Adriana Hoyos, esa que canta hacia adentro
La poeta colombiana publica su poemario «Esa que canta hacia adentro».

Texto: Enrique Villagrasa
Esa que canta hacia adentro (Huerga y Fierro) de la más que reconocida poeta Adriana Hoyos (Bogota) es uno de los más impactantes libros de poesía que he leído este año, con ecos bíblicos certeros: <<No vuelvas la mirada atrás/ Busca el camino insondable>>. Esta poeta es sobre todo poeta que canta y cuenta, con una voz insólita y con una imaginería desbordante de singular lucidez, sabe como pocos que en lo lúdico está lo lúcido. Es una poesía que conmueve, donde la voz y su eco es la gozosa existencia humana: en ese devenir telúrico del silencio, que como bien dice Luis Alberto de Cuenca nos regala al lector un movimiento más del precioso concierto de música callada a que nos tiene acostumbrados.
Hoyos es una poeta que se imbrica con y en la tradición de la poesía culta de elaborado discurso y más que adecuada figuración del lenguaje, que bebe de la fuente de la tradición hasta nuestros días, no en vano es una gran conocedora de todas las corrientes literarias, foráneas o no, de aquende y de allende. Hay en el estilo de esta poeta un poso romántico libertario, e ahí la espiritualidad del arte, sin ir más lejos, y esto se ve hasta en la expresión de la emoción y en la preferencia por la búsqueda de la integridad creativa en referentes idealistas. Esa referencia a lo telúrico, que busca la esencia de la poesía y la suya propia como poeta, aunando pensamiento, emoción y espíritu: en un pulso al lenguaje: ese escribir sin signos ortográficos en la complicidad de la persona lectora que es quien de verdad termina el poema: <<Que se afana por ascender/ Hasta convertirse en Ibis>>.
Hay que destacar a la vista de este brillante poemario que sus poemas son composiciones en donde la idea, el pensamiento, presenta sus mayores posibilidades de desarrollo, la sugerencia a la persona lectora, donde los juegos metafóricos alcanzan su meta y es ahí donde late esa reivindicación por construir una identidad propia, de francotiradora, al margen de grupos, navegando en soledad: <<Éxtasis/ Vértigo/ Resurrección>>.
Otra de las singularidades formales que hay que resaltar y que refuerza el valor de estos poemas es la sobreabundancia léxica acerca de la vida, desde los más cotidiano a la propia naturaleza y la metrópolis, permanece casi imperceptible en el orden de lo temático, no es este un poemario bucólico, se trata más bien de una cuestión de estilo, de recuperar lo telúrico a la manera romántica, como base de inspiración del poeta, quien se apoya en la sensible naturaleza para elevarse desde allí a la revelación: <<Nada es gratuito o insensato en este juego de la memoria>>, Saad dixit.
Cabe señalar que la poeta Adriana Hoyos escribe poesía (esa poesía que es memoria, mirada y lenguaje, bien lo sabe) con aquella arquitectura verbal de nuestro más y mejor Góngora; con la acidez brillante de Quevedo y la altura sensual y transparente de San Juan de la Cruz. Cabe apuntar que el libro lleva un delantal, léase prólogo inteligente y pedagógico, del citado Gabriel Saad. ¡Ahí es nada! Es, en definitiva una poeta que lee , canta y cuenta, escribe para adentro, además de que cada verso si se quiere es un poema.: <<Habitaré la ciudad en prosa/ Hasta morar por fin en el poema>>. ¡Qué grande, qué poderío de imágenes: un poemario de alto voltaje!
HILVANO LA NIEBLA
Crezco con ella
Deshaciéndome
Borro mis contornos
Como un ser que se licúa
Hasta desvanecerse
Al fondo los árboles dibujan
Entre la bruma los animales
Filtrados por la tristeza
Esa que hace trizas la felicidad
La que quiebra el entusiasmo
La que nos anega en el llanto
La que nos hace insuficientes
Dormir con párpados leves
El sueño de los ojos abiertos
Ignorar las trampas del engaño
Con ojos que miran adentro
Ignorar las pesadillas
Ignorar los pasillos oscuros
El esqueleto del pasado
La futilidad de las cosas










