Tusquets). Si en la primera novela, una familia sufría la pérdida de un hijo y se narraba cómo era ese dolor, y en la segunda narraba el sufrimiento de una persona que no le encuentra sentido a la vida y busca suicidarse, en esta tercera cuanta la historia de unos personajes que no se sienten protagonistas ni de sus propias sombras.

Estos secundarios son el hermano de Mateo, personaje principal en Diario del asco, Rubén, y su ex pareja, Amalia. Cuñados pues Rubén y Amalia, nos explicarán el porqué de sus decisiones, de su dolor, de su tragedia. Estos cuñados se encuentran un día en el portal del edificio de apartamentos donde sobreviven. Desconocían que eran vecinos y que tenían muchas otras cosas en común. Rubén, desde el principio, sabe quién es y dónde está: “Hoy sí que llevo una máscara, la que siempre he escondido, la máscara de lo que soy. Rubén, cuarenta y cinco años, homosexual, desencantado. Sobre todo eso, desencantado”. Y Amalia se define como una persona que “Mentía a todo el mundo. Nunca los quise. Nunca he querido a nadie”.

Así pues, Rubén es una víctima de la soledad, de los secretos del pasado y de sus obsesiones. Ha crecido con los miedos que su madre les inculcó a él y a su hermano, aunque ella parecía no temer nada: “Aunque mi madre soñaba. Por eso tenía un kimono detrás de la puerta y souvenirs de los viajes que no hizo en una caja bajo la cama, y aquel apartamento que compró a escondidas como tabla de salvación. Este apartamento en el que ahora vivo con toda esa puta mierda a cuestas”. Este personaje cuenta su primer amor inconfesable, critica a su hermano, aunque reconozca que a Mateo le hizo la vida imposible, y a su padre y hasta expone el suicidio de su madre. El padre odiaba a los “maricones”. De ahí que se fugase de casa, aunque su padre lo tuviese como el orgullo de la familia y en su cartera llevara y enseñara una foto que mostraba a su hijo de futbolista.

Por su parte, Amalia explica cómo pasa una mañana sola en su apartamento mientras todos a su alrededor hacen ruido y parecen estar acompañados. Además, se compara con su hermana y dice que ella siempre lo hace y hacía todo mejor. Amalia también es obsesiva y quiere dejar de dar vueltas a las cosas. Sabe que no puede tener el control de todo y se tiene que dejar llevar más por los impulsos. En cuanto a la obsesión y la soledad, Amalia relata, por ejemplo, que cuando entró a vivir en su pequeño piso compró muchas cosas, para cuando tuviera visitas. En unos cuatro años que lleva ahí no la ha visitado nadie.

Entre los temas de esta película novelada destaca siempre la soledad, la culpa y la necesidad de sentirse aceptado y estimado. Vivimos en soledad rodeados de gente, como antaño en las discotecas. Y hoy en las redes sociales compartimos nuestra soledad más absoluta entre miles de amigos o seguidores o… Me ha gustado mucho está novela, creo que es la mejor de las tres que ha escrito, y esta se puede leer sin haber leído la anterior, ni la primera, pues narra la historia de personas muy cercanas a nosotros, nos dibuja la gente que sueña en huir para vivir y de aquellos que viven esperando algo mejor.

Los secundarios me ha recordado a unos pasajes de Kafka y a Horacio. Kafka en su breve cuento La partida escribió: “¿Hacia dónde cabalga el señor? No lo sé –respondí- . Solo quiero irme de aquí, solamente irme de aquí. Partir siempre, salir de aquí, solo así puedo alcanzar mi meta. –¿Conoce, pues, su meta? –pregunto él. –Sí -contesté yo-. Lo he dicho ya. Salir de aquí, ésa es mi meta”. Y Horacio dijo que: “No porque el hombre salga de su casa sale de sí mismo”. Aforismo que me persigue.

La narrativa de esta autora malagueña es belleza extraordinaria, audaz y original. Y en esta novela describe con inteligencia y rigor, y a la vez con unos personajes que los conocemos, cuyo encanto en sus conversaciones nos hablan de la turbadora complejidad de la vida actual. En Los secundarios no se confunden realidad y sueños; y es en este escenario donde encontramos tragedia, dolor, traumas y soledad; pero, todo aderezado con fina burla. Isabel Bono nos pergeña como nadie la voz de los hombres y mujeres -¿personajes secundarios?-, que se mueven entre bambalinas, siempre huyendo de sí mismos, de su singularidad: y son personas que sí tienen historias peculiares que explicar y momentos estelares que contar, como cuando Amalia asiste a un taller de escritura, entre otros muchos. ¡De verdad, no se la pierdan, les asombrará! ¡Es una maravillosa novela con final inesperado!