David Alegre publica «Colaboracionistas: Europa Occidental y el nuevo orden nazi» (Galaxia Gutenberg) 

Texto: David VALIENTE

 

Hace cinco años, David Alegre publicó junto a Javier Rodrigo Comunidades rotas, su primer trabajo editorial, en el que ya despuntaba por su profundidad teórica y su capacidad para abarcar distintas guerras civiles en periodos y espacios geográficos diferentes. Esta vez, deja las guerras intestinas a un lado y con la editorial Galaxia Gutenberg centra su atención en los colaboracionistas que ayudaron a los nazis a configurar una de las etapas más oscuras de la historia de Europa.

Colaboracionistas: Europa Occidental y el nuevo orden nazi es “un trabajo metódico que no se fraguó ni en las bibliotecas ni en los archivos”, comenta David Alegre vía telefónica. “Fueron muchas horas de soledad y aislamiento, un trabajo bastante monacal”. El nuevo libro de David Alegre tiene su origen en la tesis doctoral que defendió en 2015: “Desde la defensa de mi tesis hasta el momento de la publicación del libro se ha producido un crecimiento personal e intelectual que ha contribuido a reforzar mis argumentos y clarificar mis ideas”.

Muchos archivos y bibliotecas ha visitado David por media Europa para tratar de entender qué es aquello que movía a los colaboracionistas y cuáles eran las relaciones que establecían con el conquistador: “¿Por qué cuento la historia desde la perspectiva de quienes colaboraron con los invasores, en este caso, los nazis? Creo que nos ayuda a entender mejor la Europa que se acaba construyendo después de la guerra, una Europa con muchos meandros y contradicciones, y que invirtió muchos esfuerzos porque, siguiendo la pauta establecida por el historiador Timothy Snyder, la Europa supranacional es el resultado de un proceso de descolonización traumático”.

Con su libro, David también pretende derrumbar algunos mitos: “Europa no aprendió de sus errores, la Unión Europea no deja de ser un símbolo de su incapacidad de adaptarse a un mundo cada vez más globalizado”. No es casual, argumenta David, que Alemania sea la impulsora de este proyecto: “es la primera que fracasa en su proyecto colonial en el este”. “No digo que la historia se repita, pero sí mantiene ciertas tendencias, por eso es tan importante la polifonía académica, si conocemos las propuestas de los colaboracionistas no solo entenderemos la historia también nuestro mundo actual”.

David desmitifica ese eslogan rancio Spain is diferent ingeniado por un ministro que se acostó franquista y se despertó demócrata y dice que: «Spain is not diferent. La única diferencia histórica con Francia es que su ejército permaneció fiel y el nuestro no; por lo demás nuestro pueblo no tiene nada de cainita, esta es una explicación fácil y rápida que dieron los hispanistas anglosajones a un asunto complejo. Nuestros problemas no se diferenciaban de los del resto de Europa”.

A principios de la década de los 30 del siglo pasado, a los bolcheviques se les consideraba la reencarnación de Satán. Una cruzada abierta trató de combatirlos apelando a la movilización social, pero, a nivel personal, ¿qué era lo que impulsaba a los personas a unirse a las filas fascistas y combatir el comunismo?

Toda cultura política defiende un proyecto propio, y el fascismo no fue ninguna excepción. Su visión catastrofista del mundo les llevó a creer que estaban viviendo un momento de cambio y decadencia civilizatoria, acuciado, entre otras cosas, por la representación más desencarnada de la realidad, el bolcheviquismo. Los fascistas supieron sacar partido de la coyuntura y alimentaron las incertidumbres de las clases media y media-alta poco receptivas a los cambios que desde sectores populares se exigían. Dejando a un lado el plano general, existen una serie de requerimientos individuales, difíciles de determinar en el análisis porque cada persona tiene los suyos propios y en algunos casos son extrapolables y en otros no. Lo primero a tener en cuenta es la respuesta generacional. Hay unos jóvenes que no se identifican con sus padres e intentaron huir del ambiente familiar generalmente represivo. La modernidad proyectada por la Alemania Nazi, marcada por el éxito económico, por el músculo militar mostrado en los años 40 y por la virilidad heroica, atrajo mucho a esa juventud. Los nazis jugaron muy bien sus cartas en términos propagandísticos, consiguieron hacer ver a esa juventud que en lo relacionado con la ciencia y la tecnología eran lo más sublime de Occidente. Tan bien les salió la jugada que hoy sigue circulando ese mito que intento desmentir en el libro. Por otro lado, en un contexto de invasión, el equilibrio político se altera por la presencia de un agente externo y extraño, creando una incertidumbre social que cala en la precariedad material y en la búsqueda de los individuos de medios de supervivencia. Mucha gente colaboró con los nazis porque vieron esta alternativa fácil y rápida en su intento de conseguir un ascenso social o mejores condiciones materiales. Los ocupados, hasta los más germanófobos y nacionalistas, vieron en la expansión nazi un paraguas donde llevar a cabo sus proyectos personales.

Viene a desmentir que la Guerra Civil española fuera una anomalía del país y España un mero campo de experimentación militar, ¿pero y una herramienta para el proselitismo?

Cuando la guerra estalló en nuestro país, toda Europa prestó una especial atención al conflicto porque los países se vieron reflejados en esa tesitura, las lecturas domesticas del momento se realizaron en clave española y no podemos llegar a imaginar cuánto marcaron. Esta situación activó una serie de procesos de radicalización que repercutieron en la cooperación internacional. No solo se conformaron los brigadistas internacionales, también la derecha y la ultraderecha activaron una serie de redes de solidaridad. Hubo personas que combatieron en la Guerra Civil española y cuando regresaron a casa lo hicieron con un relato muy definido y unos proyectos que se intentaron implementar. Algunos de los personajes que tuvieron un papel destacado durante la Segunda Guerra Mundial participaron en la guerra en España. No se debe perder de vista la dimensión global de nuestra guerra, los analistas del momento defendían la posibilidad de que las dos guerras, la que se iniciara en Europa y la española, confluyeran. Y no fue así por el tratado de Múnich, pero si no se hubiera producido este episodio vergonzoso, la historia de nuestro país hubiera sido diferente e iría acompasada a la historia del resto de Europa Occidental: se hubiera instaurado una democracia en los años 40 y no habríamos tenido una dictadura de cuatro décadas.

Comenta que Dinamarca es un paradigma en su relación con los nazis, ningún otro país invadido gozó de tanta libertad, ¿por qué?

Realmente conservaron todas las libertades. En las elecciones, el partido nazi dinamarqués obtuvo muy poca representación, además la invasión alemana fue incruenta, apenas se produjo resistencia por parte de la población local. Los nazis solo dejaron una guarnición que les permitiera defender el territorio en caso de producirse un desembarco aliado. Para Alemania, Dinamarca era un país vital. La industria ganadera les permitió avituallar al ejército y dar de comer a la sociedad civil alemana. El modelo danés es muy apreciado por los nazis, para ellos era mucho más ventajoso pactar con las élites del país y obtener el consenso más amplio posible, obviando lo referente a los valores. El movimiento de masas tuvo éxito porque arrastró a toda la derecha conservadora bajo un mismo paraguas político: fue capaz de aglutinar los intereses del gran capital y de las clases media, que percibían mecanismos de seguridad social y mejores condiciones para las mujeres. Pero todo esto es un mito, si hubo trabajo en abundancia fue precisamente porque no había derechos para los trabajadores. Los nazis solo colocaban gobiernos títeres en momentos concretos, cuando las élites se niegan a negociar, como, por ejemplo, sucedió en Noruega. En circunstancias similares a las que se produjo en Dinamarca, las élites tradicionales colaboran con los alemanes, pues tienen miedo al vacío de poder que puedan dejar los nazis.

Habla de las estructuras socio-religiosas del norte de Europa, ¿esas estructuras se interpusieron en las pretensiones de los colaboracionistas e impidieron que se produjera un escenario parecido al polaco durante la Segunda Guerra Mundial?

Las propias particularidades socio-políticas de la región del norte de Europa impidieron una invasión total del territorio, pero no frenaron las pretensiones colaboracionistas de sus ciudadanos. Las sociedades se caracterizaban por su cerrazón y su repulsión a cualquier sujeto político nuevo que tratara de crear un espacio en la comunidad. Una sigla política determinaba la vida social gracias a su retroalimentación en sindicatos, escuelas, medios de comunicación… La iglesia ayudó en esto, cerrando filas e incluso llegando a amenazar con la excomunión a todo aquel que se acercara al fascismo alemán. Las propias redes políticas autóctonas repelieron a los nuevos sujetos políticos rápidamente. Sin embargo, este sistema no solo blindó, también adoptó las tendencias foráneas útiles. Aunque la adaptación denotó también la capacidad del fascismo para aglutinar los distintos grupos del arco político.

Dentro de los fascismos periféricos y de los movimientos colaboracionistas de cada país había una fuerte atomización, entre ellos se producían disputas y, por supuesto, la presencia alemana sublevaba los ánimos. ¿Cómo hicieron frente los nazis a esto?

Resulta paradójico que grupos fascistas tan arraigados en el nacionalismo colaboraran con los nazis. En su idea de urgencia histórica vieron en el paraguas alemán la oportunidad perfecta para llevar a cabo sus propios planes políticos. Por supuesto, sus proyectos chocaban con el nuevo orden que pretendían desarrollar los nazis. Por ejemplo, mientras que los fascistas de los Países Bajos querían reconfigurar las fronteras de su país y luego confederarse con los alemanes, Heinrich Himmler no iba a consentir que hubiera otros polos de poder que no fuera Berlín, desde donde irradiaría al resto del territorio anexado al pangermanismo. Si hacemos historia contrafactual, a Himmler no le hubiera temblado el pulso a la hora de mover población alemana a los Países Bajos, en realidad lo hizo en otras regiones y lo mismo le daba que la nueva población no encajara con la composición étnico-cultural de esos territorios. Sin duda, su experimento resultó desastroso. En gran medida por la composición polícrata del Reich, con diferentes agencias dentro del poder político que intentan conseguir en cada nuevo territorio un espacio de influencia. Claro, la situación descrita generó escisiones en el seno de los partidos colaboracionistas, ya que cada agencia del Reich encontró en ellos un espacio donde apropiarse de materias y trabajo humano muy útiles para el crecimiento de su influencia. Agencias, como las SS, estimularon la aparición de grupos radicales fáciles de manejar por el miedo que las propias entidades colaboracionistas tuvieron de perder su oportunidad de crecimiento o que otro grupo les quitaran el espacio obtenido. La confianza de los distintos grupos del Reich fluctuaba.

¿Y qué ocurrió en España?

Los propios hagiógrafos de Franco han manipulado la historia y han generado mitos con los que legitimar la figura del caudillo como el eterno salvador de España. Nuestro país no participó en la Segunda Guerra Mundial porque las exigencias eran muchas y las necesidades imposibles de cubrir. Por mucho que el primer impulso alemán conquistara medio continente, desde el comienzo, Hitler sostuvo a Mussolini, si además hubiera tenido que mantener a  Franco el músculo financiero del Reich hubiera colapsado. Hitler, desde el principio, tenía en mente llegar a un entendimiento con los franceses a medio-largo plazo y para ello a Vichy no se le podía privar ni de Marruecos ni Argelia, lo que chocaba de frente con los planes de Franco de conformar su colonia en el norte de África con parte del protectorado marroquí perteneciente a Francia. Pero las victorias del Eje despiertan la alegría de buena parte de la élite franquista. Por eso Reino Unido da dinero a las élites del régimen de Franco, con el fin de reducir la fascinación que sienten por los alemanes. No obstante, en el 41, los nazis iniciaron la Operación Barba Roja y, en España, Serrano Suñer y Mora Figueroa hablaron de la necesidad de mandar una unidad pequeña de soldados españoles que tomaran parte de la victoria contra los comunistas aunque fuera de manera simbólica. Franco recibió esta propuesta la misma mañana que se inició la invasión y la acepta sin dudarlo. Otra cosa es que la División Azul se convirtiera en un ente incómodo. Las derrotas de los nazis les obligan a intentar cambiar de rumbo, virar hacia los americanos y los británicos porque sabían que era la única forma de que el régimen sobreviviera. Esto ocurrió con todos los grupos fascistas europeos, todos quisieron su parte del pastel en la victoria y, así, también los nazis legitimaron su lucha en Europa. Lo mismo está sucediendo hoy con los voluntarios que marchan a Ucrania; a los tres días del comienzo de la confrontación, Zelenski dijo que habían llegado 16 000 voluntarios, algo imposible pero que legitima su lucha.

Se debate mucho sobre si la depuración fue un acto de justicia o respondía a la venganza de las élites expulsadas, ¿usted qué cree?

Esta pregunta es difícil, puesto que nos adentramos en presupuestos morales. Si tomamos el punto de vista de un Estado soberano, hablamos sin duda de justicia. Muchos cargos políticos participaron en el saqueo sistemático de sus propios países, hicieron grandes fortunas aprovechando la vulnerabilidad de sus ciudadanos. Esa persona, con sus actos, ha atentado contra la honorabilidad y el respeto que le deben a la patria. Sin embargo, las depuraciones traen consigo justicia y abusos y quienes más sufrieron esto último fueron las mujeres que mantuvieron relaciones íntimas con los invasores. Las mujeres que tuvieron hijos de sus relaciones fueron vejadas. El heteropatriarcado deposita en la mujer la pureza patria, el hecho de que se hubieran acostado con el invasor suponía una traición a la misma. Las penas para estas mujeres iban desde encerrarlas en psiquiátricos a quitarles los críos y entregárselos a otras familias. Por otro lado, las depuraciones fueron procesos que degastaron mucho a las sociedades y las economías, por el coste material que suponía y por la cantidad de gente que se tenía planeado depurar. Tan solo en Países Bajos, el Gobierno exiliado en Londres determinó que 200 000 personas debían de ser ajusticiadas, muchas de ellas especialistas muy necesarias en esos momentos de destrucción total. Los aliados vieron con preocupación esto y sus temores no eran infundados, quisieron evitar a toda costa un proselitismo del fascismo en los campos de prisioneros. Así que, los aliados exigieron a los Gobiernos una depuración ejemplarizante, esto es, que las cabezas visibles fueran depuradas y el resto amnistiados.  De hecho, tanto en Francia como en Italia los procesos de amnistía duran desde el 1948 hasta el 1951. No obstante, el proceso depurativo dejó las sociedades desgarradas. El proceso de amnistía dio alas al mito del resistencialismo; todos resistieron de una y otra manera porque los valores nacionales lo exigían y la figura del colaboracionista pasó a representar una actitud marginal de la sociedad, cuando en la práctica estuvo muy extendido.

En los campos de prisioneros, los fascistas confirmaron su ideología, ¿fue peor el remedio que la enfermedad? ¿Hay puntos de conexión entre los fascistas de los años 50 y los actuales?

Se atisban características comunes entre los fascistas de los años 40 y lo que hoy intentan ocupar el espacio político. Tras la guerra, los fascistas fueron encerrados en campos de prisioneros a espera de ser depurados. Los familiares acudían a las prisiones a dar apoyo moral y logístico a sus seres queridos. Esta situación refuerza su convicción de que son ajusticiados porque su discurso y su ideario estaban en lo cierto. Ellos perciben que su persecución se debe a la amenaza que suponen para las democracias liberales. En cierto modo, las élites tradicionales también les encarcelaron para tapar sus vergüenzas, pues abusaron de su autoridad entre los años 40 y 41. Las redes internacionales de la extrema derecha se regeneraron con mayores índices de solidaridad y colaboración y reconstruyeron un nuevo discurso que se fundamentó en el mito de que ellos fueron los primeros en luchar contra los bolcheviques. Algunos llagan a afirmar que en realidad la extrema derecha, y no las democracias liberales, es la precursora de la OTAN. La coyuntura de la Guerra Fría les reafirmó más en su convencimiento. La nueva oleada de extrema derecha de los años 50, se nutre de los jóvenes en paro y que toman como ídolos totémicos a los clásicos fascistas. Esta nueva ultraderecha neoliberal lucha por la hegemonía cultural a través de un racismo velado, que justifican su acción en el intento de preservar los nichos culturales de las naciones. Tampoco nos debe de extrañar que gente que antes apoyaba a la extrema izquierda, a causa de la precariedad laboral, justifiquen y ratifiquen el discurso de la extrema derecha que, por otro lado y aunque resulte paradójico, abrazan el neoliberalismo y no sé en qué va a beneficiar eso a los trabajadores. Aun así, ellos se presentan como los adalides del pueblo, quienes les van a salvar de las amenazas globales: Unión Europea, la inmigración, pandemias…

¿Estamos de nuevo ante un despegue de la extrema derecha?

La extrema derecha ya está aquí, y el problema no es tanto que ocupen cargos públicos, que también, sino que su reconceptualización estratégica va dirigida a promover una oposición condicionada, es decir, y dicho de una manera coloquial, que todo el mundo baile la música que ellos proponen. Si ellos plantean el tema de la seguridad asociada a la inmigración, esta cuestión será el centro del debate político-social. Buscan condicionar la agenda de otros partidos de derecha, en nuestro caso el PP, les obligan a bajar al barro de la discusión, y que durante este proceso los partidos de centro-izquierda también se vean arrastrado hacia sus planes, provocando un seísmo político. Por desgracia, la estrategia de la ultraderecha está siendo exitosa, ya que vivimos una situación similar a la de los años treinta del siglo pasado, tenemos encima una crisis económica y la ciudadanía desconfía de las instituciones políticas. En una situación de pérdida de rumbo, la extrema derecha aprovecha la coyuntura con un mensaje de depuración política y lucha contra la corrupción, que les resulta muy atractivo a los jóvenes por la carga de rebeldía que supone votar a Vox o trolear con la rana. Creo que la alarma está más que justificada, pero la historia también nos da las herramientas para combatirla. Existe la libre expresión, pero no sé hasta qué punto visibilizarlos constantemente nos favorece y mucho menos cuando los medios por los que se mueven son regularmente los mainstream. Siendo sincero, estoy preocupado: la política institucional cada día está más desacreditada por la corrupción, la falta de empleo y de rumbo…y de esto se aprovechan los fascistas y los radicales de ultraderecha. Lo veo en clase con los chavales, se me rompe el corazón al contemplar el mundo laboral al que están abocados, si a mí ya me costó ganarme la vida dignamente hasta las 31 años, ¿cuándo lo van a conseguir ellos? Se ha trabajado mucho para que las personas sientan que solo tienen la opción de cerrar filas en torno a los suyos y entorno a una idea de patria como único espacio identitario posible. La gente no sabe dónde poner su voz y opta por el voto de la rebeldía, la provocación y la impugnación del sistema, generando un escenario complejo y delicado. Debemos estar alerta.