El desamor es una cárcel de la que no se acaba de salir

Reino de Cordelia publica el primer poemario de Lorenzo R. Garrido, «Noticias del otro lado».

Texto: Manuel ALBERCA

 

¿Debo confesar que no soy lector asiduo de la poesía que se escribe en la actualidad? Entiéndaseme bien: no la desprecio, pero reconozco que se publican pocos libros que casen con mis expectativas lectoras, deudoras estas de un selecto y personal santoral poético. Es decir, soy un inversor prudente en la bolsa de la poesía reciente, y gasto más tiempo y confianza en los valores seguros de la tradición. No es la mía una selección excluyente, pero sí un particular panteón o un canon poético sui generis, que conforman una preservada intimidad propia que no conviene airear so pena de verme desnudo. Y uno es pudoroso.

Por esta razón, cuando un libro de poesía actual me sorprende favorablemente, me reconcilio conmigo mismo, siento que me renuevo y que se amplían mis horizontes literarios. Mi última y más grata sorpresa la constituye Noticias del otro lado, de Lorenzo R. Garrido, que publica el acreditado sello editorial de Reino de Cordelia, en su colección Los versos de Cordelia. El libro, cuya lectura me ha atrapado, trata de la experiencia del desamor y de su doloroso tránsito final, de la separación de la amada que sigue haciéndose presente en cada objeto o recuerdo, y del consiguiente vacío existencial que deja su ausencia.

La cultura occidental ha alumbrado básicamente dos concepciones amorosas, que han alimentado y provisto de argumentos a los poetas, escritores y millones de amantes que en el mundo han sido. A saber: el amor como deseo carnal, procedente de la antigüedad clásica greco-latina, que se despliega entre la fugacidad del placer y su perpetuación insatisfecha, y el amor cortés como devoción y vasallaje a la amada o al amado, que hunde sus raíces en el cristianismo y en la tradición amorosa derivada de los poetas provenzales. Del mito de Eros y Psique a la “cristalización” del amor que impuso el Romanticismo, el amor en todas sus variantes desemboca, más pronto que tarde, en la frustración de los amantes. Luis Cernuda poetizó de manera ejemplar el tránsito que va del amor al desamor en dos libros contiguos: Los placeres prohibidos (1931) y Donde habite el olvido (1932-1933), y me atrevo a resumirlo en sendos versos de estos libros. La plenitud amorosa la expresa el poeta sevillano de manera quintaesenciada: “Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien, / cuyo nombre no puedo oír sin un escalofrío”; y su desenlace o conclusión: “Entre precipitadas formas vagas, / vasta estela de luto sin retorno; / arrastraba dos lentas soledades, / su soledad de nuevo, la del amor caído.”

En este punto de la tradición amorosa, pero sin deudas ni peajes obligatorios, cabe situar el libro Noticias del otro lado. En cada poema Garrido se demora en ilustrar una imagen del desamor, que no es sino una proyección de la soledad, en que el fracaso amoroso sume al enamorado. A diferencia de Cernuda, el desamor es para Garrido una cárcel de la que nunca se acaba de salir. Un lugar, confortable y doloroso a la vez, jalonado de mensajes de esperanza, que se demuestran ilusorios… El desamor es un “desierto oceánico” lleno de espejismos y de equívocos, en el que, hasta la nada y el silencio, puede evocar la presencia engañosa de la amada ausente, lejana, desaparecida. Cada pequeño detalle es, sin embargo, signo de un mensaje esperanzador: las manecillas del reloj que se juntan en las doce en punto de la noche se convierten en la profecía incumplida de un deseo que no, por deseado, deja de ser imposible. Y es que, en el desamor, “es muy cruel la esperanza”, porque cada imagen de la amada es una prueba lacerante de soledad, y el deseo la proyección de un fantasma que nunca aparece, sin llegar a borrarse tampoco completamente. Allí quedan, siempre a la espera, las “noticias del otro lado”, como “un lento rumor de faro”, como la figura más precisa de la desolación que el amante se resiste a aceptar: “…hago lo imposible por no sucumbir a esta negra luz/ […] que me empuja a salir del mundo”. En fin, quedan los poemas “intentando descifrar el misterio/ de esta vida sin ti”.

Si el amor es una enfermedad sin remedio ni terapia, ¿por qué incurrimos, una y otra vez, en el desvarío del enamoramiento? ¿Por qué, aunque sabemos que nos espera un doloroso e inevitable final, preferimos ignorarlo? Porque lo necesitamos, porque sin amor no hay aliento vital. El erotismo y el amor, dos caras de la misma moneda, cara y cruz del impulso a trascendernos en el otro, nos parecen las mejores anestesias para combatir el desconsuelo y el frío solitario. Unos acuden al abrigo del amor en realidad para protegerse del invierno de la vida. Otros, porque creen que el amor les abre la puerta de entrada a lo sagrado, la fuerza que nos lleva hacia arriba y nos saca de lo profano.

Garrido acierta a trascender, en clave lírica, la experiencia vivida, para devolverla al lector en moldes artísticos. Siendo Noticias del otro lado su primer libro, es ya una obra de madurez poética, con un estilo que evita el engolamiento y la afectación dramática, al servicio de un estilo coloquial sin coloquialismos fáciles, salpicado de imágenes plásticas inusuales. Ha sabido trasladar al lector la sentimentalidad de lo vivido, y acertar con el tono, sin incurrir en las doloridas hipérboles propias del que se siente abandonado por la amada. Aunque la escritura no se haya correspondido necesariamente con la cronología de los hechos ni con el orden lógico del libro, casi podemos seguir sus pasos cotidianos, como si los poemas conformasen un diario poético. Cada poema es una escena o secuencia perfectamente ensamblada en el conjunto argumental. El libro forma un todo coherente y unitario, en el que cada poema es una pieza del engranaje total que desarrolla e ilustra una figura del desamor. Cada poema amplía, revuelve, refuerza y enriquece la idea central de la desolación amorosa.

¿Qué se puede hacer con esa carga? ¿Cómo llevar la mochila del desamor? ¿Sirve para algo la poesía? ¿Puede tener una función sanadora? ¿Quién no la ha necesitado alguna vez? No quisiera excederme yo mismo, pero creo que, además del disfrute estético y del gozo de los valores artísticos de la palabra poética, la poesía puede servir para los lectores de consuelo propio o empático con la figura del amante desolado. Para el poeta la pena fue inconsolable, tal vez no cupo en ningún sistema métrico humano, porque nadie fue más desgraciado que él, que fue desahuciado de la casa del amor. Allí no queda, viene a decirnos el poeta, más que frío, soledad y orfandad.

Por lo que sabemos, tardó Garrido en comenzar este libro y, antes de su escritura, dejó pasar el tiempo conveniente para que el duelo de la pérdida hiciera su trabajo. También supo esperar a que el libro madurase en el cajón de la mesa de trabajo. Al final podemos disfrutar este interesantísimo y prometedor primer libro, logrado y redondo en su propósito.