YO, GUSTAVE FLAUBERT…

(La correspondencia Flaubert-Merizalde)

Ricardo Cano Gaviria

Igitur

164 págs. 12 €.

 

Llega un momento, ante lo que uno lee de lo que por ahí se publica, en que no sabe si existe el interior de un relato, de una novela. No sabe si existe la literatura y tampoco sabe si existe la imaginación; pero lo que sí tengo claro es que Ricardo Cano Gaviria (Colombia, 1946) escribe novela como pocos, tiene imaginación y crea literatura y en el interior de sus historias es dónde un lector se puede perder y encontrar. Construirse y reconstruirse. Pues, “¡Nadie mejor que usted para conservar este vestigios de un sueño, el de mi vida, que es como fugitivo polvo de mariposa entre las manos!” Y así es en la última novela Yo, Gustave Flaubert… (La correspondencia Flaubert-Merizalde) (Igitur), con muy inteligente epílogo de Gabriel Villarroel y nota inicial del editor francés y nota final del editor colombiano. El significativo motivo de la portada es un fragmento del cuadro del antioqueño Francisco Antonio Cano Cardono, Paso del ejercito del Libertador por el páramo de Pisba. Que tiene su eco en esta novela que reseñamos. Cabe apuntar que el objetivo de la campaña libertadora era invadir Nueva Granada y acabar con el dominio español en esta parte del virreinato.

Creo que la genial obsesión de Cano Gaviria con la escritura y con Flaubert está clara en sus obras y más cuando reescribe esta correspondencia ficticia entre la lectora colombiana Carolina Tovar Merizalde y el famoso escritor francés Gustave Flaubert buscando hacer tangible un hecho literario, porque considera que lo acontecido, lo que ahí se cuenta, se relata, es tan memorable, a pesar de que sea algunas veces doloroso (como la muerte en la batalla citada del hermano de Carolina), que debe ser recordado por posteriores lectores. Estas cartas constituyen la memoria que registra los aconteceres históricos, quehaceres cotidianos y lecturas que realizan ambos de y en sus cartas y su contenido. Todo esto acompañado de reflexiones o comentarios surgidos, lógicamente, a partir de esas lecturas y escrituras.

Carolina es una dama neogranadina que vive en una tierra distante y extraña para el escritor, pero con quien encontrará puntos a través de su correspondencia: puntos comunes entre sus vidas, tanto en el mapa del mundo de dicha señora como en el mapa de la novelística de Flaubert. Hoy la redes sociales no permiten tales semejanzas ni los abismos insalvables ni las impotencias ante las distancias, que de todo hay en este texto que nos ocupa. Ambos personajes, que son unos supervivientes en esa su escritura epistolar, tendrán que encontrarse en sueños.

Una novela de justa y necesaria lectura donde Flaubert es esa pasión desmesurada de Ricardo Cano Gaviria por la novela y sus límites y Carolina es la propia extrañeza por y de su país natal, siendo escritor en la diáspora. Recientemente la Universidad de Antioquia le concedió el título de doctor honoris causa en Literatura. Yo, Gustave Flaubert… es una novela que no deben dejar de leer, no les defraudará y quedarán conmovidos ante semejante quehacer demiurgo. Una narración al borde del abismo de un autor que utiliza esa diáspora, a mi parecer, como manera de estar hoy en el mundo, ardiéndose en preguntas, y la escritura (novela) como expresión de la cultura que recibimos de nuestros mayores: “Pero sospecho que me he puesto algo pesado. Después de todo lo anterior solo quiero decirle, querida amiga, que me gustaría serle útil, servirle de apoyo, aunque lamentablemente no puedo hacerlo más que por carta”. Enrique Villagrasa.

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