Desde la «Poesía esencial» de Cartarescu a «Caballos que cantan» de Isabel Bono.

 

 Texto: Enrique VILLAGRASA

 

Poesía esencial (Impedimenta), de Mircea Cartarescu (Bucarest, 1956), son los poemas elegidos por él, en edición y traducción -bilingüe- de Marian Ochoa de Eribe y Eta Hrubaru. Un poeta necesario que llama la atención por esa forma suya de ver la realidad. Vale la pena leer este regalo para el cerebro por su belleza y calidad.

La infección de lo humano (Huerga y Fierro) de Alejandro Céspedes (Gijón, 1958). Es una obra vibrante. Encierra un universo tan complejo como original. En ningún momento decaen su belleza e intensidad. Poemas que saben a veces a derrota, pero con versos cómplices que buscan la mirada exigente del lector, en el devenir de la palabra.

Cómo guardar ceniza en el pecho (Bartleby) de Miren Agur Meabe (Lekeitio, 1962). En este Premio Nacional de Poesía la persona lectora se enfrentará a esa escritura poética transgresora, con esa su exaltación erótica y ese ser verso libre. Una poesía que enraizada en su tierra y crece entre la ironía distanciadora, la empatía y la ternura.

El sol de los ciegos (Vaso roto) de Alfredo Pérez Alencart (Puerto Maldonado, Perú, 1962) es posiblemente su mejor libro de poesía hasta la fecha, donde los grandes temas de la poesía anidan ayer como hoy: amor, dolor, muerte, el paso del tiempo, el olvido y hasta la poesía que lo pergeña todo. La vida misma vivida en y por el amor.

Caballos que cantan (Siltolá) de Isabel Bono (Málaga, 1964) es ese otro amor que la poeta tiene: el aforismo. Aunque yo creo que es poesía sin ir más lejos. Versos que conmueven con esa su enjundia, tan característica de la autora, que nos hace no temer ser y estar, aquí y ahora, para el disfrute de su lluvia. ¡Poesía siempre iluminadora!

Incendio mineral (Vaso Roto) de María Ángeles Pérez López (Valladolid, 1967). Memoria, lenguaje y el otro, ese ser social: esencia de la poesía. Andamio necesario para estos poemas que velan y desvelan la poesía de verdad. Lo nombrado es lo que existe. Y a esta excepcional poeta la palabra la posee con toda su crudeza hasta la extenuación.

Sacrificio (Bartleby) de Marta Agudo (Madrid, 1971) es vida y lenguaje, es poetizar el sufrimiento desde otra perspectiva: la de la enfermedad: ese bisturí que rasga las entrañas. La vida te posee hasta que se cansa de ti. Como la poesía y como la belleza: “Entre el margen del agua y la atmósfera sucede el mundo, su desmayo inaudito”.

Mecánica (Hiperión) de Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970) es el 46 premio Villa de Martorell, contiene una poesía coherente con el sentir del poeta, quien se desmarca y de qué manera de esas otras sentimentalidades experienciales. Por fin, poesía con sentido común y sin idealización que valga. Todo un hallazgo que busca personas lectoras.

Selvación (Torremozas), de Celia Carrasco Gil (Tudela, 2000) es un libro premiado con el Gloria Fuertes de Poesía Joven 2021. Es una poeta que tiene valor y se arriesga a volar e hilvana los versos con el hilo del espíritu; y en sus brillantes poemas viaja desde el mundo de las ideas hasta la realidad material y desde dicha realidad nombra.

Istorias sin H de heroes sin acento (Amazon) de Omar A. Mayya G. Que la poesía sirve para olvidarnos de tanta tontería como la que nos amarra al duro banco, lo sabíamos. Bueno es que haya poetas que todo lo pongan patas arriba, donde cantan y cuentan historias cotidianas hechizantes. El poeta se ha hecho amante de la vida.