Un Madrid menos acelerado en Back to the book 2026

«Back to the Book», el festival independiente de la literatura y la edición.

Exposición de revistas culturales, organizada por ARCE.

Texto: Belén Vieyra Calderoni

 

La capital del país ocupa portadas por muchos asuntos últimamente y no todos son positivos. Sin embargo, la verdadera noticia es otra, porque para quien no lo sepa, Madrid es poliédrica. Esta ciudad, entre tanta controversia, se resguarda en el libro, en sus lectores y, sobre todo, en sus profesionales que lo promueven en la tercera edición del festival Back to the Book.

En Matadero, escenario industrial al otro lado de la urbe que aparece en las postales, Back to the Book ha reunido durante tres días a editoriales independientes, autores, lectores, libreros y curiosos. Del 11 al 13 de septiembre, la Casa del Lector se ha convertido en un ecosistema literario. Más de 130 editoriales provenientes de España y América Latina (Argentina, Chile, Colombia y México) han ocupado sus espacios, más de 1800 m² repartidos en cuatro zonas (verde, roja, amarilla y morada) y, por unas horas, los libros han dejado de ser objetos silenciosos para convertirse en conversación, en interacción viva y en el epicentro de la rentrée literaria.

Existe algo particular en este festival. Quizá sea, precisamente, porque no parece una feria. No hay una sucesión interminable de casetas entre las naves, sino confluencia entre las editoriales pequeñas y medianas. Son proyectos singulares, hasta inalienables, catálogos que nacen de una intuición y libros que necesitan ser explicados porque no siempre aparecen en los escaparates de las grandes librerías. Aquí el editor está cerca, el autor está cerca, el lector también. Y eso se nota, en la manera en que una persona cualquiera pregunta por un título y termina hablando durante diez minutos con quien está detrás de la mesa. En quien hojea despacio, vuelve atrás, dubitativo, pregunta el precio y finalmente decide que sí, que esa obra se viene a casa, se convierte en una compañera.

Los libros, aunque sea una evidencia decirlo, son elementos físicos, extremadamente tangibles. El tacto. El olor. El peso. La posibilidad de subrayar, doblar una esquina, prestárselo a alguien y, seguramente, no recuperarlo nunca. Tal vez parezca insignificante, pero no lo es. Vivimos rodeados de recomendaciones automáticas, listas infinitas y algoritmos que parecieran conocernos mejor de lo que nos conocemos nosotros mismos. Transitamos en una espiral de consumo frenético inmediato, donde lo espontáneo no tiene cabida y todo consiste en esperar el siguiente reto. Frente a eso, durante estos tres días, alguien te escucha, te orienta, te recomienda, convirtiéndolo en un detalle revolucionario, en una sencilla acción humana.

Back to the Book se sostiene precisamente sobre la idea de reivindicar la edición independiente y todo aquello que ocurre alrededor de un libro antes y después de llegar a una estantería. Porque una editorial pequeña no publica solamente libros, sino que transmite una forma de mirar, un pensamiento, dibuja una línea y te acompaña a seguirla. Así, durante esta edición han convivido perspectivas muy dispares en todas las categorías. Una variedad incalculable en literatura, poesía, ensayo, cómic, ilustración, narrativa, pensamiento… Voces consolidadas y otras, emergentes, que aún están buscando su lugar. Autores españoles y latinoamericanos. Nuevas generaciones y escritores que llevan décadas pensando y escribiendo.

La programación, por momentos, resulta inabarcable por lo abundante: Julieta Venegas ha presentado Norteña. Memorias del comienzo, Paco Roca ha hablado de El viaje junto a Jesús Marchamalo, y por las distintas salas han pasado nombres como José Ovejero, Sara Torres, Mónica Ojeda, Pilar Adón o María Hesse entre otros.

También ha habido multitud de presentaciones, clubes de lectura, charlas, tales como “Un lugar al que volver”, “Ciudad fantasma” y “Madrid y sus utopías de hormigón”. Así como podcasts y talleres, a destacar el de fanzines y el de encuadernación, pero especialmente, el de “Rompe esta revista. Editor por un día” conducido por Victoria Gabaldón, en el cual los participantes, muy concentrados, absortos y entregados, creaban sus propias publicaciones, con recortes, a partir de la creatividad, el juego y el libre albedrío. Un ejemplo de la posibilidad, de darle rienda suelta a la emoción, de elegir e inventar, en comunidad.

Por este lado, no ha pasado desapercibida la labor de las revistas culturales, así se ha encargado ARCE (Asociación de Revistas Culturales de España), con una bella exposición en la planta superior de la zona roja, la cual recorría el valor histórico de las revistas del exilio y el franquismo; en su rol actual, como catalizadoras de las nuevas ideas, de fomentar más allá de lo hegemónico, reivindicando el papel, como su actividad infatigable para aportar a la cultura, como un sostén en el mundo de las publicaciones desde el siglo XIX. Mientras la visitaba, me resultó peculiar que dicha expo acompañaba a otra en honor a Gloria Fuertes, como si de sinergias o sincronías se tratase, la atmósfera de por sí ya generaba un diálogo.

Respecto a las editoriales presentes, cabe señalar a Altamarea, como sello organizador, de consolidada trayectoria en estos ocho años de existencia; y a otras españolas como Astiberri, Anagrama, La Felguera, Nórdica, Gallo Nero, Fórcola, Consonni, Barrett, Kalandraka, Pepitas, Manos de pan… Latinoamericanas como Limonero, Caja Negra, La Pollera, La flor azul, La diligencia, Banda propia

Indudablemente, es una batalla silenciosa la de editar, posee algo heroico: tiradas pequeñas, esperanza, atreverse a lo no comercial, a la traducción, confiar en la paciencia, en el trabajo bien hecho. ¿Puede pasar desapercibido? Aquí no, en Matadero no, el domingo a una hora del cierre, había largas filas para las últimas charlas. Muchos lectores. Trabajadores desbordados, cansados en las últimas horas, mirándose entre sí y preguntándose ‘¿Cómo es posible? ¿Tanta gente?’ Es posible porque es una realidad. La literatura atrae, el encuentro reúne, fortalece y los libros ensamblan a esas personas que los buscan. Todo resulta regenerador, se percibe un fuerte magnetismo, hay ganas por dejarse llevar.

Madrid detenta varios formatos para celebrar la cultura, unos más multitudinarios, otros más solemnes, otros más underground. Afortunadamente, es factible que coexistan. Back to the Book pertenece a esa categoría de los encuentros que todavía conservan cierta intimidad y complicidad. Convierte a Madrid en un Madrid menos acelerado, menos ruidoso, más atento, más partícipe y más amigo. Desde luego, no defrauda, recuerda su esencia. Con un ejemplar más sobre la mesilla de noche, nos vemos en la cuarta edición.