Del “efecto 2000” a la autoedición en Amazon, el sector editorial lleva 20 años a remolque de los cambios tecnológicos

 

Texto: Antonio ITURBE  Imagen: Nina RIEZZO

 

La nochevieja de 1999 brindamos por el año 2.000 con la inquietud por el cambio de milenio y la profecía apocalíptica del efecto 2000 que iba a enloquecer los ordenadores y hacer tambalear los pilares de Occidente. Aunque no hubo un pánico informático al girar el milenio, la profecía, en cierta manera, se cumplió. El cambio de siglo sí iba a hacer que los ordenadores echaran humo y eso iba a tener consecuencias muy importantes en la industria del libro. En 1996 Larry Page y Sergey Brin eran dos pipiolos de la universidad de Stanford que se entretenían juntando procesadores desechados en un garaje.

Sería al filo del año 2000 que empieza a tomar forma esa idea suya de juntar potencia de servidores para agilizar las búsquedas y la gente empezó a oír hablar de Google. La ventana de internet que se abre de par en par pero durante los primeros años la industria editorial va a resistirse a entrar en el juego, aferrada a sus viejos usos de producción y distribución. Todavía ahora sigue tratando de recuperar el tiempo perdido: la música y el cine hace ya tiempo que estabilizaron sus sistemas de descarga en internet mediante suscripción, pero el libro aún no lo ha conseguido. En España. Los dos grandes grupos -con dominio en todo el ámbito hispano. No lo han resuelto: Planeta tiene Nubico pero no es una apuesta decidida y no acaban de cuajar. Penguin Random House mira con desconfianza la suscripción lineal tras la experiencia sueca: la llegada al mercado sueco de una arrolladora Storytel con suscripción mensual a precio muy bajo hizo caer la venta de libros anual un 7%.

Adiós a las enciclopedias

En el año 2000 se fragua un proyecto de red conjunta de venta a crédito integrada por Plaza, Espasa y Difusora internacional (Paneta-DeAgostini). Planeta Crédito, para la venta de grandes obras y enciclopedias tenía entonces un volumen de negocio de 15.000 millones de pesetas (sí, en 2000 todavía se contaba en pesetas). Planeta insistía y compró el 50% de Barsa International Publishers, entre su catálogo de grandes obras, la joya es la Enciclopedia Británica. En el año 2000 Espasa vende  175.000 ejemplares del diccionario de la RAE en papel. ¿Aparte de Pere Gimferrer y tres más, alguien ha abierto un diccionario en papel en los últimos cinco años? La propia Real Academia -tan tradicional- tiene ahora un diccionario en la web (patrocinado por La Caixa)  de lo más eficiente, con servicio on line gratuito para resolver dudas. Todavía no se veía venir el hundimiento de enciclopedias y libros de referencia en papel.

 

Miedo digital

La música y el cine hace ya tiempo que estabilizaron sus sistemas de descarga en internet mediante suscripción, pero el libro aún no lo ha conseguido. En España. Los dos grandes grupos -con dominio en todo el ámbito hispano. No lo han resuelto: Planeta tiene Nubico pero no es una apuesta decidida y no acaban de cuajar. Penguin Random House mira con desconfianza la suscripción lineal tras la experiencia sueca: la llegada al mercado sueco de una arrolladora oferta de tarifa plana con suscripción mensual a precio muy bajo hizo caer la venta de libros anual un 7%.

Los libros digitales llegaron al mercado norteamericano a finales del 98. Softbook era un ereader que pesaba un kilo y llevaba funda de piel. Aún faltaba para la llegada del Kindle (noviembre de 2007). En Francfurt 2008, tras una macroencuesta, la poderosa feria del Libro anunció el sorpaso del libro electrónico al libro en papel en diez años.  Mucha gente empezó a hablar del inminente fin del libro en papel. Los datos de Statista nos dicen que el pico máximo de venta de ebooks en Estados Unidos fue en 2013 con 242 millones de descargas. A partir de ahí declina hasta llegar a 170 millones en 2019. Es cierto que repunta en 2020 un 25%, pero está la distorsión del efecto covid. En el pasado foro Edita de 2020 el director general de la división de librerías de Gripo Planeta, Jesús Badenes, exhibió lo datos contantes y sonantes: “De cada 100 libros comprados 93 impresos”. El libro digital había sido el 7% de la facturación (y eso que subió mucho en el 2020 por el efecto covid, porque en 2019 estaba estancado en un 5%). A su lado, CEO de Grupo Penguin Random House, Nuria Cabutí, asentía. Tras 20 años a vueltas con el ebook -que tiene un volumen de negocio nada despreciable y seguramente subirá- lo cierto es que a septiembre de 2021 el papel se mantiene fuerte.

 

Best Sellers de ayer a hoy

1999 cerró el año con El testamento de John Grisham como la novela más vendida en todo el mundo, según Publishing Trends. Los grandes del best seller de final del siglo XX seguían mandando en el arranque del siglo XXI. Harper Collins anunciaba a bombo y platillo la nueva novela de Jeffrey Archer tras pagarle una cifra millonaria de adelanto. En la lista de libros más vendidos de Publishers Weekly reinaban en enero del 2000 Clive Cussler y Michael Chrichton, y se anunciaban nuevas novelas de los tótems Stephen King y John Grisham. Todo parecía seguir igual, pero había algunas señales significativas de los cambios:  Stephen King, autor El resplandor o Carrie, seguía siendo el rey del susto, pero el libro que iba a publicar era otra cosa, una reflexión sobre el oficio de escribir: On Writing. Por su parte, John Grisham acabó publicando ese año A Painted House, un libro que salía de su línea de thrillers de abogados y era una narración más intimista. No funcionó bien y marcó su declive. La muerte de Michael Chrichton en 2008 señaló el final de la era de estos arrolladores autores de bestsellers del último tercio del siglo XX. En 2003 se publica El código Da Vinci (65 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo) -rechazado en España por Planeta y Random House, lo publica Umbriel, del pequeño grupo familiar Urano-. El nuevo bestseller pide enigma. Y lo refrenda en 2015 Paula Hawkings con el exitazo de La chica del tren. Otros fenómenos que arrollan en estos 20 años fueron la saga Crepúsculo de vampiros guapos (30 millones dejemplares vendidos) y el morbo light de 50 sombras de Grey (31 millones de ejemplares).

 

Mujeres al poder

En 1996 se había publicado El diario de Bridget Jones con un éxito mundial que mostró que la industria del libro debía estar más atenta a las mujeres porque -todas las estadísticas lo muestran- ellas leían más que ellos. Los años 2.000 arrancan con la segunda parte de El diario de Bridget Jones y un ejército de novelas clónicas que marca una tendencia de éxito durante unos pocos años y tienen su momento autoras como Melissa Bank, Lisa Jewell o Gaby Haupmann. Pero enseguida veremos ahí un cambio de tendencia que nos acerca al momento actual. No todas las mujeres se identifican con ese modelo heredero del siglo XX de mujeres que van de compras y viven pendientes de la báscula y de encontrar marido. Veremos en estos años un potente de empoderamiento cultural de las mujeres en todo el planeta. Escritoras como la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie se convertirán en estos años en referente. La reflexión sobre el papel de la mujer en la sociedad del siglo XXI es uno de los asuntos más potentes en los libros de no ficción.  Por cierto, ha sorprendido en el género del ensayo el exitazo internacional de un libro de divulgación antropológica como Sapiens de Noah Yuval Harari, por encima de los diez millones de ejemplares.

 

Amazon

Aunque ya poca gente lo recuerde, Amazon nació como una librería virtual. Solo vendían libros. Pero detrás había un plan muy bien urdido por Jeff Bezos, que no venía de escribir poesías en un parque sino de un despacho de Wall Street. La compañía se puso a andar en 1995  y en 1999 la revista Time nombró a Bezos como Persona del Año. Amazon no entró en beneficios hasta el año 2001. Ahora venden de todo e incluso editan libros, y su plataforma para la autoedición genera fenómenos de autores que venden cientos de miles de ejemplares (especialmente en ebook). Hay otras plataformas de autoedición, pero Amazon arrasa y ha hecho arder el debate que planteaba André Schiffrin a principio de siglo XXI con su polémico libro “La edición sin editores”: ¿los algoritmos jubilarán a los editores? Eso está por ver. De momento, lo que Amazon -y otras plataformas digitales- sí están haciendo es echar un pulso a la edición tradicional: La autoedición ha pasado en estos años de ser algo cutre y en algunos casos un timo a autores ilusionados con triunfar a costa de pagarse la producción de su propio libro con resultados nefastos, a un negocio boyante. Hay autores que venden miles de ejemplares y ganan mucho dinero. No es oro todo lo que reluce y no es el chollo que anuncia una avalancha de libros del tipo “hágase rico autopublicándose en Amazon”. Pero su importancia para el libro de autoayuda y entretenimiento va in crescendo. Para saber más: https://librujula.publico.es/autopublicar-en-amazon-lo-mas-de-lo-mas/

 

Fusiones

Las editoriales grandes, se fueron haciendo cada vez más grandes en todo el planeta. Random House fue añadiendo etiquetas a su nombre tras cada fusión hasta convertirse en el grupo Penguin Random House agrupa en España a 40 sellos editoriales. Sellos como Alfaguara, Taurus, Suma, Aguilar, Ediciones B, La Magrana o Salamandra han ido sumándose a la escudería. Planeta, por su parte, ha ido absorbiendo editoriales como Minotauro, Paidós, Lunwerg, Timun Mas o Tusquets, que les ha dado uno de los alegrones de la década con la publicación de Patria de Fernando Aramburu.

Ese ejercicio de concentración ha tenido el efecto de debilitar a la clase media editorial, y las editoriales medianas independientes son cada vez menos. Una de las últimas en ser absorbida por Grupo Penguin Random House hade unos meses ha sido la mítica editorial Salamandra de Sigrid Kraus y pedro del carril, que supo ver la magia de Harry Potter y JK Rowling cuando los grandes grupos la rechazaron. Incluso la irreductible Anagrama de Jorge Herralde se acabó vendiendo a la editorial italiana Feltrinelli.

En catalán, Grup 62 ha ido aglutinando también editoriales en un pulso con Enciclopèdia Catalana. Una de las absorciones que más llamó la atención fue la de La Campana en 2019 (creada por Josep Maria Espinàs y la combativa Isabel Martí, con éxitos como Tor o Victus), que tras años de férrea y brillante independencia, ha terminado en

El otro efecto de la concentración editorial ha sido que los ratios de beneficios que estas multinacionales piden a cada libro dejaba fuera pequeñas joyas que quedaban fuera de circuito. se han creado muchas pequeñas editoriales independientes de altísima calidad. Uno de los primeros en ver el hueco fue Luis Solano, que fundó en Barcelona Libros del Asteroide. En 2008 Libros del Asteroide, Impedimenta, Nórdica, Periférica y Sexto Piso: libros frescos, recuperación de clásicos fuera de derechos con atención a la escritura medioambientalista en ediciones cuidadas casi artesanalmente que cautivan a un público joven en pleno empoderamiento de los “hípsters de final de los años 2000 y principio de los 2010. En 2008 se crea en Barcelona Blackie Books con su propuesta de libros de tapa dura ante el escepticismo de muchos editores clásicos. Pero funcionan precisamente por su singularidad. Hay editoriales como Errata Naturae con compromiso ecológico que visualizan un cambio de mentalidad: el papel no solo es 100% reciclado sino que sus envíos de proximidad solo los hacen en vehículos eléctricos y la editorial genera la propia energía que consume. Hay editoriales surgidas del entusiasmo y otras creadas por editores curtidos, incómodos ante el gran engranaje editorial,  el caso de Eugènia Broggi, que deja Grup 62 y funda en 2014 l L’Altra Editoirial, o Jacobo Siruyela, que deja la editorial Siruela que fundó resultarle ya demasiado grande y funda en l’Empordà junto a Inka Martí la editorial Atalanta. El escritor Javier Marías funda Reino de Redonda para ofrecer libros exquisitos para lectores agudos.

 

La crisis y el covid

A final de la década de los 2000 el mundo del libro estaba en su lucha contra otros soportes que había traído el cambio tecnológico (en ese momento Youtube está fuerte y las redes sociales en auge). Y llega la crisis económica mundial. El sector aguantó al principio, pero después empezó a caer drásticamente. Los datos en España son especialmente malos: en 2010 las ventas caen un 10,3%, en 2011 otro 8,3% y 2014 otro 5,6%. Sumado a las pérdidas del inicio de la crisis, se bordea el 30% de caída del sector.  2015 es el año de la recuperación al hilo de la progresiva recuperación general, y se sube un 4,2%, aunque en los años siguientes la recuperación es menor, entre el 2,9 de 2017y el 1,2% de 2019. En ese pinchazo de la recuperación es difícil saber cuánto influyó la llegada de Netfilx en 2015 y la fiebre de las series de televisión que aún vivimos. Pero si la crisis económica, la llegada de HBO, Netflix y compañía, sumada al auge de la autoedición en Amazon no fuera bastante, en 2020 llegó el Covid y el cierre de las librerías. Se preveía la hecatombe. Hubo en el primer semestre caídas del 60% sumadas a los malos datos de los últimos años. Pero el sector del libro resistió, casi milagrosamente. A final de 2020, el día de la Lotería, el Gremi d’Editors de Catalunya nos regaló un dato esperanzador: las ventas del sector del libro disminuirían este año alrededor de un 5% tras la recuperación al final del confinamiento y el compromiso de la gente con las librerías de su entorno. El covid ha mostrado al gremio librero la necesidad de activarse más en su venta a través de internet y traerá algunas lecciones sobre el teletrabajo y el comercio electrónico que seguro que marcarán estos años 20 en el sector del libro. En 2040 veremos en qué punto estamos.