«Historias del extrarradio», de Xu Zechen
Automática Editorial publica el libro de relatos del escritor chino.

Texto: David Pérez Vega
Me llegó al correo electrónico la publicidad de Historias de extrarradio de Xu Zechen (Donghai, China, 1978), publicado por la editorial Automática, que normalmente propone obras traducidas de idiomas que, hasta ahora, han tenido menos difusión en España que otros; sobre todo, apuesta por los países del Este europeo o de Asia. Hace unos pocos años, me percaté de que de Asia había leído solo literatura de Japón y nada de China. Empecé a sentir curiosidad por este último país y leí a dos autores de allá: Duro como el agua de Yan Lianke, traducido también por Belén Cuadra Mora, como este libro de Xu Zechen, y tres libros de Can Xue: Hojas rojas (con traducción de Belén Cuadra Mora), Al otro lado y Bajos fondos. Duro como el agua está ambientado en la China rural de los años sesenta y las obras de Can Xue son bastante oníricas. Así que, al leer información sobre Historias del extrarradio me atrajo la idea de poder acercarme a la China urbana actual desde un punto de vista realista, que era lo que prometían estos nueve cuentos de Xu Zechen y, aunque no lo conocía, es el escritor más joven hasta la fecha en ganar el premio Mao Dun, el más prestigio de las letras chinas.
Los nueve relatos de Historias del extrarradio están interconectados y cuentan con el mismo narrador. En el último relato sabremos que este narrador se llama Muyu. Lo que sí sabremos desde el primero es que tiene diecisiete años y ha emigrado desde un pueblo de la China rural a las afueras de Pekín para tratar de ganarse la vida en la capital. Muyu ha dejado el instituto porque estudiar le provocaba jaqueca, que el médico llamaba «neurastenia». Parece que Muyu siente ansiedad ante la presión de los estudios y se ve obligado a dejarlo. Sin embargo, su traslado al extrarradio de Pekín no acabará con estos dolores de cabeza y la única forma que siente de aliviarlos es salir a correr. Esta idea de enfrentarse al mundo corriendo simboliza su incapacidad de adaptarse a las exigencias de una realidad que se muestra hostil con él y sus deseos de prosperar. Muyu pasa a vivir en el extrarradio de Pekín con tres jóvenes, unos pocos años más mayores que él. Estos jóvenes, así como casi todos los inmigrantes que van a aparecer en estas páginas, provienen del mismo pueblo, y más que del mismo pueblo –cuyo nombre no se cita en el libro– de una calle de este pueblo, llamada la calle Hua, que como leemos en una nota a pie de página –elaborada por la traductora Belén Cuadra– es una especie de patria literaria de muchas de las historias de Zechen.
Los relatos están escritos entre 2010 y 2017 y no parecen pensados, de entrada, para ser publicados como un libro unitario. Imagino que se publicaron, en primera instancia, en revistas literarias o que pertenecen a diversos libros y se han seleccionado aquí, para esta traducción, precisamente por la unidad que presentan. Pero comento que no parecen pensados para que el lector los lea en el mismo libro porque más de uno da una información que el lector ya ha recibido, casi con las mismas palabras, de un relato anterior. Sin embargo, pese a este pequeño inconveniente, Historias del extrarradio, aunque estrictamente es un libro de relatos, se puede leer como una novela en la que su narrador, en cada capítulo, se ocupa de contarnos una pequeña historia, normalmente de trasfondo trágico, que acontece a alguna persona sobre la que el narrador fija su interés.
El primer cuento se titula La azotea y aquí ya, desde el título, se nos presenta este espacio, común en todos los cuentos, de la azotea, que va a suponer un reducto de calma para los personajes. En la azotea, los cuatro jóvenes que aparecen en casi todas las narraciones se reúnen, cuando no están trabajando, para relajarse, jugar a las cartas y beber. Quien pierde, paga la bebida; algo que siempre suele recaer –de un modo que la estadística no puede defender– sobre la misma persona, Baolai, que parece alguien, para el narrador, más bondadoso que los otros jóvenes, que son más altaneros. Desde la azotea, en la lejanía podrán observar los edificios más altos de Pekín, a los que nunca se acercan en el libro, en un sentido real, pero también simbólico. Esos edificios modernos y lujosos representan el mundo al que estos jóvenes personajes aspiran a llegar, pero al que no pueden llegar por más que se esfuercen o trabajen. «Concluida la partida, Milou solía desplegar el brazo hacia el sudeste como si fuera un gran líder. Daba la impresión de que aquel brazo derecho pudiera extenderse, bucólico, cada vez más lejos hasta convertirse en un pájaro y sobrevolar Pekín. Los cuatro, incluido yo mismo, un estudiante de secundaria sin graduar, albergábamos infinitas esperanzas hacia aquella ciudad, enorme y próspera. La gente de todo el país sabía que allí había dinero, que no había más que agacharse y recogerlo del suelo. Todo el mundo sabía que allí las oportunidades proliferaban como las mierdas de los pájaros y que, si uno no se andaba con cuidado, le podían caer del cielo en toda la coronilla y hacerse rico. Sin embargo, según mi propia observación, los pájaros de Pekín eran cada vez más escasos», leemos en la página 59. Existe un fuerte componente social en estas historias, al mostrar el desvelo de los inmigrantes del interior por prosperar y las dificultades materiales a las que se enfrentan.
Estos cuatro jóvenes se dedican a una actividad ilegal: salen por la noche, en grupos de dos, para poner en paredes publicidad de dos personas (su tío en el caso de Muyu), cuyo oficio es crear documentos falsificados. Así que tendrán que ocultarse constantemente de la policía. La acción de estas historias debe situarse sobre la segunda mitad de la década de los noventa, porque, aunque no se dan fechas concretas, los personajes tienen «buscas» (algo que, leo en internet, fue popular en China en esa época) y así reciben el aviso, por ejemplo, de que los llaman desde casa y esto hace que se acerquen a un teléfono público para contestar la llamada. La espera ante uno de estos teléfonos va a ser el origen del conflicto que conducirá al estallido de la violencia y la tragedia en una de las narraciones más brutales del libro, la titulada La ciudad invisible, donde un hombre, un trabajador que espera para llamar por teléfono, mata de un ladrillazo a otro que se demora en su llamada a casa. Así comienza esta historia en la página 111: «Tianxiu murió la noche del Medio Otoño. Lo encontraron tirado en mitad de la calle, encogido sobre sí mismo, con los dedos extendidos y los ojos abiertos, impregnados de sangre», y un poco más adelante: «Pero sabíamos que estaba muerto. Le dieron un ladrillazo en toda la frente y, una vez en el suelo, uno de los de Guizhou le pateó el estómago con sus zapatones de piel».
Como ya he apuntado, casi todas las historias muestran un trasfondo trágico. Aunque no todas acaben en la muerte de alguno de sus protagonistas, se suele incidir en la idea de destino torcido, de sueños que parecen a punto de cumplirse, pero que al final no lo hacen. El primer cuento, La azotea, quizás nos habla de un doble fracaso. Cuando la tragedia se cierne sobre uno de los compañeros de piso, Muyu llama por teléfono a sus padres y le comenta que va a volver a estudiar. En los siguientes relatos estará de nuevo en la misma casa del extrarradio de Pekín. En alguno de los relatos, podemos pensar que el autor nos habla de un tiempo anterior al de La azotea, pero en otros los acontecimientos narrados en La azotea claramente pertenecen al pasado. ¿El narrador volvió al pueblo y de nuevo fracasó en los estudios y volvió a Pekín o simplemente al final no volvió? No será aclarado. En cualquier caso, las narraciones se evocan desde algún punto de un futuro indeterminado. «En todos los años que vinieron después…», leemos en la página 40 o «En aquellos años era habitual…» en la 45 (segundo relato); se pueden encontrar más expresiones similares en el libro. La azotea es el cuento en el que –aunque también se narra, como en los demás, la tragedia de uno de sus personajes– el narrador más nos habla de sí mismo; en casi todos los demás su función principal es la de actuar como narrador testigo de las historias de otros personajes. Cada relato nos contará la historia de uno de ellos, que principalmente son emigrantes de su mismo pueblo.
Al igual que en las otras traducciones suyas que he leído, Belén Cuadra Mora hace un gran trabajo en este libro. Me ha llamado la atención que aquí, frente a sus trabajos con Yan Lianke o Can Xue, a veces tiene que hacer uso de un registro más vulgar del idioma para adecuarse a la forma de expresarse de un adolescente chino de los años noventa. En cualquier caso, el estilo de Xu Zechen contiene mucho aliento poético, mientras da voz a sus personajes desesperados y llenos de vida. Es cierto, que algunas narraciones, como El perro que se pasó el día ladrando, acaban adoleciendo de un exceso de tremendismo fatídico, pero en general Historias del extrarradio me ha parecido un gran libro, que me ha sorprendido para bien, con algunos cuentos verdaderamente logrados y redondos. La literatura de Xu Zechen, como leo en internet, mezcla sus raíces en la tradición china, pero también toma modelos occidentales. Historias del extrarradio es un libro que puede gustar a todos los lectores aficionados al realismo sucio norteamericano, pero también a aquellos que quieren saber qué está ocurriendo actualmente en las letras de la pujante China.






