Filósofos como Markus Gabriel, Wolfram Eilenberger o Manuel Cruz reflexionan sobre el impacto emocional de la pandemia

 

Texto: José Ángel LÓPEZ

 

Vaya por delante que el proceso de infantilización que recoge el enunciado del artículo alude a los aspectos más característicos de ese período evolutivo del ser humano que, si los aplicamos al comportamiento en otras etapas de la vida, claramente constituye una anomalía. Durante toda la pandemia hemos asistido a multitud de gestos que nos reconfortan con nuestra capacidad de sacrifico, de empatía y de agradecimiento. Por desgracia, no supone una imagen global fidedigna: el egoísmo y la idiotez habita entre nosotros. Las imágenes continuadas de individuos que no son capaces de controlar sus impulsos, emociones o necesidades en medio de una pandemia que todavía se lleva por delante miles de vidas, no constituyen un ejemplo de resiliencia-el término de moda para cualquier ámbito- sino, más bien, de nula resistencia a la frustración. En ocasiones lo queremos todo, y lo queremos ya. Inevitablemente, muchos de los trabajos publicados en estos días se ocupan y reflexionan sobre el impacto que la pandemia está teniendo en nuestra forma de relacionarnos con nuestro entorno vital y emocional.

José Carlos Ruiz, en Filosofía ante el desánimo (ed. Destino) desarrolla todo un catálogo de elementos que caracterizan al momento actual y que requieren, a su juicio, una imperiosa necesidad de adquisición de un pensamiento crítico imprescindible para construir una personalidad sólida. Ruiz nos alerta del peligro de las identidades diluidas en “el infierno de lo igual”, lo que nos empuja a destacar del resto. ¿De qué manera? A través de multitud de experiencias rápidas, consumibles, acumulativas, en una suerte de “bulimia emocional” cuyo fin último es vomitarlas en las redes sociales y tratar de destacar entre el resto de forma compulsiva, ausentes de disfrute, para seguir acumulando nuevas experiencias en una especie de “hámster en la rueda”. La profundidad entre lo real y lo virtual se va ensanchando, creando un desánimo crónico ante lo que el único fármaco efectivo –la filosofía- puede poner algún remedio.

Markus Gabriel,  catedrático de Epistemología en la Universidad de Bonn y uno de los filósofos más jóvenes y mediáticos, acaba de publicar Ética para tiempos oscuros (ed. Pasado&Presente). El planteamiento de Gabriel parte de una premisa esencial: la profunda crisis de valores que infecta actualmente a los sistemas democráticos. El objetivo: identificar patrones de pensamiento éticamente insostenibles y formular propuestas de corrección, que son las tareas de la filosofía, en cooperación con las otras ciencias humanas y sociales, biológicas, tecnológicas y naturales. La digitalización y los procesos desencadenados como su consecuencia directa requieren de una nueva Ilustración, cuyo objetivo pasará por una “buena vida”, consistente en la conversión de los seres humanos en agentes responsables en el reino de los fines, dotándose de una capacidad moral superior y universal. La Modernidad nos ha convertido en moralmente reprobables, lo que acelera la urgencia de una nueva Ilustración universal, alejada de” tergiversaciones nacionalistas”. El coronavirus ha demostrado que la humanidad es una comunidad global con un destino compartido, no compartimentado. Precisamente Manuel Cruz, en El virus del miedo (ed. La Caja Books) aboga por la templanza que otorga la filosofía como un alegato a su favor en tiempos convulsos, como los que estamos viviendo. Para el autor, la mejor manera de desactivar la sensación de irrealidad y desconcierto que nos sigue imponiendo la actualidad se encuentra en la filosofía: un lugar en el que no obtendremos respuestas absolutas, pero en el que nos plantearemos las preguntas que nos permitan abandonar escenarios distópicos. El miedo nos ha empapado colectivamente (la soledad, el encierro, la muerte, el miedo al miedo, a los otros) y se ha transformado en pesadillas individuales. No solo hay que cuidar la vulnerabilidad física; también la que afecta al mundo de las ideas. Hasta el punto en el que Séneca lo señalaba en La tranquilidad del alma: “Si queréis no temer nada, pensad que todo es temible”. El ensayo se completa con once conversaciones políticas, fruto de su efímero paso por la misma.

Alma máquina. La invención de la mente moderna, de George Makari (ed. Sexto Piso) aporta en su ensayo una historia de la filosofía desde la Ilustración, con la perspectiva del trasvase conceptual entre alma y mente. La existencia de la segunda es objeto de debate entre neurocientíficos y filósofos, que se inclinan en muchos casos por aseverar que no existe, siendo un concepto clave en el pensamiento del siglo XXI. Para ello, Makari propone una reelaboración y un rescate de la genealogía perdida, de los debates filosóficos entre disciplinas que se planteaban la cuestión desde una perspectiva transversal que abarcaba desde la religión, la medicina, la ciencia o la filosofía, hasta el poder político; desde la transición a la Ilustración y sus principales variantes nacionales (inglesa, francesa y alemana) hasta la Modernidad y el momento actual.

Curioso ensayo el de Mentiras y engaños. Una investigación filosófica, de Tobies Grimaltos y Sergi Rosell (ed. Cátedra). La mentira es tan antigua como la existencia de la humanidad. A priori parece reprobable socialmente porque pretende conseguir el engaño ajeno. Sin embargo ¿En qué consiste mentir? ¿Podemos mentir sin afirmar o negar? ¿Cumple la mentira una función social inevitable? ¿Es negativo mentir o depende del objetivo final de la mentira? Como objeto de investigación fascinante, dada su conexión con la vida cotidiana, propone un tema altamente recomendable en tiempos de la posverdad. Por ello incluye el trabajo un capítulo final sobre el fenómeno del bullshit y de la manera en la que los usos engañosos no solo de la información, sino fundamentalmente de los discursos, nos acechan desde todos los ámbitos.

Las preguntas siguen (ed. Paidós) recoge las conversaciones del periodista Iñaki Gabilondo con intelectuales de diversos ámbitos: Karen Armstrong reivindica el mensaje pacífico y compasivo de todas las Escrituras; Adela Cortina aboga por acabar con el mundo de los bulos y la posverdad; Naomi Klein con los problemas estructurales del capitalismo salvaje-como Muhammad Yunus- o Facundo Manes y el desafío del universo del cerebro. Paidós también acaba de editar Arendt y Heidegger. El destino de lo político, de Dana R. Villa, trabajo en el que se reivindica la teoría política posmoderna de Arendt, más allá de la sombra del maestro y ampliando la discusión de sus aportaciones conectadas con Habermas, Kant, Nietzsche o Aristóteles.

De nuevo Manuel Cruz nos presenta un exhaustivo repaso de la Filosofía Contemporánea (ed. Taurus) desde los padres fundadores de la tradición analítica hasta la postmodernidad de Lyotard y Vattimo. En el camino hay análisis detallados de las obras y del pensamiento de Wittgenstein, Popper, la tradición marxista (Adorno, Horkheimer, Habermas), Husserl, Heidegger, Sartre, Ortega, Rorty; el estructuralismo y postestructuralismo (Lévi-Strauss, Foucault, Lacan, Deleuze, Derrida). En definitiva, todo un despliegue de los autores y sus obras más relevantes de los últimos dos siglos. Un excepcional trabajo, de nuevo, es el libro recién publicado de Wolfram Eilenberger, autor del afamado Tiempo de magos (ed. Taurus). Aborda en este brillante libro, El fuego de la libertad. El refugio de la filosofía en tiempos sombríos, 1933-1943 (ed. Taurus) la vida y obra de cuatro filósofas rompedoras (Simone de Beauvoir, Simone Veil, Ayn Rand y Hannah Arendt). Hijas de tiempos convulsos representan la excelencia; su compromiso vital, sus análisis coetáneos a momentos de inusitada agitación y su capacidad crítica nos conectan, desde muy diversas perspectivas ideológicas, con el pluralismo crítico que nos hace avanzar como civilización.

Por último, acaba de aparecer la biografía de Spinoza, de Steven Nadler (ed. Akal) trabajo actualizado de la magna obra publicada hace veinte años de uno de los principales investigadores de la vida y de la obra del filósofo holandés. El atípico filósofo e intelectual de Amsterdam encarnó una forma de aproximarse a las grandes cuestiones de la filosofía que entroncaban con su particular mirada hacia la libertad y la rectitud moral. La principal virtud de este espléndido libro tiene que ver con la personalidad y las circunstancias del biografiado: su origen étnico y social, el significado de ser judío y filósofo en la Edad de Oro de Holanda, su coexistencia entre comunidades complejas (la judeo-portuguesa y la holandesa), su desarrollo intelectual y sus relaciones sociales y políticas, convirtiendo a Spinoza, a juicio de Nadler, en uno de los pensadores más radicales de la historia. En resumen: un poco de pensamiento crítico en el imperio de la banalidad.