Finestres Palestina: 4.000 libros contra un culturicidio

Se inaugura la primera librería en el mundo dedicada exclusivamente a la Literatura Palestina fuera de Palestina. 

Texto y fotografía: Gianni Q. Zecca    

 

Es un 15 de mayo gris en Barcelona. Medio lluvioso. Las persianas de los pequeños negocios de Gràcia siguen bajadas. Algunas no abrirán. Porque desistieron. Otras cuelgan a medio abrir. Todo tiene una pátina pesada y gris. Es viernes. Los adoquines de la calle Verdi aprovechan la poca lluvia para transpirar la mugre nocturna, y los bares, cansados de tanta noche, duermen hondo y seguirán durmiendo hasta hartarse. A lo lejos, subiendo desde la Plaça de la Revolució de 1868, Mohamad saca de su bolsillo un manojo de llaves que sacuden el silencio de la plaza y despiertan a las palomas que dormitaban apretadas entre los letreros de los bares y los balcones de los entresuelos. Mohamad también anocheció. No tanto como los bares tal vez. Pero Mohamad anocheció aquí, en la calle Verdi, en el local esquinero al número 17. Yo lo vi.

Mohamad es poeta. Es un poeta palestino, y sirio. Además es traductor, es periodista, y es muchas otras cosas que muchos odian sin saber exactamente el porqué. Mohamad sube por la calle Verdi. Mira la calle gris. Él también piensa en esto. En todo lo gris que puede llegar a ser una calle. Una ciudad. Un país. Un pueblo. Su pueblo. Lo lleva en la sangre. Una sensación que resuena siempre en el mismo virulento pentagrama de la normalidad. Su normalidad de poeta palestino.

Mohamad es Mohamad Bitari. Es un poeta-traductor-periodista siriopalestino que sube la calle Verdi con un manojo de llaves en la mano derecha y se planta delante del local en la esquina del número 17. Hay una persiana grafiteada por Roc Blackblock con los colores de una bandera palestina y los rasgos de una anciana envuelta en una kufiya sujetando la llave de una casa que en otra vida le extirparon a los gritos; también una fecha: 15 de mayo de 1948. El día de la nakba. El día en el que al pueblo palestino se le impuso desaparecer en silencio, tragado por un mapa geopolítico cada vez más connivente con el movimiento sionista y menos hospitalario con los setecientos mil palestinos y palestinas que acabaron siendo olvidadas por una comunidad internacional que, en palabras de Ilan Pappé, “había despejado el camino para una catástrofe, una catástrofe tan inmensa que tomó su nombre de esa palabra en árabe: nakba”.

Era un 15 de mayo tan gris como el de hoy. Lejano, aunque no tanto. Y Mohamad mira la persiana y piensa que valió todas las penas anochecer por ello. Porque a partir de hoy, 15 de mayo de 2026, día de conmemoración de la nakba, Mohamad, además de ser todo lo que es, también será librero. Pero no un librero cualquiera, sino el librero de Finestres Palestina, la primera librería en el mundo dedicada exclusivamente a la Literatura Palestina fuera de Palestina.

Mohamad está inquieto. Quiere hablar de libros, pero inaugurarán por la tarde y por la mañana hay una rueda de prensa que sirve básicamente para recordar a los medios de siempre por qué Palestina, y su cultura milenaria, existe. Pero él quiere hablar de libros. De literatura Palestina. De poesía. Y del nuevo ejército cultural que han armado con cuatro mil libros militando en las estanterías que lo rodean. Libros en catalán, en árabe, en castellano, en inglés y en francés. Libros de historia, filosofía, arte, política; ensayos, novelas, poesías, cómics, literatura infantil e incluso libros de gastronomía.

Quiere hablar de arte y del simbolismo arquitectónico que su compatriota Malek Murad Mateu ha esculpido en la librería, de las simetrías vertiginosas de las kufiyas entalladas, de los rojos y los verdes que inundan la sala y se entretejen hasta gritar una bandera que ya se ha vuelto sinécdoque de los pueblos oprimidos, de sus pobladísimas estanterías que se derraman sinuosas hasta los arcos de la bóveda catalana y dejan unos pocos estantes huecos que hacen de techo y nicho para todos aquellos libros que no se pudieron salvar.

De esto quiere hablar  Mohamad. Por eso anocheció en la librería.

Pero Mohamad no habla. Guarda silencio en un rincón y escucha. Escucha cómo algunos medios no preguntan sobre Literatura Palestina, sino sobre el presupuesto invertido  y si volverá   a haber actos  vandálicos y  cómo piensan ahuyentarlos. Guarda silencio y escucha, y sonríe cuando la responsable de la  librería, Olivia Watson, el presidente de las Fundaciones Ferrer, Sergi  Ferrer-Salat, la directora de las  fundaciones Ferrer, Estefanía Rico, e incluso la directora ejecutiva de la UNRWA en España, Raquel Martí,  reorientan la rueda de prensa hacia el  verdadero motivo por el cual  ha sido convocada: revertir el culturicidio palestino y hablar de su historia, su cultura y su literatura en la primera librería en el mundo dedicada  exclusivamente a la literatura Palestina fuera de Palestina.

Pero ojo, una librería que no quiere ser simplemente una librería, remarca Sergi alzando el dedo índice, sino, sobre todo, un centro cultural de divulgación de la cultura milenaria de un pueblo denostado por la injusticia social. Un proyecto que se planta en primera línea de combate cultural armado no sólo de cuatro mil libros en cinco idiomas, sino también de una programación desbordante de actividades que en Junio acogerá invitadas del calibre de Miriam Barghouti y Tareq Baconi.

Sí, la noticia de hoy es que Finestres inaugura la primera librería en el mundo dedicada exclusivamente a la Literatura Palestina fuera de Palestina, pero es todo mucho más que esto. Mucho más. Y esto Mohamad lo sabe. Sabe que no ha anochecido por una simple librería, sino por una constelación cultural que es el punto de partida para entender, y salvar, tanto su mundo como el nuestro. Y cuando la rueda de prensa finalmente llega a su fin, Mohamad sale aliviado de su rincón y vuelve a sonreír, porque sabe que ahora sí empieza su nuevo-otro oficio de librero, y que ahora sí hablará de libros, de literatura, de poesía. Y así lo hará, de hecho, durante todo el día, hasta volver a anochecer como los cines, o tal vez incluso como los bares, rodeado de un vaivén frenético de gentes que, como él, junto a la primera librería en el mundo dedicada exclusivamente a la Literatura Palestina fuera de Palestina, han decidido, a su modo y manera, volver a cambiar el mundo con los libros.