En la novela «Lux» (Seix Barral), Mario Cuenca Sandoval narra el ascenso y caída del partido de ultraderecha Lux que llegó a gobernar un país, que bien podría ser España, y demuestra que a través de la ficción distópica se puede retratar la realidad más turbia.

 

 

Texto: Bernardo GUTIÉRREZ

 

Desde un futuro no tan distante, el narrador de la novela Lux recuerda el ascenso y caída del ultraderechista partido Lux, que llegó a gobernar con mano rígida un país que bien podría ser España. El narrador, que escribe sus memorias para una lectora en principio desconocida, rememora “el trayecto a través del cual consagré la ira y el modo en que esta se sublimó en esperanza, y la esperanza, en euforia”. Con maestría y una prosa hipnótica, Mario Cuenca Sandoval retrata los procesos psicológicos que fueron fraguándose durante la pandemia del Covid19, que en realidad llevaban incubándose desde la crisis del año 2008. En la ficción distópica de Lux, la brutal crisis que llegó después de la pandemia desató todos los resentimientos acumulados y los canalizó hacía un partido político que rescataba los viejos modales de un país que fue imperio y los instintos más primarios de sus ciudadanos.

El narrador cuenta cómo llegó a estar en el núcleo duro de Lux, un partido cuyo gran lema era “mantenerse en pie en un mundo en ruinas”. Y mientras da forma a una trama inverosímil revela cómo el partido hizo creer a millones de seres periféricos y derrotados que estaban por primera vez en el centro de la realidad. “Los hombres hundidos y humillados son nitroglicerina”, escribe el narrador. Lux relata cómo una masa empobrecida y enfurecida “aprendió a reconducir su ira no hacia los de arriba, sino hacia los de abajo”. El relato se va construyendo con folios numerados, no con capítulos, y los secretos florecen como si se desprendieran capas de una cebolla.

Lux pone los pelos de punta porque lo que describe podría ocurrir en España, porque está ocurriendo en Brasil, porque ya ha ocurrido en Estados Unidos. El presidente, “un hombre de acción”, tiene apenas un plan: el Escudo de la Moral, basado en el pensamiento político de Kalergi, un filósofo austríaco anterior a la Segunda Guerra Mundial del que nadie hasta entonces había oído hablar. La política pública del partido Lux se guía por el eco del eco de un panfleto, por una cultura de oídas. Y provoca que un enjambre de entusiastas dé forma a un vigoroso movimiento nacional. Y que jaurías de hombres se droguen todos los viernes con danteína y se lancen a la caza de brujas, gays, pobres, negros. Las palizas de los viernes transmutan en asesinatos y desaparecidos. “Hemos llegado aquí por el sentido común”, escribe el narrador.

Mario Cuenca Sandoval teje una narración magnética, llena de vaivenes, rodeos y atajos. Y despedaza la linealidad del tiempo con una naturalidad pasmosa y sutil. El tiempo de Lux, en palabras textuales, “abre nuevas puertas y agujeros de gusano en sus costados a la manera en que los sueños comunican escenarios que en realidad se hallan separados entre sí”. “Hay en mí —prosigue el narrador— una estructura subterránea, una red de galerías (…) que se enlazan en mis noches de insomnio como si fueran los dos extremos de un agujero de gusano”. Otro acierto de esta novela absorbente: una prosa en segunda persona que por momentos parece una conversación.

Lux es un relato contundente y grandioso que demuestra que una ficción de un futuro distópico puede ser la mejor forma de describir un presente turbio que contiene los gérmenes de la peor de las pesadillas.